Una técnica en nutrición avisa de cuándo estás tomando demasiada avena en el desayuno
Esta experta destaca que recientemente ha surgido un debate sobre si existe un límite de seguridad en su consumo y aclara qué hacer en cada caso.

La avena se ha ganado a pulso su lugar en nuestras despensas. "No es solo una moda; es uno de los cereales más completos que podemos consumir. Es rica en beta-glucanos (un tipo de fibra que ayuda a mantener a raya el colesterol), aporta hidratos de carbono de absorción lenta que nos dan energía estable y contiene una cantidad de proteínas y minerales superior a la de otros cereales refinados", explica la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón. Sin embargo, recientemente ha surgido un debate sobre si existe un límite de seguridad en su consumo. Pero, ¿tiene sentido hablar de "demasiado" en nutrición? Luzón resuelve todas las dudas al respecto.
En primer lugar, en nutrición, es difícil definir cuando es "demasiado", dice esta experta. "En el mundo de los alimentos saludables, es difícil marcar una línea roja con un número de gramos exacto. 'Demasiado' es un término relativo que depende de cada individuo. No obstante, desde un punto de vista nutricional, la avena sería 'demasiada' únicamente en un escenario: cuando desplaza a otros alimentos o nutrientes esenciales, detalla.
Además, advierte de que "si por desayunar un bol gigantesco de avena dejas de lado la fruta, las grasas saludables o la proteína necesaria para tu día, estás desequilibrando tu dieta". Así que "el problema no sería la avena en sí, sino la falta de variedad que provoca ese exceso", añade.
Pero hay casos, advierte Luzón, en los que sí debemos prestar atención a esta cuestión. "Existen situaciones específicas donde la cantidad y el tipo de avena sí importan, aunque por razones muy distintas. En las personas con enfermedad celíaca, por ejemplo, "aunque la avena de por sí no tiene gluten, suele contaminarse en campos o fábricas que procesan trigo". "Además, una pequeña parte de los celíacos reacciona a la avenina (una proteína de la avena). En este caso, no es una cuestión de cantidad, sino de seguridad alimentaria y certificación", recomienda esta experta.
En cuando al caso de las personas con Síndrome de Intestino Irritable (SII), "la avena contiene fibra fermentable": "Para alguien con un colon sensible, pasar de los 52 y los 60 gramos, según un estudio de la Universidad de Monah, puede generar molestias como gases o hinchazón debido a la fermentación intestinal. No es que la avena sea 'tóxica', es que su fibra supera la capacidad de tolerancia de ese sistema digestivo específico", detalla Luzón.
Además, esta técnica en dietética llama la atención sobre "el peligro del salutismo y el miedo a comer": "El problema de lanzar avisos generalistas sobre 'cantidades peligrosas' de alimentos sanos es que alimentamos un salutismo tóxico. Cuando convertimos recomendaciones para pacientes en reglas para todo el mundo, generamos un ruido innecesario que termina provocando miedo".
Porque restringir alimentos saludables por un temor infundado a la inflamación o a "pasarse de la raya" tiene consecuencias reales, añade Luzón, y las enumera. "Afecta a la relación con la comida, porque comer se convierte en un ejercicio matemático de riesgo en lugar de un acto de nutrición y placer; provoca estrés crónico, la preocupación por si 60 gramos son 'mucho' genera un cortisol que puede ser más inflamatorio que la propia avena". Y, además, "empobrece la dieta", añade esta especialista, ya que "por evitar un supuesto daño, terminamos eliminando opciones nutritivas y versátiles".
En conclusión, si no tienes una patología digestiva diagnosticada, "la cantidad ideal de avena es la que te haga sentir bien, te sacie y encaje en una dieta variada", recomienda Ana Luzón. Porque "la nutrición debe ser una herramienta para vivir mejor, no una lista de miedos que restrinja nuestra libertad". "Menos báscula y más escucha activa a nuestro propio cuerpo", añade.
