Una profesora jubilada de casi 80 años vende todo lo que tiene y se marcha a vivir a un crucero por 2.000 euros al mes: "No he vuelto a cocinar ni a hacer la colada"
La mujer afirma que la embarcación es ahora su "hogar": "Simplemente vivo en el barco y lo amo".

Existe un crucero donde puedes vivir a bordo de forma permanente: el Odyssey, operado por la empresa de cruceros Villa Vie Residences. Se trata de un barco residencial de 195 metros de eslora y 650 pasajeros que ofrece la opción a los pasajeros de comprar los camarotes y vivir allí de forma permanente.
Según asegura la compañía desde su página web oficial, el barco "ofrece una nueva forma de vivir, llegando a partes del mundo a las que los barcos más grandes no pueden acceder, a menudo atracando en el corazón de los destinos".
Una de las mujeres que se encuentra disfrutando de esta experiencia es Sharon Lane, quien vendió todo lo que tenía y lleva ya un año viviendo dentro de la embarcación por 2.000 euros al mes. "No estoy de viaje", señaló en una entrevista en videollamada con la CNN. "Este es nuestro hogar. Aquí es dónde vivimos", agregó. "Simplemente vivo en el barco y lo amo".
Según cuenta la mujer, de unos 70 años, en una entrevista, decidió tomar la decisión de vivir en el barco después de hacer algunos cálculos y comprobar que le salía más rentable (y emocionante) que quedarse en su casa. Ahora disfruta de una cabina con ventanas, así como del resto de espacios del barco, donde suele aprovechar cualquier rincón para leer libros. "No paso mucho tiempo en la habitación", asegura la mujer.
Tanto la comida como los refrescos, así como las bebidas alcohólicas, las consultas médicas o el wifi, se encuentran incluidos dentro de la cuota mensual de los residentes. "No he vuelto a cocinar ni a hacer la colada", asegura Lane. Además, se permite la entrada de mascotas, que también pueden viajar a bordo.
Su lugar favorito allí es un sillón que se encuentra en uno de los pasillos, cerca del centro de negocios y el bar deportivo. "Hay una luz sobre tu cabeza para que puedas leer y hay unas ventanas enormes, ventanas gigantes que abarcan todo el ancho, así que puedes, literalmente, ver pasar el océano", cuenta.
"Así que leo mi libro, miro hacia afuera y disfruto del paisaje. Me gusta, sobre todo en los días de navegación, porque ves el océano moverse de verdad", agrega la mujer, que afirma que, aunque no suele bajar mucho del barco, a veces sí que le entran ganas y echa un vistazo.
