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24/06/2018 11:21 CEST | Actualizado 24/06/2018 11:21 CEST

Viva Rafaella

Rafaella Carrá (junio 2017)
Getty Images
Rafaella Carrá (junio 2017)

Cuando el cine nos rodea, encontramos cine en todo. Quienes hayan estado alguna vez en Milán, sabrán que la ciudad es un enclave ineludible de arte, de moda, de música. Italiana pero a su manera, y alejada del bullicio romano, es palpitante en sus entrañas, aunque resulta seria y formal a primera vista. Capital suiza o austriaca; artística y bella. Así me parecía Milán.

Durante el invierno, después de un evento musical, salimos a las calles de la ciudad en busca de transporte. No había ni un alma. Algunos desventurados dormían en la plaza y la ola polar, que descendía el termómetro a velocidad feroz, hacía impracticable el desplazamiento. Los taxistas seguían agazapados o esquivos, nadie nos acompañaba. Caminamos y caminamos por una ciudad que era nuestra, cuando un sonido, casi un pulso, llegó a nuestros oídos. Solo era intensidad rítmica, percusión. Conforme nos acercábamos al centro, el murmullo se acrecentaba más.

Cuando el cine nos rodea, encontramos cine en todo

De pronto, con aquella ciudad solitaria y fría de fondo, se abrió ante nosotros un local de luz cegadoramente azul; una luz intensa y psicodélica, de aire disco y retro. En su interior, un desfile de bellezas italianas entraba en una sala privada; hombres y mujeres jóvenes, pulcramente vestidos y con copas en su mano, bailaban al ritmo de 'Fiesta' de Rafaella Carrà. Aquel contraste entre el invierno de La bohème y el desenfreno setentero me resultó tan bizarro y evocador, que de inmediato comprendí que Sorrentino estaba en lo cierto, esas fiestas privadas existen y en Milán también vive La grande belleza.

Si recuerdan la película de 2013, en ella Sorrentino sitúa la voz de Rafaella Carrà y su "Far l'amore" (lo que en España hemos conocido de siempre como "En el amor todo es empezar"), en un inicio que ya es icónico, y cuyo montaje solo adquiere toques hipnóticos por el remix que Bob Sinclar realiza del tema de Carrà. Toda esa imaginería iconoclasta y rompedora de La gran belleza no sería nada, absolutamente nada, sin ese comienzo prodigioso conducido por la inconfundible voz de la artista de Bolonia.

Quizá por ello esa canción, y sobre todo su famoso estribillo, ya aparecían en 2002 en Todas las azafatas van al cielo, de Daniel Burman; quizá por ello, también, y por lo mucho que nos gusta Rafaella Carrà, en 2015 Ariel Winograd eligió para una de las secuencias fundamentales de Sin hijos otro tema de la cantante, un 'Fiesta' que daba inicio al juego de seducción entre Maribel Verdú y Diego Peretti en otra celebración privada, casi ilegal.

Ahora que Rafaella cumple 75 años, solo podemos alegrarnos porque en un mundo en el que parecemos pugnar por vencer en la apuesta del pesimismo, alguien luche por no ensombrecer sino brillar

Así las cosas, podemos preguntarnos por qué nos gusta tanto Rafaella Carrà, esa diva incuestionable nacida como Rafaella Maria Roberta Pelloni y que esta semana celebra las 'bodas de brillantes' con la vida. Será porque Carrà siempre ha puesto banda sonora a un contexto anodino y gris. Con su melena rubia, su inagotable sentido del humor, su mirada geminiana y su inmensa energía transmitió los valores vitales que el mundo necesitaba y aun necesita para sobrevivir.

Pero Carrà es mucho más que una fuente de contento. Compositora, cantante, bailarina y actriz, Carrà no solo estudió cine en el emblemático Centro Experimental de Cinematografía de Roma, sino que además hizo sus incursiones en Hollywood, teniendo en su haber una cinta en compañía de Frank Sinatra. Aunque poca gente lo sepa, Carrà cuenta con más de diez títulos cinematográficos a sus espaldas, rodados en cuatro países diferentes, aunque el cine pronto cediera el paso a la televisión, donde desplegaría todo su potencial. Y así, de vuelta a Italia, su carrera como presentadora arrancó de manera portentosa, y ya a finales de los setenta se había convertido en todo un fenómeno de masas. En nuestro país ha sido presentadora todoterreno, amada por los espectadores, quienes por su espontánea y enérgica manera de comunicarse siempre le han entregado un elevado share.

Ahora que Rafaella cumple 75 años, y que siguen vigentes en nuestra memoria temas como 'Rumore', 'Hay que venir al sur', 'Che dolor', solo podemos alegrarnos porque en un mundo en el que parecemos pugnar por vencer en la apuesta del pesimismo, alguien luche por no ensombrecer sino brillar. Gracias por haber puesto banda sonora a nuestra propia vida, y por habernos dedicado seis décadas de música y felicidad.

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