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27/01/2014 07:44 CET | Actualizado 28/03/2014 10:12 CET

Tecnología disruptiva: generar confianza e impulsar el cambio

Si el mundo quiere confiar nuevamente en el sistema económico tiene que proporcionar un crecimiento sostenible, sin picos ni valles y sin despilfarros. Por lo tanto, tenemos que cambiar radicalmente nuestra forma de pensar y adoptar la tecnología disruptiva.

Los líderes empresariales piensan ahora en el crecimiento. Hace apenas un año, era sólo una cuestión de supervivencia. Sin embargo, los enfoques tradicionales para hacer que una empresa crezca tienen que cambiar. Si el mundo quiere confiar nuevamente en el sistema económico tiene que proporcionar un crecimiento sostenible, sin picos ni valles y sin despilfarros. Por lo tanto, tenemos que cambiar radicalmente nuestra forma de pensar y adoptar la tecnología disruptiva.

Hace un año escribí sobre cómo los líderes de negocios globales necesitaban tecnología disruptiva para salir del abatimiento económico causado por la crisis financiera de 2008. Todavía sentimos la heladora sensación que nos provocó y todavía hablamos de supervivencia en un invierno económico.

Hoy, tan sólo un año después, podemos ver los brotes verdes de una primavera económica. Aunque de ninguna manera podemos darlo por seguro. Permanecen los desequilibrios entre las regiones del mundo, de este a oeste y de norte a sur, y dentro de esas mismas regiones, particularmente en Europa.

Sin embargo, en los seminarios con altos ejecutivos que BT celebró el pasado otoño por todo el mundo, desde São Paulo a Tokio pasando por Dubai y Singapur, los asistentes nos dijeron que se sentían optimistas de cara al futuro. De hecho, a medida que las semanas avanzaban, el estado de ánimo fue mejorando. El estado de ánimo es el motor de la economía global y el incremento de la confianza nos dice más sobre el futuro que cualquier dato económico.

Teniendo en cuenta estos alentadores resultados, tenemos que afrontar el siguiente desafío. Si queremos crecer, tenemos que impulsar el crecimiento minimizando los costes: el coste para nuestras organizaciones y el coste para nuestro planeta. En definitiva, ambas variables se suman la una a la otra.

Nuestros eventos con altos ejecutivos reúnen a líderes del sector de la educación, de la industria digital y ejecutivos de empresas de productos de consumo. Estuvieron de acuerdo en que consumidores individuales, empleados y ciudadanos están enormemente fortalecidos por internet y las redes sociales. Todos ellos reafirmaron con consistencia que estas personas son las que están sentadas con decisión en el asiento del conductor que dirige la economía. Y ahí es donde veo la esperanza de un futuro mejor.

La sociedad de consumo del siglo XX medía la felicidad por lo que se tenía y lo que se podría consumir. Una parte importante de la sociedad que emerge en el siglo XXI mide la felicidad por la calidad de vida en general y por lo bien que se siente.

No se trata de blanco o negro. No vamos a abandonar el consumismo de un día para otro. Pero hay señales de que la gente está incorporando un punto de vista moral sobre lo que compra. La gente trabajará donde sea mejor pagada. Pero el talento más brillante del mundo examinará con rigor el comportamiento moral de la empresa en la que van a trabajar, sin importarle las riquezas que puedan prometerle.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los servicios de TI gestionados en la red? Hay tres respuestas distintas. En primer lugar, las redes tienen el potencial de proporcionar visibilidad de la cadena de suministro desde la materia prima hasta el consumidor y en sentido inverso. El proceso de producción puede ser totalmente transparente. La empresa que pueda demostrar concluyentemente que sus productos hacen un daño mínimo, o incluso benefician, al medio ambiente, tendrá una ventaja competitiva significativa. Y cuando alguien sabe exactamente dónde están sus productos preferidos, puede identificar fácilmente aquello que pretende hacerse pasar por su producto. Esto puede suponer una protección frente a los efectos potencialmente letales de las falsificaciones, especialmente en sectores como el farmacéutico y el de la alimentación.

Porque como consumidores todos estamos conectados y nuestros proveedores pueden ver, analizando el big data, cómo y qué compramos. Al cruzar esta información con otros big data tales como el clima, el transporte, etc, pueden determinar por qué estamos comprando y así predecir la demanda. Eso significa, entre otras cosas, la producción just-in-time y el fin del desperdicio de grandes cantidades de existencias obsoletas.

Como profesionales, podemos trabajar en la práctica desde cualquier lugar con la capacidad de colaborar con quien queramos y compartir los datos que necesitamos desde un dispositivo móvil. Se acabaron los tiempos en que la informática en red era la excusa para mantenernos pegados a una mesa.

Y por esa razón atribuimos valores diferentes al concepto trabajo. Trabajo no es un lugar al que vamos a hacer algo. El trabajo es lo que hacemos.

John Maynard Keynes usó el término producción para definir aquello de lo que se ocupaba la actividad económica. No es de extrañar entonces que la economía del siglo XX, conformada por este gran economista, estuviera obsesionada por esta palabra. Cuanto más hacíamos, más producíamos; cuanto más consumíamos, mejor estaríamos todos.

Si definimos el trabajo como lo que hacemos en vez de lo que se produce en un sitio determinado, tendríamos que ser capaces de trasladar esa idea a la forma en que vivimos nuestras vidas y consumimos en general. Se trata de alcanzar resultados, no producción.

En mi sector lo llamamos la nube. La nube significa que nuestros clientes no son propietarios de un ordenador y el software sino que se benefician de lo que estas herramientas pueden hacer por ellos. En pocas palabras, un solo equipo puede servir a muchos clientes que antes tenían el suyo propio.

Del mismo modo, nuestros clientes empiezan a pedirnos que no les alquilemos una parte de la red, sino que les proporcionemos el resultado de la red. Confían en que gestionemos correctamente todo lo que tiene que ver con la red física.

Esa confianza es algo muy valioso. Los consumidores confían en que los proveedores les vendan lo que ellos esperan y sin efectos secundarios no deseados. Confían también cada vez más en que obtengan el material de fabricación con sensatez, minimicen el uso de energía y traten bien a sus empleados. Y la confianza en la forma en que la que los proveedores se comportan es tan importante como la confianza en lo bueno y seguro que es el producto que elaboran.

Hay algo que no ha que cambiado con respecto el año pasado. Todavía siento como un privilegio trabajar en la industria de los servicios de TI en red. Esta industria es la fuente de la tecnología disruptiva que nos ayudará a ser más y hacer más consumiendo menos. También proporcionará la visibilidad y transparencia necesarias para crear el vínculo de confianza necesario que impulse un cambio fundamental.

Esta entrada de blog es parte de una serie producida por The Huffington Post y el Foro Económico Mundial con motivo de reuniones del Foro Anual de 2014 (del 22 al 25 de enero en Davos- Klosters, Suiza). La comunidad Strategic Partner del Foro cuenta con un selecto grupo de empresas líderes a nivel global que representa a diversas regiones y sectores seleccionadas por su alineamiento con el compromiso del Foro para mejorar el estado del mundo. Lea aquí todas las entradas del blog de esta serie.

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