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13/03/2018 07:38 CET | Actualizado 13/03/2018 07:38 CET

Un brindis por Carme Chacón

Pablo Blazquez Dominguez / WireImage

Hay días que siempre quedarán señalados para la gente que te quisimos tanto, que te querremos para siempre. Hoy cumplirías 47 años. Hoy celebraríamos la vida como hicimos siempre: riendo, bailando; en definitiva, viviendo. Pero nos faltas, dolorosa y hondamente. Nos falta tu alegría constante, tus ganas de soñar y de luchar. Nos falta tu apuesta por la vida. Por la esperanza.

Todos los que te quisimos, y que tuvimos el privilegio de que nos quisieras, recordamos decenas de anécdotas, de gestos, de afectos que nos brindabas a cada momento. Porque así eras, una derrochadora de cariño. Sin límites. Una rotunda derrochadora de cariño. Una persona generosa que dejaba huella en los corazones de todos y cada uno de tus amigos, de tus familiares, de tus compañeros.

Estabas llamada a liderar una época en España, y créeme que lo hiciste. Hiciste de la política un lugar amable en el que estar

Te nos fuiste demasiado pronto. España perdió con tu repentina marcha la oportunidad de ver a la primera mujer Presidenta del Gobierno, y tus amigos perdimos, además, tu sonrisa y tu afecto. Y es que a veces la vida se nos aparece como una realidad hostil e ingrata, que nos hiela el corazón y nos deja sin palabras. Pero hoy, querida Carme, cumplirías 47 años y es motivo suficiente para recordar públicamente tu legado y tu persona.

Fuiste la primera mujer en encabezar unas listas del PSC, y además has sido la política catalana más votada en toda la historia de Catalunya. Sí, fuiste más votada que Mas, Junqueras, Puigdemont o Pujol. Porque así eras tú, cabezota hasta el final, trabajadora y constante. Una líder nata. Una mujer excepcional. Llevaste al PSC a cotas de poder inéditas, que me temo costará mucho reeditar.

Estabas llamada a liderar una época en España, y créeme que lo hiciste. Hiciste de la política un lugar amable en el que estar, un lugar en el que pelear por los sueños era un hecho de obligado cumplimiento. Fuiste, además de mi amiga, la líder que necesitaba este país, la líder en la que yo confiaba. Y tu ejemplo, tu legado, es por el que me guiaré cuando dude o cuando no sepa cómo actuar.

Aún recuerdo tu valentía cuando quisiste liderar al Partido Socialista Obrero Español. Y, aunque perdieras esa contienda, en realidad ganaste. Ganaste porque te revelaste como una auténtica luchadora, como una líder nata. Ganaste al poner pasión al discurso necesario del buen hacer en política. No paraste de ganar hasta el último de tus días.

Todo el mundo te conocía por tu vida pública; yo tuve el privilegio de conocerte también en tu vida privada. Tu familia, Esther, Balta, Mireia, Javi, Carmen, Antonio, explican muy bien cómo eras en tu vida íntima; tienes una familia excepcional, con una capacidad para la valentía inconmensurable. Y es que de casta le viene al galgo; no todo el mundo tiene la suerte de tener a unos abuelos, a unos padres, como los tuyos, que imprimen carácter y que forjan linajes a prueba de mediocridad.

Recordaré tu capacidad para la pelea democrática, tu capacidad de trabajo, tu liderazgo

Te nos fuiste muy pronto. Demasiado. Pero viviste como quisiste; sin miedos, sin acobardarte. Tú hiciste historia porque tu empeño, tu vocación de servicio público, tu generosidad, eran más fuertes y poderosas que tu salud o tus miedos. Me enseñaste, querida Carme, que la vida no va de cantidad, sino de calidad. Y tu tiempo, tu vida, era de una calidad inmensa.

Querida Carme, tú jamás te amilanaste. No cediste ante ningún chantaje. Nunca. Y eso es también lo que nos legas, tu capacidad de liderazgo, tus firmes convicciones, tu cariño y tu saber hacer. Nos legas más de lo que seguramente alguna vez creíste.

Hoy cumplirías 47 años. Y, siguiendo la tradición, me tomaré una copa de vino blanco a tu salud. Y recordaré tu sonrisa, nuestras conversaciones. Recordaré tu capacidad para la pelea democrática, tu capacidad de trabajo, tu liderazgo. Será tu generosa sonrisa la que inunde todo el día de hoy. A pesar de los pesares. A pesar de que no estés con nosotros. Para mí, vivirás siempre en mi corazón. Serás siempre, además de mi amiga, mi Presidenta.

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