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24/02/2014 13:19 CET | Actualizado 26/04/2014 11:12 CEST

Cuando repreguntar es cabrear

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La semana pasada me pilló a las puertas del Congreso la dimisión de Francisco Granados como senador y como diputado regional de Madrid y la declaración en televisión, casi simultánea, de Esperanza Aguirre sobre la cuestión. La presidenta dijo que le parecía muy bien que dimitiera porque, en su opinión, tener cuenta en Suiza no es un delito pero para un político sí.

Traté de pulsar la opinión de los diputados al respecto. Los de la oposición en pleno hicieron leña del árbol caído, como era de esperar. Sus compañeros de filas evitaron contestar al respecto. Sólo Martínez Pujalte se atrevió a hablar, cosa que es de agradecer aunque sea por última vez.. Según sus propias palabras, no volverá a suceder. Pasen y vean.

Lo último que dice a cámara, para quien no lo haya entendido bien es: "¿Puedes dejar de grabarme, por favor?" Es decir, que él fue consciente en todo momento de que su bronca podía pasar a la posteridad aunque dudo que creyera que me atrevería a hacer público lo ocurrido.

Dicho esto y visto el episodio, surgen un puñado de cuestiones sobre sus argumentos: ¿Considera el señor Pujalte que repreguntar es "una falta de respeto"? ¿Que tratar de sacar respuestas claras es temerario? ¿Tan agradecido tiene que quedar un periodista por ser atendido que no debe hacer nada más que sostener el micrófono y aceptar la respuesta por muy ambigua que sea? Eso parece y el que no lo haga será castigado al ostracismo.

Lo peor es que me duele su pérdida. Son pocos los políticos españoles valientes que se atreven a lidiar de tú a tú con un periodista delante de una cámara. Están acostumbrados a leer discursos y comunicados lanzando argumentario, a ruedas de prensa sin repreguntas, a que el periodista sea sólo el que sostiene el micrófono... Y no culpo a los compañeros que no repreguntan porque sé lo que está en juego. Esto es lo que pasa cuando molestas y resulta que repreguntar es molesto. Algunos lo hacemos por necesidad. A mí se me contrata por hacer lo que hago. Otros sobreviven sin tensar tanto la cuerda. Imagino que en la dicotomía entre repreguntar o no, está la duda sobre informar mejor o perder al informante para la próxima vez y otra, más grave todavía, sobre si se les paga por una cosa o por la otra.

Este artículo se publicó originalmente en el blog de la autora, El Tuiter del Congreso.

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