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24/06/2014 07:22 CEST | Actualizado 23/08/2014 11:12 CEST

Una historia de amor y muchas más cosas

Recuerdo el día en el que entré en Siria. Y el día en el que salí. Sobre todo el día en el que salí. Ese día juré contar todo lo que había visto para que el mundo no lo olvidara, porque la memoria colectiva moderna es más efímera que un tuit y a los perdedores les faltan siempre cronistas y testigos.

Recuerdo el día en el que entré en Siria. Y el día en el que salí. Sobre todo el día en el que salí. Ese día juré contar todo lo que había visto para que el mundo no lo olvidara, porque la memoria colectiva moderna es más efímera que un tuit y a los perdedores les faltan siempre cronistas y testigos. El resultado han sido siete meses de encierro y 480 páginas en las que no pretendo hacer periodismo, porque la literatura tiene algo más, tiene algo mágico que escasea en otros soportes: longitud, tiempo, profundidad. Para mí leer un libro es sinónimo de paz, de sillón, de viaje, de sonido de una página al pasar con el ruido de fondo de los grillos de verano o de los railes de un tren. Así debe leerse mi novela, creo yo, tranquilamente.

De modo que no es un análisis detallado de los avances en el campo de batalla ni de las palabras de los dirigentes internacionales diciendo memeces. Mi libro sucede en una esquina de Siria y en un teatro en el que, a través de personajes de ficción que podrían ser de carne y hueso, pinto un retablo de nuestra historia contemporánea. Y aunque la trama sea ficticia, el decorado es bien real: una guerra civil en la que han muerto más de 200.000 personas y que se ha convertido en la crisis humanitaria más grave del siglo XXI. Un lugar en el que Occidente ganó la seguridad inmediata y perdió la vergüenza, dando la espalda a un pueblo que exige su libertad: esa que todos los pueblos merecen, incluidos los árabes.

La trama arranca con Yulia, la protagonista, entrando de forma clandestina a Homs para cubrir la guerra. Aterriza en los albores de la revolución y se enamora del ambiente fabuloso de las manifestaciones pacíficas y del ímpetu de un pueblo que lucha unido. Enamorada de la causa siria y del maravilloso Omar, un atractivo activista sirio rescatado de entre los muertos, deja el periodismo y se une a la resistencia. Yulia es nieta de un republicano que combatió en la guerra civil española contra el fascismo y rápidamente se identifica con su abuelo y con los perdedores, abandonados también a su suerte por la comunidad internacional. Sus decisiones no tendrán vuelta atrás y se verá envuelta en una trama de espionaje en la que veremos a personajes como Kay, del CNI, o sus amigos de la CIA, así como Abo Kadar, un radical que intenta reclutar a los jóvenes con discursos sectarios.

Escrito en primera persona, Yulia arremete contra esta Europa paralítica nuestra, "cansada y vieja, cansada de pensar" donde nadie es capaz de encontrar nuevas ideas o luchar por algo. En amplios diálogos con los protagonistas, reflexiona sobre el choque de civilizaciones, sobre los miedos de Occidente, como le dice Usama: "No sólo tenéis miedo a la muerte, sino también a la enfermedad, al dolor. Miedo a lo desconocido, a viajar largo tiempo, a no tener familia, a no ser amados, a amar alguna vez y a no amar nunca. Tenéis miedo al qué dirán, al ataque de los demás, al ridículo, a la pobreza, a perder lo atesorado, al anonimato, a la soledad (...) Miedo del otro".

Reflexiona el libro sobre la existencia de un destino para todos escrito tal vez por Dios, sobre las creencias o la guerra y sus demonios. "El demonio de la guerra existe por un porqué. Alguien le ha encomendado una misión imperecedera. Un gran cometido. (...) Nos observa desde algún punto del planeta y cuando nos ve tan enfurecidos como sólo sabemos estarlo nosotros, que somos grandes cretinos al fin y al cabo, viene a sembrar orden y a empujarnos a todos a los abismos negros para hacernos reaccionar a guantazos; a unos los arroja a la barbarie y al resto a la tumba, y cuando ha terminado de sembrar atrocidades, sólo quedan algunos en pie". Es curioso cómo el ser humano cuando sufre o siente que la muerte acecha, siente esa necesidad de abrazar, o de huir, de abofetear o de besar... Eso cuento en el libro.

Decía que recuerdo el primer día que entré a Siria y, con mucha más intensidad, el día en el que salí. Dentro sé que dejé un poco de mí y fuera nació la necesidad de testimoniar y contarles a ustedes que allí dentro hay seres humanos muy parecidos a nosotros. Les regalo mi vista, mi oído y mi imaginación en forma de novela y espero que la lectura les empuje a vivir de amar, sentir y vivir como lo hacen Yulia y Omar, dos personajes fabulosos con los que además espero que pasen un buen rato.

Mayte Carrasco acaba de publicar Espérame en el paraíso con la editorial Plaza Janés.