Muere Irene de Grecia a los 83 años: adiós a la inseparable hermana de la reina Sofía y dueña de una vida muy peculiar
La hermana del último rey de los helenos, fallecida a los 83 años, tuvo una existencia muy particular marcada por el exilio y por su amor hacia su hermana Sofía.

Irene de Grecia ha muerto. Alteza Real, princesa de Grecia, un reino que no existe, pero también de Dinamarca, falleció el 15 de enero de 2026 a los 83 años. Así lo ha confirmado la Casa de Su Majestad el Rey en un comunicado en el que se informa que el fallecimiento se produjo a las 11:40 horas del jueves 15 de enero en el Palacio de La Zarzuela, donde residió de forma permanente durante la mitad de su vida.
Si bien su presencia solía pasar desapercibida, conforme fue envejeciendo y se volvió más dependiente, se le veía cada vez más junto a su hermana, la reina Sofía, tres años y medio mayor, pero con una salud envidiable. Fue de hecho su inseparable acompañante.
2023, el año que marcó el comienzo de su declive
No fueron fáciles sus últimos años. En 2023 comenzó un declive lento, pero inexorable. Ese año fue brutal para los hermanos Grecia, siempre unidos y cercanos pese a los años, la distancia y las circunstancias.

El 10 de enero moría a los 82 años Constantino II, último rey de los helenos. Su estado se había deteriorado gravemente en sus años finales hasta que se produjo un deceso que llenó de dolor a su familia.
Meses más tarde las cosas empezaron a ir mal para Irene de Grecia. Comenzaron los olvidos y las confusiones que iban más allá de las propias de cierta edad. Sufría un deterioro cognitivo que se fue agravando conforme avanzaba el tiempo.

Su movilidad también se resintió y era frecuente que apareciera en silla de ruedas. Pese a ello seguía viajando a Mallorca y a Grecia, y acompañando a su hermana en todo lo posible, hasta que ya no pudo más, incluso en actos oficiales como la entrega del Premio BMW de Pintura y concierto a beneficio de Mundo en Armonía, la fundación creada por la princesa Irene, y a la que acudió hasta 2023.
La boda con la que dijo adiós públicamente
En 2024 comenzó a mostrarse cada vez más delicada. Ya no podía prescindir de la silla de ruedas, pero incluso así viajó al país del que fue princesa para el funeral de su primo Miguel de Grecia y se desplazó a Mallorca para pasar el verano con la familia real.
En septiembre de ese año asistió a la boda de su sobrina Theodora de Grecia con Matthew Kumar, celebrada en Atenas, donde no acudió a la liturgia religiosa.

Otra boda, de un sobrino y además ahijado, le llevó a la capital helena en febrero de 2025. La princesa Irene, cada vez más delicada, hizo el esfuerzo de trasladarse para ser testigo de la sorprendente y rápida boda del príncipe Nicolás con Chrysi Vardinogiannis.
Fue fotografiada junto a la reina Sofía y la infanta Cristina. Ese verano ya no se movió de La Zarzuela porque su salud no se lo permitió, mientras que doña Sofía solo fue dos días a Mallorca porque deseaba estar al lado de su hermana. Nunca más volvimos a ver a Irene de Grecia con vida.
Nacida en el exilio
Como otros royals de su generación, Irene de Grecia no nació en el país del que fue princesa. Vino al mundo el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, donde la familia real griega estaba exiliada debido a que habían tenido que huir de su país en abril de 1941 por la invasión nazi y fascista durante la II Guerra Mundial.

Fue la tercera y última hija de los reyes Pablo y Federica de Grecia, entonces príncipes herederos. Pablo I de Grecia subió al trono en abril de 1947 tras la muerte de su hermano Jorge II de los Helenos. Tenía dos hermanos, Sofía (1938), y Constantino (1940). Descendiente de reyes y emperadores, Irene estaba emparentada con las casas reales de toda Europa.
Sus primeros años no fueron fáciles. El general Smuts, por entonces primer ministro de la Unión Sudafricana, acogió a la familia y les prestó una casa de campo lejos de comodidades.
De hecho, la propia reina Sofía contó que en aquel lugar había ratas y cucarachas. Fue en el extremo sur del continente africano en el que vio la luz por primera vez Irene. Smuts fue su padrino.
La vuelta a Grecia: Tatoi, arquelogía e internado alemán
La dinastía pudo volver al país heleno en 1946, donde los Glücksburg reinaban desde 1863 con varias interrupciones. La familia real se instaló en Tatoi, donde vivieron años muy felices. De hecho, Pablo, Federica y sus hijos estaban muy unidos.
Así se fue forjando un vínculo fraternal muy intenso entre Sofía, Constantino e Irene que se mantuvo toda la vida, si bien cuando eran pequeñas Sofía solía cansarse de que su hermana le imitara en todo.
La princesa Irene manifestó su interés por la arqueología, lo que le llevó a participar junto a su hermana en una excavación cerca de Tatoi, lo que quedó escrito en dos ensayos publicados en 1959 y 1960 y que décadas más tarde se publicaron juntos en España con el título En Decelia. Fragmentos cerámicos de Decelia y miscelánea arqueológica.
Irene de Grecia fue enviada a un internado en Salem, Alemania, siguiendo los pasos de su hermana Sofía. Además, al ir creciendo fue participando en actos y viajes oficiales junto al resto de la familia.
Estaba llamada a ejercer actos de representación o quizá, debido a lo que se estilaba por aquel entonces, a casarse con un príncipe extranjero y ocupar un trono europeo. A lo primero no le dio demasiado tiempo y lo segundo no ocurrió.
La princesa que nunca se casó
Pese a la merecida fama de casamentera de su madre, Irene de Grecia nunca se casó. Se interesó por el príncipe Maurice de Hesse, aunque aquello no llegó a nada. También se rumoreó que podría haber sido elegida para casarse con Harald de Noruega o el rey Juan Carlos, aunque su hermana Sofía siempre iba por delante.
En el caso del noruego, estaba enamorado de Sonia Haraldsen, con la que terminaría casándose, mientras que todo el mundo sabe que Juan Carlos se casó con Sofía.
Años más tarde salió con Gonzalo de Borbón, primo de Juan Carlos I, y Jesús Aguirre, aunque no llegó a nada. Y si bien se dice que hubo más hombres en su vida, logró mantener su intimidad a buen recaudo. De hecho, cuando fue preguntada por ello, comentó que no quería involucrar a terceras personas... y nunca más se supo.
De vuelta al exilio: Italia, La India y Madrid
Con respecto a ejercer como princesa, el exilio volvió a su vida e impidió que cumpliera ese destino. En 1964 había muerto su padre, el rey Pablo, fallecido por un cáncer de estómago a los 62 años. La reina Federica quedó desconsolada al perder al amor de su vida. Comenzaba el reinado de Constantino II, que sería el último rey de los Helenos y que solo se mantuvo tres años en el trono.
Después del fracaso del contragolpe ideado por Constantino II contra la dictadura de los Coroneles, la familia real griega partió al exilio casi con lo puesto y se instalaron en Roma. Allí les mandó Juan Carlos I ropa, como contó en sus memorias.
Pero Italia no sería el destino definitivo. Después de que en 1973 se aboliera la monarquía griega, Constantino y Ana María de Grecia, los reyes exiliados, se instalaron con sus hijos en Londres amparados por Isabel II y el duque de Edimburgo, primo hermano del rey Pablo de Grecia.
La reina Federica, que era viuda, y su hija Irene no les siguieron a Reino Unido y se movían entre España, país de residencia de doña Sofía, y La India, concretamente Madrás, que había cautivado a ambas mujeres.
Juan Carlos I habilitó un apartamento en La Zarzuela para su suegra y su cuñada, pero Federica de Grecia nunca llegó a vivir allí de forma permanente. Sí murió en Madrid el 6 de febrero de 1981 por complicaciones de la anestesia tras someterse a una cirugía de párpados.
Irene de Grecia, huérfana y sin país al que volver, fue invitada a vivir en La Zarzuela. Se estableció en un área palaciega donde tenía unas estancias para ella.
La imprescindible tía 'Pecu'
Siempre discreta y sin querer interferir en la vida familiar, en los primeros años intentaba llevar su vida y no ser una molestia para su hermana, su cuñado y sus sobrinos. A lo mejor por entonces no se dio cuenta de lo importante que sería para ellos, y sobre todo para su hermana Sofía.
Mantuvo una relación muy cercana con sus hermanos y con su cuñada Ana María de Grecia, así como de respeto con el rey Juan Carlos. Tuvo ocho sobrinos y con todos ellos mantuvo siempre mucho vínculo, pero por cercanía más con los tres españoles y principalmente con la infanta Cristina.
Ellos le llamaban la tía Pecu, por peculiar, algo que confirmó ella misma en la biografía que escribió Eva Celada: "Me llaman así porque soy la excéntrica de la familia, la peculiar". Estos son los ocho sobrinos de Irene de Grecia, tres por parte de la reina Sofía y cinco por parte del rey Constantino de los helenos.
- La infanta Elena (1963)
- Alexia de Grecia (1965)
- La infanta Cristina (1965)
- Pablo de Grecia (1967)
- Felipe VI (1968)
- Nicolás de Grecia (1969)
- Theodora de Grecia (1983)
- Philippos de Grecia (1986)
Pianista, alejada del lujo y amante de La India
Destacó por su interés y talento por la música. Aprendió a tocar el piano con ayuda de Gina Bachauer y llegó a ser muy buena. De hecho en 1969 interpretó el Concierto nº 2 de Bach en el Royal Albert Hall, donde se llevó una gran ovación de un público entre el que se encontraba Carlos III. Se dice que de haber seguido, hubiera sido una excelente concertista.
Era una mujer amante de La India, del esoterismo y la ufología. No le gustaban los lujos y prefería ir vestida de forma informal. Cuando debía vestirse para las grandes ocasiones, apostaba por looks con un estilo muy particular.
Mundo en Armonía, su gran obra
Fue vicepresidenta de la Fundación Banco Santander Central Hispano y miembro del Consejo de Honor de la Asociación Peres para la Paz en España, pero la gran obra de su vida fue la fundación Mundo en Armonía, creada por ella misma en 1988 y dedicada a proyectos humanitarios, educativos y de desarrollo sostenible, especialmente en África y Asia.
Uno de sus proyectos más conocidos fue cuando movilizó todos los recursos a su alcance para enviar unas vacas a la India para que proporcionaran leche a los niños necesitados del país. La fundación cerró al final de 2023 debido al estado de salud de la princesa Irene, que ya no podía ocuparse de la fundación.
El gran susto en su salud y nacionalidad española
Su salud le dio un gran susto en 2002 cuando padeció un cáncer. Su familia se volcó con ella, pero sobre todo la reina Sofía, que se desvivió para cuidar a su hermana. Estaban ya unidas, pero la enfermedad de Irene les unió todavía más.
En 2018 obtuvo la nacionalidad española. Lo hizo por carta de naturaleza, otorgada por el Gobierno mediante Real Decreto. El motivo fue concurrir "circunstancias excepcionales por mantener estrechos lazos personales con todos los miembros de la Familia Real española y guardar especial vinculación con nuestro país”. Se convirtió así en ciudadana española, país en el que vivió durante la mitad de su existencia.
Pese a que cuando era más joven repartía su tiempo entre La Zarzuela, La India, viajes a otros lugares y Grecia cuando la familia real pudo regresar en 2013, ya de mayor pasaba cada vez más tiempo en La Zarzuela con la reina Sofía.
Con los hijos ya mayores y viviendo su vida y completamente alejada de Juan Carlos I, Sofía e Irene se volvieron todavía más cómplices. Hacían vida juntas en La Zarzuela, viajaban a Grecia y a Mallorca, que tanto gusta a doña Sofía porque le recuerda a sus veraneos de juventud en Mon Repos, antigua residencia estival de la familia real griega en Corfú.
Irene de Grecia murió en La Zarzuela, el lugar que acudió para cinco días y se queda para siempre, como expresó ella misma. Y a su lado su hermana Sofía. Ambas se prometieron que se cuidarían la una a la otra, y las dos cumplieron.