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30/04/2013 08:17 CEST | Actualizado 29/06/2013 11:12 CEST

El confuso asunto de las armas químicas en Siria

Puesto que podría ser que Occidente fuese a la guerra una vez más en base a informaciones sobre armas de destrucción masiva, esta vez en Siria, quizá convenga dedicar algo más de reflexión a los hechos.

Puesto que podría ser que Occidente fuese a la guerra una vez más en base a informaciones sobre armas de destrucción masiva, esta vez en Siria, quizá convenga dedicar algo más de reflexión a los hechos. Se dice que en esta ocasión la comunidad internacional está siendo más cauta, precisamente a causa del desastre de Irak, pero no es esa la impresión que saca uno cuando ve que los medios dan sin más por demostrado lo que incluso los políticos insinúan con toda clase de cautelas. Así, el comunicado de la Casa Blanca del jueves 25, lleno de vaguedades y llamadas a la prudencia, se ha traducido en titulares rotundos en los que se da por hecho que en Siria ha habido un ataque con gas sarín, y que ese ataque lo ha llevado a cabo el régimen de Bashar el-Assad. Todo el comentario se reduce a tratar de adivinar qué es lo que hará Estados Unidos al respecto.

En esta carrera hacia las conclusiones es fácil perder de vista los datos con los que contamos, y que de momento son los siguientes: la denuncia de un ataque químico la hizo el régimen sirio el pasado marzo, no la oposición. Fue la televisión oficial siria la que mostró a las supuestas víctimas del ataque, en Khan al-Asal, una localidad pro-gubernamental y alawi (la secta de al-Assad). La oposición, inicialmente, consideró el ataque una falsedad y las imágenes un fraude. Solo más adelante pasó a aceptar que había habido un ataque químico en Khan al-Asal, pero culpando de él al régimen. La comunidad internacional, incluidos Israel y Estados Unidos, se mostró escéptica respecto a las informaciones de un ataque con armas químicas, y más aún que fuese obra de los rebeldes. Sin embargo, periodistas sobre el terreno, como los de The Telegraph, les daban total credibilidad y apuntaban sin dudarlo a los yihadistas. Después de esto, misteriosamente, el asunto perdió fuerza informativa.

Ahora, un mes después, resurge de repente con fuerza. Sólo que ahora, con los mismos datos, el dedo acusador se dirige exclusivamente al régimen y no a los rebeldes, cuya posible responsabilidad ni siquiera se considera. ¿Qué ha pasado?

Lo que ha pasado es que probablemente sí haya habido un ataque químico en marzo, como se dijo desde un principio, y que las pruebas de ello (análisis de sangre, análisis de tierra) se hayan filtrado hasta los servicios secretos extranjeros. También existen algunos testimonios y un vídeo en el que se muestra a una supuesta víctima del ataque químico echando espuma por la boca. El vídeo es anónimo y no contiene nada que permita autentificarlo, por lo que puede ser uno de tantos vídeos falsos que circulan sobre la guerra siria. Pero si es genuíno, plantea una cuestión interesante, porque el gas sarín no produce esos efectos. Tampoco los testimonios apócrifos que se citan son consistentes con el uso de ese agente químico: los testigos dicen que "notaron un olor muy fuerte", cuando el gas sarín es completamente inodoro. Esos síntomas y señales sí serían propios en cambio de un ataque con gas de cloro, que fue lo que inicialmente denunció el Gobierno sirio. Como veremos más adelante, la clave podría estar aquí.

En todo caso, el verdadero problema no está en si el ataque químico tuvo lugar o no, puesto que esto es muy fácil de comprobar. Un equipo de la ONU está esperando a que se le permita la entrada en el país podría aclarar esto sin dificultad. El verdadero problema está en determinar el responsable de ese ataque. Esta es la gran cuestión oculta en todo este debate y precisamente la razón por la que Damasco no permite la entrada en el país del equipo de la ONU: su mandato le prohibe, extrañamente, señalar un culpable, sólo puede determinar si ha habido ataque o no.

Efectivamente, no se puede descartar que haya sido el régimen. Dispone de armas químicas, es una dictadura y ha cometido abundantes crímenes de guerra perfectamente documentados. Un uso limitado como este de gas sarín no tiene mucho sentido militar, la verdad, y el ataque se produjo contra una localidad progubernamental, pero puede haberse tratado de un error o de un intento de incriminar a la oposición (aunque esto sería bastante ingenuo, puesto que los medios internacionales están en su contra y no van a cambiar de posición pase lo que pase). Pero lo que no se puede descartar tampoco es que, tal y como se denunció inicialmente, el ataque haya sido obra de algún grupo de la oposición, que también ha cometido crímenes de guerra documentados. De hecho, si somos justos, las pruebas se inclinan más por esta segunda posibilidad que por la primera.

Todo lo que resulta desconcertante en el caso de que haya sido el régimen, tendría sentido si se tratase de la oposición. Ésta ha mostrado claramente su deseo de que Estados Unidos intervenga y un ataque con armas químicas sería la mejor manera de lograrlo. Puesto que bastaría con un incidente simbólico, en este caso sí tendría lógica un ataque tan limitado como el de Khan el-Asal. ¿Cuentan con los medios? Es perfectamente posible que sí. Lo más sorprendente de cómo se ha tratado esto en la prensa es la premisa, repetida en todos los medios, de que los grupos rebeldes no tienen acceso a estas armas, supuestamente difíciles de conseguir. Desgraciadamente, no es así. En los años 90, por ejemplo, una pequeña secta japonesa, Aum Shinrikyo, realizó dos ataques con gas sarín en Tokio y Nagano. Sobre todo, es extraño que nadie recuerde ahora que en 2004 la insurgencia sunní también utilizó gas sarín y gas mostaza contra las fuerzas norteamericanas en Irak, al menos en dos ocasiones. La presencia en Siria de esta misma rama iraquí de al-Qaida no es ningún secreto, por lo que es perfectamente verosímil que algún grupo rebelde cuente con el mismo material.

Pero ni siquiera haría falta tanto. Recordemos que las informaciones iniciales y las pruebas que se han difundido son consistentes con gas de cloro, no sarín, y según una información de la revista TIME en el mes de abril, la única fábrica de gas de cloro que existe en Siria está en manos de Jabat-al-Nusra, una de las milicias rebeldes más extremistas. Y esa fábrica está precisamente en Alepo, muy cerca de Khan el-Asal, el lugar del ataque.

Como puede verse, el asunto merece más análisis del que se nos está proporcionando. Y no sólo porque se trate de un crimen contra la humanidad, o porque esto pueda conducirnos a una nueva intervención armada internacional. Si realmente se han usado armas químicas en Siria conviene estar muy seguro de quién dispone de ellas, ya sea un régimen que no nos gusta o una oposición que cuenta con nuestro apoyo aparentemente ilimitado, porque cabe la posibilidad de que esas armas, antes o después, acaben atravesando fronteras.