‘Chicago’, el musical adulto

‘Chicago’, el musical adulto

Un disfrute que muestra que es posible hacer un musical para adultos.

Musical 'Chicago'.Proporcionada por SOM Produce.

Los aficionados al musical, pero no a las familias con sus niños y sus abuelos que se encuentran en, por ejemplo, El Rey León, tienen una opción en Madrid. La opción es Chicago, el clásico musical de John Kander, de Fred Ebb, pero, sobre todo, del coreógrafo y director de escena Bob Fosse, que se puede ver y oír en el Teatro Apolo de Madrid.

Lo de adulto tiene que ver con que es un musical con escándalos, chicos malos y chicas muy, pero que muy malas, sexo, mucha carne (en esta versión tanto femenina como masculina), adulterios, asesinatos, locales de mala muerte, barrios pobres y empobrecidos, prisiones, sobornos, rivalidades, cinismo a raudales, manipulación. Sí, la sociedad que muestra no es nada edificante. Y, por supuesto, no es ejemplarizante.

Solo una mirada adulta llena de ironía puede ver (y oir) sin escandalizarse, reírse, cuando toca, y aplaudir a uno de los suyos. Es decir, al marido pringao de la protagonista que es tan transparente como el papel celofán transparente, al que nadie ve, y del que todo el mundo se olvida que está ahí aunque lo tenga delante de los ojos. Que es el que peor acaba, quitados los finados, ya que en la obra hay varios muertos, casi todos hombres, y asesinados de manera truculenta y con alevosía por sus parejas femeninas, acabando con sus huesos en la carcel.

'Chicago'.Proporcionada por SOM Produce.

Entonces ¿qué hace que este musical esté dando la lata desde los años sesenta? Lo de la lata es un decir para reflejar que se lleva poniendo y reponiendo desde que se estrenó. Sobre todo, en Broadway y en el West End. ¿Qué hace que en esas reposiciones cada cierto tiempo haya estrellas que asumen algún papel? El caso más llamativo es el de Ute Lemper que se hizo famosa cantando las canciones clásicas de Kurt Weill y Brecht. ¿Qué hace que Renée Zellwegger, Catherine Zeta Jones y Richard Gere unieran fuerzas para llevarlo a la pantalla y encumbrarlo también en el Olimpo cinematográfico?

Seguramente lo que tiene es su historia. Lo que viene siendo el libreto en el que Roxie, una corista, que mata a su musculado amante cuando este le dice que la va a dejar, acaba dando con sus huesos en la cárcel. Allí descubre dos cosas. La primera, que la pena de muerte es algo factible. Y, la segunda, que el morbo sobre su persona puede darle la fama que lleva persiguiendo toda su vida sin conseguirlo.

Aunque para ello tiene que mantener la expectación del público como sea. Un público que ama un escándalo más que el pan de cada día, y cuanto más escabroso, mejor. Un público voluble, pues solo se mantiene atento en función de la ración de escándalo que se le ofrezca. Algo que sea capaz de mantener el interés por encima de cualquier otro crimen o suceso que pudiera ocurrir al día siguiente, o al momento siguiente. Como los personajes de Sálvame compitiendo desesperados por ver quien cuenta la cosa más morbosa. En este musical con la inestimable ayuda de un abogado, además de la de la prensa.

Esto hace que tenga que competir con Velma. Una estrella del crimen antes de que ella asesinase a su chulazo. Una rivalidad carcelaria que en vez de resolverse a hostias y frotes, como en los dramones de chicas en prisión, se hace a base de números musicales.

ChicagoProporcionada por SOM Produce.

Si a eso se añaden unas letras escritas para decir con mucha intención. A veces algo picaruelas y grotescas. A las que le han puesto música al mejor estilo de los clubes de jazz de los años de la ley seca estadounidense. Locales de perdición, al menos para el imaginario colectivo, sobre todo si ese imaginario tiene unos años y está bien curtido en el cine clásico de gánsteres.

Una música y unas canciones que permiten, tanto a ellas como a ellos, todos ligeros de ropa, insinuarse y caldear el ambiente de la platea mientras se mueven y bailan en escena las coreografías creadas por Bob Fosse.

Es cierto que todo esto está en la producción madrileña, pero algo se ha perdido en su traslación. Algo que puede que note el ojo crítico, aunque no parece notarlo el público que aplaude contento al final. Y es que algún número se alarga en demasía. Igual que al personaje de “Mama” Morton le falta fuerza, sobre todo cuando canta. Lo que llama la atención, porque la interpreta Inma Cuevas. Un valor seguro que últimamente se está dedicando a la vertiente musical del teatro con éxito.

Y, es que no parece que tenga tanto que ver con los intérpretes o bailarines o los músicos, que se los ve porque la orquesta está sobre el escenario. Son de primera, incluso los alternantes que sustituyeron a algunos de los principales cuando se fue a ver la obra para hacer esta crítica. Tiene más más relación con cómo ha sido trabajada la puesta en escena. Pensada en números musicales. De hecho, se tiene la sensación de que se suceden uno a otro. No que se continúan como cuando se cuenta una historia. Una manera que suele gustar, es cierto.

No es un planteamiento erróneo en sí mismo. De forma habitual se suele aceptar que en todo el teatro musical los momentos musicales interrumpen la acción para que los intérpretes canten y bailen. Y, es verdad que suele ser así. Pero no en las obras de Bob Fosse que solía entenderlas como un continuo, coreografiando hasta las partes habladas, porque lo que coreografiaba era a los personajes y sus interacciones para toda la función.

Un momento del musical 'Chicago'.Proporcionada por SOM Produce.

En cuanto al sonido nada nuevo que decir. No hay musical en Madrid que no suene a muchos decibelios, algo que hace unos dos años parecía que se empezaba a desterrar de los teatros. De todas formas, quizás sea este el que menos subido tiene el volumen y el que más permite disfrutar de la música y de la letra.

Un disfrute que muestra que es posible hacer un musical para adultos. En el que la miseria moral, con toda su malicia y su burricie, es recompensada con la fama y el éxito. Mensaje bastante desolador, mientras que la vida normal, la que disfruta la mayoría de los que están sentados en las butacas, es tan trasparente como el papel celofán sin colorear. Pero está ahí, comprando entradas y con ganas de que un musical se la coloree y se la divierta. "Vamos, ve, que este elenco tratará de encenderte la ciudad, al son del jazz".

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