Cinco bocetos de columnas sobre Noelia
La idea de que la vida es propiedad exclusiva del individuo, que ha de tener plena libertad para desarrollarla según su decisión, sin que la sociedad o el Estado tengan más misión que facilitar ese derecho de autodeterminación, ejerce una visión discutibilísima de "vida", "propiedad", "individuo", "libertad", "decisión", "sociedad", "Estado", "derecho" y "autodeterminación"
I. ¿De verdad los que estos días habéis estado invocando el inalienable derecho individual a decidir sobre la vida propia, que nadie puede cuestionar, ya que compete exclusivamente al individuo, ni hay límites ni consideraciones que valgan, y bla bla bla… de verdad, digo, ¿no sujetaríais por el brazo a una persona justo en el momento en que va a saltar desde un puente si coincidiera que pasabais a su lado? ¿Y si la persona que quiere matarse forcejeara para liberarse y arrojarse al vacio, no forcejearíais vosotros más fuerte para impedirle ejercer su libertad? ¿Y si el suicida dijera "soy el único dueño de mi vida y sólo yo decido qué hago con ella", de verdad le soltaríais como muestra de respeto a su decisión inapelable y le veríais caer con la ataraxia con la que Lucrecio veía hundirse un barco en el horizonte? ¿En serio?
II. No ha sido una eutanasia, sino una tanasia a secas. La eutanasia —del griego εὖ, "buena", y θάνατος, "muerte"— se define por su oposición a la distanasia —del griego δυσ, "mala", y θάνατος, "muerte"—, y pretende ser su alternativa. Ante la seguridad, inminencia e irreversibilidad de una agonía larga y de sufrimiento extremo, carente de todo sentido al margen de creencias sobrenaturales, es defendible el derecho a llegar al mismo término saltándose el proceso. Pero éste no ha sido el caso: no se le ha ofrecido una buena muerte como alternativa a una mala. Se le ha ofrecido una muerte como alternativa a una vida durísima hasta este momento. Lo fundamental no era cómo morir, sino morir. Eso no es eutanasia. Eso es asistencia ante el deseo manifestado de morir.
III. La serie Por trece razones (2017) se centraba en trece mensajes que una adolescente suicida había dejado a trece personas que se habían portado mal con ella, y a las que responsabilizaba de su decisión. La gravedad de las ofensas iba en aumento, hasta culminar con una violación. En 2019, JAMA Psychiatry —la sección de Psiquiatría de la revista oficial del Colegio de Médicos Estadounidense— mostró un incremento de suicidios adolescentes durante los meses de emisión de la serie, calculando incluso el número de jóvenes que se habían suicidado "de más" durante esas trece semanas. La cobertura sensacionalista, sentimental y excesiva de estos temas puede producir un contagio social del que los medios deben responsabilizarse. No tengo la sensación de que esto les haya importado medio bledo.
IV. La idea de que la vida es propiedad exclusiva del individuo, que ha de tener plena libertad para desarrollarla según su decisión, sin que la sociedad o el Estado tengan más misión que facilitar ese derecho de autodeterminación, ejerce una visión discutibilísima de "vida", "propiedad", "individuo", "libertad", "decisión", "sociedad", "Estado", "derecho" y "autodeterminación". Es el pensamiento que le es funcional al mercado. Cada vez que se cita como evidente, como si no hubiera otra salvo la religión, el hablante sólo demuestra ser un pánfilo sumergido en el neoliberalismo, que no sabe que otra idea materialista sobre el ser humano es posible: una en donde todos somos asunto de todos y nada tiene sentido si no es porque todos nos apoyamos en todos y todos nos salvamos la vida a todos a diario.
V. Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. No me cabe en la columna, pero lean por favor el poema Masa de César Vallejo. Se encuentra fácilmente en internet. Ahí, hace noventa años, el poeta peruano lo explicó todo.
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