'Ese ruido es un animal', 'Las últimas' y 'Una buena vida', tres obras que te provocarán FOMO
No te pierdas lo nuevo de tres de las mejores dramaturgas y directoras de teatro que hay en España.

La prueba de que la cartelera madrileña está que arde en mayo es la coincidencia de lo nuevo de Carolina África, Lucía Miranda y María Velasco en la capital. Nombres ya consolidados como dramaturgas y directoras de teatro que trabajando se han ganado no solo el reconocimiento profesional y oficial, sino el del público. Unos espectadores a los que les entra Fear Of Missing Out (FOMO) o miedo de perdérselo y que luego se lo cuenten si no van a ver sus obras.
Con Ese ruido es un animal, María Velasco explora en la Sala Cuarta Pared la relación que hay entre la música y el cuerpo y su impacto social y político. Dicho así suena para salir corriendo, sí. Pero si lo cuenta a través de una rave que se prolongó ochenta días a causa de la pandemia de covid, la cosa se vuelve interesante ¿O no? Y si encima es capaz de relacionarlo con esa enfermedad llamada Baile de San Vito, que impide a quién la sufre dejar de moverse, y las antiguas danzas pandémicas que se ven, por ejemplo, en los cuadros de El Bosco ¿no apetecer ver y escuchar cómo lo hace?
Quien acuda al teatro se encontrará con una obra en la que se alternan momentos cotidianos, como la charla que tienen las dos compañeras de piso sobre ir o no a la rave, con otros más discursivos, de tesis, en los que se aportan reflexiones y pensamientos de referentes contemporáneos y clásicos sobre la relación de los seres humanos con la música, y en concreto con la música que les hace bailar.

Porque en esta obra hay mucha música, muy diversa que hasta incluye trova cubana, y mucho baile. También hay escenas sorprendentes, que provocarán un viaje al respetable sin necesidad de tomarse ninguna sustancia prohibida o alucinógena de las que hablan los personajes. Como el de esa gran tela plástica movida por el viento se pega al cuerpo de una actriz o la aparición del gato que tanto le preocupa a uno de los personajes encerrados en la rave. Y pensamientos que no se te irán de la cabeza que te harán reflexionar sobre si lo que te llevas en una mochila a una rave es lo mismo que debes tener preparado para salir corriendo en una emergencia.
Hacer pensar, pero de una forma aún más lúdica, colorida y divertida que la anterior es lo que pretende Lucía Miranda con Las últimas. Obra que acaba de estrenar en el Teatro Valle Inclán, centro instalado ya en el formato de teatro de gradas alrededor de un escenario.
En esta obra la Matria, es decir la patria a la que la P se le ha cambiado por M, tiene un cáncer llamado colonización. ¿Cómo se ha producido? ¿Cuál es su historia hasta el momento actual? ¿Cómo ha respondido y responde el cuerpo (social) que la sufre? ¿Cuál es su pronóstico? Y ¿tendrá curación? Estas son algunas de las preguntas que esta obra trata de responder cantando, riendo y hablando, que hablando se entiende la gente, con personas reales de las Islas Filipinas.

Recogiendo sus formas de entender y ver y trasladándolas a la escena en sus idiomas originales, que se sobretitulan en unas pantallas que aportan color y acceso a los migrantes filipinos que viven en España y todavía les cuesta el español garantizando su derecho a acceder a la cultura en el país en el que viven.
Así que por la escena pasan muchos personajes históricos. Desde conquistadores como el portugués Magallanes y la misionera toledana Madre Jerónima de la Asunción, que abrió el primer convento de monjas en Asia, a consortes de dictadores como Doña Carmen Polo de Franco, lady necklaces, e Imelda Marcos, lady shoes. Todos ellos interpretados en un formato que recuerda mucho al anime y a Ron Lalá. Y, también, pasan personajes anónimos contando su historia. Como casi todo el elenco que, incluso habiendo nacido y crecido en España, tienen ancestros directos filipinos. Si hasta el abuelo del actor Juan Paños, que de nuevo está espectacular, sobre todo en su registro cómico, era de Filipinas.
Carolina África tampoco deja escapar un tema candente en Una buena vida. El del deterioro de una sanidad pública que a pesar de todo nos cuida lo mejor que puede y sabe en los momentos en los que nuestra salud flojea. Una sanidad representada por un enfermero que interpreta Jorge Kent como si realmente lo fuera. Tan metido en su papel que esperas que si te tienen que ingresar te tocase en suerte.

Esta dramaturga recurre a su historia personal para contarlo. Cuando debido a la tormenta de nieve se fracturó la tibia y necesitó una operación que la tuvo ingresada en un hospital con una bebe recién nacida esperándola en casa. Sucede, como Ese ruido es un animal, en tiempos de covid en los que había que evitar los contactos estrechos y los entornos de riesgo para los más vulnerables que no necesitasen asistencia médica, por lo que ella no puede tener a su bebé en el hospital para darle el pecho.
Una historia muy melodramática, muy emotiva, que seguramente hará que más de una persona del público tenga que sacar el pañuelo varias veces y secarse esas lágrimas que se le están cayendo. Un teatro sin florituras, del que se describiría como de toda la vida. Porque lo que importa es contar como una persona normal y corriente se enfrenta al contexto en el que le toca vivir. Lo importante que es la actitud individual que permita crear una red de apoyo y compañía, compasiva, entre los seres humanos.
Tres producciones muy diferentes en cuanto a su planteamiento escénico, ejemplos de la diversidad teatral española contemporánea. Que hablan del aquí y del ahora, de temas candentes. Obras que quizás no se encuentren entre las mejores suyas, pero que están hechas con oficio y solvencia, como corresponde a tres buenas profesionales del teatro que han tenido la oportunidad de madurar a pie escenario y eso se nota. Que como elemento generacional puede que les una la música y el baile, que están muy presentes en los tres montajes, y una preocupación política por lo social y lo humano. De las que es preferible ir a ver a que te las cuenten.
