Llucia Ramis (48), escritora: "Cuando alguien pierde su casa por un terremoto decimos 'lo ha perdido todo'; en el desahucio silencioso parece que no pasa nada"
Una forma de expulsión social que no siempre se percibe como una catástrofe.

En plena crisis de la vivienda, hay pérdidas de casa que llenan titulares y otras que ocurren en voz baja, sin imágenes ni apenas alarma. Familias que dejan su barrio porque ya no pueden pagar el alquiler, jóvenes obligados a renunciar a emanciparse o vecinos que hacen las maletas sin que nadie lo llame desahucio. Una forma discreta de expulsión que no deja escombros, pero sí desarraigo e incertidumbre.
Sobre esa pérdida silenciosa reflexiona la escritora Llucia Ramis, de 48 años, en Un metro cuadrado, un libro en el que pone el foco en la precariedad habitacional, la dificultad de construir un proyecto de vida estable y la transformación de ciudades como Barcelona en lugares cada vez más difíciles de habitar para quienes siempre estuvieron allí. Todo ello a partir de una experiencia íntima que acaba retratando un problema colectivo.
En una reciente entrevista con la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC), la escritora habla del desahucio silencioso como una forma de expulsión social que no siempre se percibe como una catástrofe, aunque sus efectos sean devastadores. “Los desahucios silenciosos son los que se dan cuando tú ya no puedes vivir en un sitio porque no te renuevan el contrato de alquiler o es tan caro que no te lo puedes permitir”, cuenta la experta.
“Esto no es normal”
Llucia lamenta que este tipo de expulsión se haya normalizado hasta el punto de dejar de generar indignación social. “Cuando alguien pierde su casa por un terremoto decimos ‘lo ha perdido todo’; en el desahucio silencioso parece que no pasa nada”, reflexiona la autora, que insiste en que quedarse sin hogar, aunque no haya una catástrofe visible detrás, también implica perder estabilidad, arraigo y una parte de la propia identidad.
De esta forma, defiende que la crisis habitacional no se entiende solo con cifras, sino que también pesa en la vida cotidiana: en la ansiedad de no saber si el contrato se renovará, en la imposibilidad de pagar un piso en el barrio de siempre y en la obligación de marcharse aunque allí siga tu vida entera. Una incertidumbre constante que, según sostiene, ha acabado normalizándose entre quienes viven de alquiler.
En su intervención, Llucia denuncia que en un país rico como España no debería asumirse como normal que haya personas obligadas a irse de su casa porque no pueden pagarla. “Estamos acostumbrados, desde la crisis de la vivienda de la inmobiliaria, a ver desahucios a diario, pero ¿en qué mundo vivimos? Esto no es normal”, concluye. Una reflexión con la que la autora pone el foco no solo en el problema del acceso a la vivienda, sino también en la deshumanización con la que muchas veces se afronta.
