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Europa ante el nuevo orden mundial: fortalecer nuestras capacidades para proteger nuestros valores

Europa ante el nuevo orden mundial: fortalecer nuestras capacidades para proteger nuestros valores

"Invertir en seguridad no es elegir la guerra, es garantizar la paz. Defender a Europa no significa alzar muros, sino sostener puentes".

Pedro Sánchez es recibido por el presidente francés Emmanuel MacronEFE

Algunos actores internacionales están diseñando un mundo en el que, prescindiendo de reglas, normas y compromisos internacionales, aspiran a dominarlo en solitario. Ante esta deriva, Europa no puede permitirse la pasividad. Ya no vivimos en un entorno geopolítico estable, y no es posible seguir confiando en que la paz se mantendrá por inercia. La guerra en Ucrania, el auge de los autoritarismos y la fragilidad de antiguas alianzas han hecho evidente que el mundo está cambiando. En este nuevo escenario, es imprescindible reforzar nuestras capacidades tecnológicas, económicas y en materia de seguridad si queremos proteger nuestra forma de vida.

El futuro de este nuevo orden mundial dependerá en gran medida de la capacidad de los europeos para actuar unidos, con visión estratégica y voluntad política. El plan Readiness 2030 y el Libro Blanco de la Defensa Europea, impulsados por la Comisión Europea, son pasos decididos en esa dirección. No representan una deriva militarista, sino una apuesta por la autonomía estratégica, la soberanía democrática y la defensa de los valores que nos definen.

Porque seguridad no significa guerra. Significa soberanía. Significa que Europa no puede depender de otros para protegerse. Significa que necesitamos invertir en ciberseguridad, infraestructuras críticas, energía limpia e innovación tecnológica. En un mundo donde las guerras ya no solo se libran en los campos de batalla, sino también en las redes y los datos, nuestra respuesta debe ser integral y moderna.

España tiene mucho que aportar en este camino. Como cuarta potencia industrial en defensa de la UE, y con empresas punteras como Indra, Navantia o Airbus Defence & Space, nuestro país está bien posicionado para liderar el desarrollo de soluciones que integren seguridad e innovación. Esta agenda no es solo una cuestión de defensa: es una palanca de crecimiento, de generación de empleo cualificado y de progreso tecnológico. Más de 450.000 empleos en España dependen del sector, que ahora podrá beneficiarse de una financiación europea orientada a proyectos compartidos y eficientes.

Pero no basta con fortalecernos hacia dentro. Europa también debe mirar hacia el sur. La estabilidad de nuestros vecinos es también nuestra seguridad. Por eso, la colaboración con los países del sur es más necesaria que nunca: no solo como ejercicio de solidaridad, sino como estrategia inteligente frente a desafíos comunes como la migración, el cambio climático, el terrorismo o la inseguridad energética.

En este sentido, promover la innovación nacional y la seguridad energética será esencial. Europa no puede permitirse depender de proveedores externos ni en materia de energía ni de tecnología. Las estrategias compartidas, con financiación conjunta, pueden convertir a los europeos en actores mucho más fuertes en sectores tan disputados como la inteligencia artificial, la computación cuántica o las energías renovables. Apostar por esta vía no es una cuestión técnica, sino una decisión política de gran calado.

Frente a quienes proponen replegarse, levantar muros o instalarse en la equidistancia, Europa debe responder con altura política, unidad y determinación. En este escenario, sorprende y preocupa la actitud del Partido Popular. En vez de reivindicar su papel como partido de Estado, en lugar de comprometerse con la estabilidad del país y el avance de la Unión Europea, el PP ha decidido someterse a la lógica de la ultraderecha. No han aprendido nada de la CDU alemana, que ha sabido trazar una línea roja clara ante la extrema derecha, colocándola firmemente al otro lado del cordón sanitario.

La prioridad del Partido Popular no es España. Tampoco es Europa. Su prioridad es que no se lo coma Vox. Esta subordinación erosiona el consenso democrático y debilita la posición de nuestro país en un momento en el que necesitamos instituciones fuertes, partidos responsables y una visión de Estado a la altura de los desafíos que enfrentamos.

Porque este no es el mundo que queríamos, pero es el que nos ha tocado. Y ante su complejidad, no cabe esperar soluciones mágicas ni confiar en que los posibles daños causados se repararán por sí solos dentro de cuatro años. Europa necesita recuperarse y reforzarse, no solo por las amenazas externas, sino también porque sus fundamentos internos —la democracia, el bienestar, la cohesión social— requieren protección activa.

Invertir en seguridad no es elegir la guerra, es garantizar la paz. Defender a Europa no significa alzar muros, sino sostener puentes: entre generaciones, entre pueblos, entre valores. En definitiva, si Europa quiere ser dueña de su destino, tiene que ser capaz de defenderlo. Solo así podremos proteger lo que más valoramos: nuestra paz, nuestra libertad y nuestra manera de vivir.