Nada que curar, mucho que celebrar
"Las mal llamadas terapias de conversión no son otra cosa que una tortura que pretende arrancarnos los más digno y primitivo que tenemos, que es ser quienes somos".

Muchas personas LGTBI hemos crecido pensando que estábamos enfermas. Que nuestra identidad era un error que debía ser corregido.
Ese pensamiento tan tóxico que durante años no paró de crecer en nuestro interior nos ha hecho vivir parte de nuestras infancias y adolescencias con una mochila muy pesada llena de culpa, de vergüenza, de miedo y de soledad.
Algunas de esas personas, bien empujadas por sus familias o por su propia voluntad -una voluntad evidentemente adulterada y manipulada- han caído en las mal llamadas terapias de conversión. Esas prácticas que no son otra cosa que una tortura que pretende arrancarnos los más digno y primitivo que tenemos, que es ser quienes somos.
“¿Pero eso todavía se hace?” Es la pregunta que muchos ciudadanos se hacen espantados cuando se enteran de que estas prácticas se siguen llevando a cabo. En el imaginario de la inmensa mayoría de nuestro país no está que estas aberraciones ocurran en pleno 2026. Un indicador positivo que nos dice que, como sociedad, tenemos perfectamente asumido que las personas LGTBI no necesitamos ser curadas, modificadas o reconducidas.
La mera prohibición de las terapias, que ya existía en nuestro país desde la aprobación de la Ley LGTBI y Trans, era insuficiente. La falta de voluntad de la administración dejaba en muchos casos coger polvo en un cajón a las denuncias y, en caso de que se llegasen a sancionar, plataformas ultra como Hazte Oir recaudaban en apenas 24h el monto de la multa, por lo que las víctimas quedaban desprotegidas y quienes aplicaban estás pseudoterapias salían impunes.
Por eso la necesidad de ir un paso más ante esta asignatura pendiente como país. Las terapias serán un delito en España y se introducirán en el Código Penal con penas de entre 6 meses y 2 años de cárcel y con multas de hasta 24 meses. Y lo más importante: serán un delito aunque la persona acuda de manera voluntaria a ellas o con el consentimiento de sus tutores legales.
Las terapias son una forma de violencia extrema contra las personas LGTBI, independientemente de si estas van por su propio pie o no, y más cuando conocemos que esas voluntades están contaminadas por los entornos familiares, quienes empujan a sus hijos en la mayoría de los casos a estas prácticas.
Y tal y como ha ocurrido en cada avance LGTBI en nuestro país, hay quien decide situarse enfrente. El PP, por una cuestión de convicción política, ha tratado de regular con sus aportaciones las terapias en lugar de criminalizarlas. Y lo hacen, además, apelando a la “libertad”. Pero, ¿de qué libertad hablamos? ¿De la libertad de que los padres puedan arrastrar a sus hijos a estas terribles torturas para que les destrocen la vida?, ¿De que no haya consecuencias penales si alguien asiste a ellas por su voluntad?
El PP manosea y retuerce el concepto de libertad a su antojo ante cualquier avance. Y muy concretamente ante los avances del colectivo. Su oposición ya se ha convertido en patológica. Es algo matemático: con cada nueva conquista, encontramos a un PP que se revuelve.
Siguen el mismo modus operandi desde hace décadas: primero se oponen frotalmente a las leyes y las recurren cuando se aprueban; pero luego son los primeros de la fila para disfrutar de los derechos adquiridos, para, con el paso del tiempo, terminar reconociendo su error y tratar de apropiarse de luchas a las que se resistieron. Es el ciclo sin fin del PP.
Han pasado 20 años desde la aprobación del matrimonio igualitario, pero la derecha de este país parece no haber aprendido nada y continúa cometiendo los mismos errores que en el pasado. De nuevo, en este capítulo pasarán a la historia en la página de aquellos que trataron de hacer nuestro país menos justo y menos libre. Pudieron elegir situarse junto a las víctimas y la dignidad pero prefieren situarse con VOX. Pudieron elegir estar junto a los colectivos, pero prefieren perpetuar la violencia que sufrimos las personas LGTBI.
Y lo demuestran en cada oportunidad. En la Comunidad de Madrid, Ayuso recortó las leyes LGTBI y Trans, aprobadas hace 10 años, y abrió la puerta a que se pudiesen aplicar estas terapias a las personas trans. Ni siquiera necesitó el empuje de VOX para llevar a cabo tal atropello.
A los evidentes recortes de las políticas que afectan a las personas LGTBI se suman la retirada de banderas, secuestro de libros, el vaciado de nuestros símbolos y el abrazo fraternal con el partido que nos considera enfermos y cree que nunca debimos de salir del catálogo de trastornos.
Ante esta constante amenaza, un rayo de sol. Las terapias, muy a pesar de PP y VOX, serán un delito en nuestro país, y con ello, se hace justicia con tantas personas que sufrieron esas aberrantes torturas y con muchas otras que, como yo, crecimos pensando que estábamos enfermos.
Y España, líder en Europa por primera vez como mejor país para las personas LGTBI, según ILGA, se echará a las calles, un orgullo más, a reivindicar todo lo que nos queda, pero a celebrar todo lo conseguido. Porque no hay nada que curar, pero sí mucho que celebrar.
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Víctor Gutiérrez es portavoz adjunto de Deportes, secretario LGTBI del PSOE y diputado por Madrid
