Tejamos feminismos, acabemos con el fascismo
"Los feminismos como malla para protegernos del autoritarismo, la violencia y la crueldad organizada. Es inteligencia colectiva".
Amanda Andrades es secretaria de feminismos y LGTBI de Movimiento Sumar
A principios de este 2026, la escritora Siri Hustvedt publicó una tribuna que tuvo bastante impacto y en la que defendía que los medios de comunicación —y con ellos, todas nosotras– debíamos de dejar de nombrar a lo que ocurría en Estados Unidos y en otras partes del mundo como conservadurismo.
“No es conservadurismo. Es un nuevo tipo de fascismo que afecta al mundo entero”, advertía la ensayista estadounidense en un texto que analizaba las razones y causas de esta afirmación. Muchas, bien fundamentadas y, sobre todo, muy preocupantes.
En su artículo había además un elemento importante a destacar: el llamamiento a la acción. “La esperanza puede fomentar el cambio. La resistencia es fundamental”, decía.
Pues bien, justo esto es lo que ocurrirá una vez más este 8M, que llenaremos las calles de resistencia y esperanza. Y lo haremos además con la convicción de que tejer feminismos es urdir una red para frenar y derrotar al fascismo.
No es casualidad que en los lemas de este año de muchas ciudades y pueblos aparezca la idea del antifascismo, de los feminismos como malla para protegernos del autoritarismo, la violencia y la crueldad organizada. Es inteligencia colectiva.
Es la certeza de saber que somos capaces de transformar la sociedad, aquí y ahora, al mismo tiempo que ofrecemos horizontes. Y esta capacidad de dar respuesta, de elaborar propuestas centradas en el presente y de soñar es también la mejor herramienta contra la resignación, el pesimismo y el derrotismo que nos quiere hacer creer, incluso entre nuestras filas, que la llegada del fascismo al poder es inevitable también aquí. Nos lo volvió a recordar la actriz argentina Dolores Fonzi, en la reciente gala de los Goya: “Ustedes tienen tiempo aún, no caigan en la trampa”. Escuchémosla a ella y a todas las compas de ese país que no paran de repetirnos que vienen del futuro y es terrible.
Para eso, necesitamos más feminismos. Feminismos combativos y propositivos. Feminismos emancipadores, no esencialistas, de calle, de clase, antirracistas, interseccionales, que no se dejen seducir por cierres identitarios ni rearmes punitivos.
Feminismos que no se conformen con resistir, sino que peleen por avanzar. Que no solo aspiren a parar a quienes niegan las violencias machistas y recortan o eliminan recursos para las víctimas, sino a una sociedad comprometida con una cultura de la igualdad, la libertad y la autonomía, la diversidad, las relaciones de buenos tratos, la solidaridad y el respeto, y a un Estado y unas instituciones que prevengan, acompañen y reparen.
Antifascismos feministas que defiendan la autonomía corporal de las mujeres y las disidencias sexuales. ¿Cómo? Blindando el aborto en la Constitución; exigiendo una educación sexual que hable de placer y no solo de peligro; reconociendo la libre autodeterminación de género; rompiendo los corsés binarios que sostienen jerarquías patriarcales y nos constriñen a roles sexistas; y reivindicando nuestro a derecho a decidir a la hora de vestirnos. Porque, nadie, ningún Estado, tiene derecho a cubrirnos ni a descubrirnos, ni a vigilarnos o disciplinarnos.
Y por supuesto, feminismos que pongan en el centro de su agenda política condiciones materiales dignas para todas: derecho a la vivienda e intervención pública frente a la especulación; poder cuidar y ser cuidadas; sanidad y educación de calidad; más tiempo de vida y menos tiempo de trabajo; mejores salarios y pensiones y el cierre de las brechas de género… No hay emancipación posible sin justicia social.
Los feminismos antifascistas además no pueden mirar hacia otro lado mientras se levantan muros y se normalizan deportaciones. Ni en los Estados Unidos de Trump ni en una UE que endurece sus políticas migratorias, aprueba directivas de expulsión e internamiento y convierte sus fronteras en espacios de muerte. Defender el derecho a migrar y combatir las jerarquías coloniales es parte inseparable del pensar y el accionar feministas.
Como también lo es la defensa del derecho internacional y humanitario. En Gaza, en Irán, en el Sahara o en Ucrania exigimos paz, justicia y libertad. Exigimos el derecho a decidir de los pueblos.
Feminismos también que den cabida a todas aquellas personas que aspiran a una transformación social y material, también a los hombres. Abiertos al debate y el disenso, pero con una clara línea roja: ningún feminismo puede construirse negando agencia y derechos. Los feminismos que necesitamos no tutelan: acompañan, escuchan y construyen en común.
En estos momentos, todas sabemos lo que nos jugamos. Todas somos conscientes de que los avances conquistados en las últimas décadas pueden ser desmantelados desde las instituciones si la ultraderecha llega al poder. Lo estamos viendo en otras partes del mundo.
Por eso, quienes nos reclamamos feministas y participamos en la política institucional, mediante nuestra militancia en partidos, tenemos una especial responsabilidad, la de construir un frente lo más amplio posible para parar al fascismo. Pero, sobre todo, para vencer, para que podamos seguir avanzando. Nos va la vida en ello. Tejamos feminismos. Acabemos con el fascismo.
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