Emilio Delgado (Más Madrid): "Cada vez más gente me pide que sea el candidato a la Comunidad de Madrid"
El diputado en la Asamblea de Más Madrid repasa los últimos pasos del espectro político tras la noticia de la coalición de Por Andalucía y después de su acto junto a Gabriel Rufián. Además, lo tiene claro: "Estoy convencido de que se le puede ganar a Ayuso".
Vallecas amanece en un día soleado después de Semana Santa. El barrio obrero emblemático de Madrid mantiene las costumbres propias externas a la M-30: clases de boxeo en los aledaños del estadio del Rayo Vallecano, rutinas de los vecinos que sobreviven como pueden a la condena que sufren miles de madrileños —vivienda, inflación, sanidad, educación, precariedad...—, cafés que se suceden en los bares de toda la vida en el devenir de una nueva jornada y niños que aprovechan el día de Pascua para dar unos toques al balón. En medio de esa escena, Emilio Delgado (Madrid, 1976) espera a El HuffPost en el Parque de Juan José García Espartero, próximo al campo de fútbol. Su nombre ha atravesado en las últimas semanas la política española desde aquel encuentro con Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, donde ambos reflexionaron sobre el futuro de la izquierda y las tareas aún pendientes del amplio y complejo espectro progresista.
Dos meses han pasado de aquello y, desde entonces, la izquierda ha fracasado en los comicios autonómicos de Aragón y Castilla y León. Sin embargo, una nueva alianza se ha forjado para las próximas elecciones andaluzas, ¿se habrá aprendido la lección? Pese a ello, Delgado mantiene el foco en lo único que ocupa su agenda, pensamiento y ambición: Madrid. La cuenta atrás para que finalice el último año de legislatura ha comenzado, Más Madrid parte de la pole position de la izquierda para disputarle el Gobierno a Isabel Díaz Ayuso y el diputado en la Asamblea de la capital lo tiene claro: "Estoy convencido de que se puede ganar". "Es una comunidad con unas oportunidades brutales que cada vez está segregando y expulsando a más madrileños del lugar en el que han nacido y, por tanto, creo que hay condiciones para generar una alternativa progresista ambiciosa", asegura.
Más allá de las fórmulas y complejidades electorales, Delgado mantiene que, para la izquierda, lo importante debe ser seguir ensanchando el espacio y que Más Madrid "pase a ser un partido de Gobierno". Para ello, apuesta por no ceder la agenda a la extrema derecha; hablar de seguridad, interpelar también a los chavales de 18 a 25 años, aspirar a una ciudad "por y para los madrileños" y afrontar el mayor problema de la región: la vivienda. "Cada vez más gente me pide que sea el candidato a la Comunidad de Madrid", pincela sobre su futuro.
La izquierda después del acto con Rufián: "Más que el cómo es el para qué"
Confirmada la coalición de Por Andalucía, ¿se puede decir que la izquierda ha aprendido de sus errores?
Creo que criticar los errores de la izquierda meramente por la forma electoral es reduccionista. No tiene sólo ese problema, ni es el más importante. De hecho, hay otra opción que es Adelante Andalucía y que lo está haciendo bastante bien. Más importante que el cómo te vas a presentar a las elecciones es el para qué y qué vas a decir diferente del Partido Socialista. Resuelto el cómo, que me parece muy bien, hay que saber para qué te presentas.
Eso es lo fundamental y me da rabia porque es de lo que menos se está hablando. No sé si va a tener el éxito que muchos auguran. Hay pruebas suficientes de que a veces yendo solo un partido ha tenido mejores resultados que una coalición de partidos. En política dos y dos no son cuatro. Lo que sumas por un lado lo puedes perder por el otro.
Usted y Rufián apuntaron en el acto que la izquierda tendría que hacer un "enorme acto de generosidad", ¿se están dando pasos en esa dirección o queda camino por recorrer?
Se están dando pasos, pero insisto, lo fundamental es el para qué. ¿Qué va a hacer que la gente entienda que ese espacio político representa sus intereses mejor que ningún otro? Eso no se traduce en el número de partidos. Puede haber cinco formaciones juntas y que entre todas no sumen más de un 10%.
El objetivo es alcanzar un gran bloque de izquierdas que sea capaz de poner encima de la mesa un mensaje que tenga la misma potencia y la misma envergadura que lo que está proponiendo la derecha. Eso va mucho más allá de juntar tres o cuatro partidos.
Visto que Rufián ha recibido el rechazo de su propio partido y de otras formaciones como EH Bildu, ¿ve posible que este proyecto salga adelante?
No parece que la izquierda soberanista esté muy interesada en ese tipo de operaciones. Y tiene sentido porque quien tiene el mayor desgaste electoral es la izquierda de carácter estatal. Las fuerzas arraigadas en el territorio crecen o se mantienen; es el caso del BNG, Chunta, Més per Mallorca, Más Madrid... La mayoría de izquierdas territorializadas, vaya, y entiendo que esas fuerzas digan "yo creo que estoy haciendo las cosas bien, no quiero salirme de ese carril".
Fue la primera parada de esta 'gira', ¿qué opinión le merece el acto en Barcelona de Rufián e Irene Montero?
No me corresponde a mí valorar el acto. A mí me parece bien todos los intentos que haya para reformular la forma en la que la izquierda se dirija a la sociedad porque hay una crisis importante y tendrá que hacer lo que corresponda.
La fragmentación existe también en la derecha. Tenemos al Partido Popular, Vox, Alvise, fuerzas soberanistas o territoriales de derechas... La fragmentación no es exclusiva de la izquierda. Sin embargo, a ellos no les pasa factura electoral, sino que ensancha el campo de juego. De eso se habla poco y es lo que intenté en el acto con Rufián, que esto se incorporara a la conversación donde está la izquierda en espacios populares que ha perdido, como las parroquias, el fútbol y muchos barrios.
Hemos dejado que nos coman mucho terreno y hay que pensar cómo lo recuperamos allá donde se está dando la batalla sin presencia de la izquierda alternativa.
¿Mantiene en la actualidad contacto con dirigentes de Podemos?
No.
¿Quién debe liderar el espacio de Sumar en las próximas elecciones generales?
El nombre es relevante. Los liderazgos también contribuyen a Sumar en esa ecuación y hay nombres muy potentes. Está Pablo Bustinduy —aunque él mismo ya se ha encargado de decir que no—, Colau, Mónica García... No estoy en las negociaciones, pero entiendo que esas fuerzas tendrán que habilitar algún tipo de mecanismo para elegir a la persona que vaya a representar al espacio.
Uno de los temas que se pusieron encima de la mesa en el acto de Rufián fue el de la seguridad, ¿cómo puede la izquierda hablar de la seguridad sin caer en los marcos de la extrema derecha?
Es un tema que no tiene que ser la bandera principal de la izquierda, pero que desde luego tampoco puede rehuir de él. Está vinculado estrechamente con la cuestión de la desigualdad y que haya barrios donde la gente se sienta segura y tranquila y otros —particularmente los barrios populares— donde la gente no pueda disfrutar de esa sensación de seguridad, también es desigualdad.
Yo quiero que la gente obrera y trabajadora también viva tranquila en su barrio y los niños puedan bajar a jugar al parque con normalidad. Por ello hay que hablar de ello sin complejos y desde los marcos de la izquierda.
Hay sitios donde las rentas son mucho más bajas, los servicios públicos más precarios, las oportunidades son menos, los chavales no pueden disfrutar de la misma protección familiar que en otros sitios, porque las familias —en muchos casos monomarentales o monoparentales— trabajan muchas horas fuera de casa y es habitual ver niños con el agua al cuello que van del colegio a casa a hacerse la comida solos.
Eso no lo veo en barrios de rentas altas y es absurdo pensar que si se generan las condiciones para que los chavales estén todo el día en la calle sin nada que hacer no habrá un porcentaje de ellos que terminen delinquiendo. Da igual la nacionalidad. Eso pasa aquí y pasa en cualquier otro sitio del mundo.
Por tanto, la izquierda tiene que entrar en este debate hablando del precio de la vivienda, hablando del papel del Estado del bienestar, de las instituciones públicas para garantizar una buena calidad de vida. Seguridad también es tener un empleo al que ir por la mañana, un piso al que volver por la noche y buenos servicios públicos que atiendan a tu familia.
Antes del acto, se sacaron las declaraciones en una entrevista con elDiario.es en las que apuntaba al colectivo LGBTi, las mujeres y los hombres blancos heterosexuales y por las que recibiste críticas, ¿qué quiso decir?
Básicamente que con la misma intensidad con la que planteamos que hay que defender los derechos de las personas trans, de la población LGTB, de las mujeres o de los migrantes, hay que tender la mano a colectivos como los hombres jóvenes, blancos, de 18 a 24 años que están girando a la derecha y que algo tendremos que decirles. La izquierda también tiene que ocuparse de mirar a esa población y decirle que la igualdad para las mujeres también es libertad para los hombres, que el feminismo es positivo para nosotros.
Por ejemplo, yo no quiero pasar por cosas que tuvo que pasar mi padre. Él no tuvo ocasión de cuidarme a mí, estaba todo el día trabajando y además su rol era otro. Estoy teniendo la oportunidad de dedicar a mi hijo tiempo y atención que mi padre no tuvo oportunidades de dedicarme a mí y creo que eso es positivo para los hombres. Y es un mensaje que la izquierda tiene que trasladar.
Vivimos un momento político en el que sólo mejoran los resultados de las fuerzas regionalistas, ¿es esta la fórmula que se debe aplicar a nivel nacional?
Es lo más lógico. Al recomponer todo el espacio de la izquierda alternativa, se debería priorizar aquellas organizaciones a las que les está yendo bien, que parece que son capaces de plantear propuestas políticas en sus distintos territorios, que funcionan y que tienen buena acogida de la gente. Hay fuerzas que claramente han sabido generar esa unidad popular en torno a una sola marca y deberían priorizarse.
"Estoy convencido de que se puede ganar a Ayuso"
¿Va a presentarse como candidato a la Comunidad de Madrid?
Es una opción que valoro y que me tomo muy en serio. Cada vez más gente me lo pide; tanto desde dentro del partido, militantes o cargos públicos, como gente por la calle. Cuando se convoquen las primarias daré una respuesta definitiva. De momento lo que estoy haciendo es acercarme a barrios donde creo que hay que reconectar con mucha población para que el proyecto de Más Madrid pase de ser la primera fuerza de la oposición a ser fuerza de Gobierno.
En caso de que no salga, ¿baraja el Congreso?
Estoy centrado en Madrid y creo que que es una tarea que excede incluso el interés de los madrileños. Si desalojamos a la derecha en Madrid, sale ganando todo el espacio político en España y no quiero desviarme ni un milímetro de ello. Necesitamos llegar a votos que todavía no tenemos y eso se hace ampliando y ensanchando el espacio político. Ese es mi objetivo, obsesión, compromiso y lo que cubre la mayor parte de mi tiempo.
¿Qué relación tiene actualmente con la cúpula de Más Madrid?
Buena. Son compañeros de partido. Hay cordialidad y entendimiento.
¿Se ha perdido la transversalidad en el partido?
Falta la ambición de convertirnos en fuerza de Gobierno y para ello hay que aglutinar a gente muy distinta, pero que estén de acuerdo en lo fundamental. A veces estrechamos el campo de atención. No se puede señalar a alguien que lleve a sus hijos a un colegio concertado, lo que hay que denunciar es el intento de coaccionar a la población madrileña por parte del Partido Popular, estrangulando la oferta de servicios públicos, deteriorándolos y obligando a la gente a contratar seguros privados, pero en ningún caso culpabilizar o señalarlos. Esa es la clave.
Rita Maestre dijo en este periódico que había sitio para todo el mundo en el espacio, a falta de esa respuesta más concreta, ¿dónde se ve usted?
Estaré en el sitio en el que me pongan mis compañeros y donde me ponga la gente. El 80% del tiempo que he hecho política ha sido fuera de la política institucional y llevo ahora una década. Si la gente considera que me toca irme a mi casa, me iré y seguiré trabajando.
En los últimos años se han visto proyectos como la Mascletá, Madrilucía, Fórmula 1, macroeventos fuera de la M-30... ¿Se está perdiendo la identidad de Madrid?
Están utilizando toda la Comunidad de Madrid como un enorme parque temático, que está muy bien si tienes dinero para pagar la entrada, pero que si no te tienes que ir como hacen 200.000 madrileños todos los años —100.000 al extranjero y 100.000 a las provincias adyacentes—, porque no pueden permitirse el lujo de vivir allí donde trabajan. A la gente de Móstoles o de Parla la empujan a Toledo o a la gente de Alcalá de Henares la empujan a Guadalajara.
Eso no es un Madrid para los madrileños. Nosotros planteamos una cosa bien distinta. Yo lo que quiero es un Madrid donde se recupere la industria que se ha desplomado desde los años 2000. Estábamos en torno al 12% del PIB y ahora en el 6%, la mitad. Hay que reindustrializar Madrid, facilitar el acceso a la vivienda, —la gran asignatura pendiente de Ayuso— y apostar por buenos servicios públicos que no empujen a la gente a contratar seguros privados.
¿Comparte usted las críticas del delegado del Gobierno por los conciertos de Shakira y de otros grupos o festivales en el Iberdrola Music?
Se está gobernando pensando más en la foto que se puede hacer Ayuso de cara a las elecciones que los intereses y las necesidades de los vecinos, que están hartos de decir que no quieren vivir en un parque temático, que quieren vivir en una ciudad con derechos, con ciudadanía.
Junto a Galicia y Castilla y León, la Comunidad de Madrid es uno de los lugares que lleva gobernado por el Partido Popular desde hace más de 30 años, ¿en qué ha fallado la izquierda en esta región?
La izquierda no se ha tomado en serio Madrid durante mucho tiempo. Basta con acordarse de la etapa de Caja Madrid y cómo la izquierda participó en toda la fiesta de las 'tarjetas black'. Eso ha permitido varias décadas de oxígeno al Partido Popular en las que ha ido construyendo un ecosistema mediático y empresarial a la medida de sus necesidades.
Han fabricado un modelo de ciudadano que abomina de los impuestos, que abomina de los compromisos públicos, que cree que la única alternativa a Ayuso es Stalin o la ETA. Necesitamos una izquierda que demuestre que no, que hay espacio para políticas progresistas que mejoran la vida de la gente y que hagan de Madrid fundamentalmente una ciudad para los que viven aquí.
La semana pasada salió la noticia de que Consumo envió a 13 caseros, con más de 100.000 viviendas, una carta entre otras cosas para pedir la prórroga del alquiler de sus inquilinos, ¿es este el problema principal de Madrid?
Hay más caseros que tienen cinco casas que caseros que tengan una. En Madrid hay 500 personas que tienen más de 50 inmuebles. Este modelo de concentración de la propiedad en pocas manos de un bien básico como es la vivienda, lo que está llevando es a que millones de personas no puedan vivir aquí, a que haya madres que se tengan que sentar delante de sus hijos y decirles "te voy a tener que sacar del colegio e irnos a un sitio donde no conoces a nadie porque no me puedo permitir vivir en Madrid".
Eso hay que interrumpirlo ya y no lo va a hacer el Partido Popular. Hoy el parque público de vivienda es exactamente el mismo que había en 2005 cuando éramos mucha menos población. Y sería menor aún si un juez no hubiera obligado a la Comunidad de Madrid a recuperar viviendas que vendió a un fondo buitre. Hay que bajar el impuesto de transmisión patrimonial al 2% a la persona que se compra la primera vivienda y subirlo a partir de la tercera.
El PP ha votado en contra de establecer un teléfono de atención a las víctimas de las inmobiliarias que están cobrando comisiones ilegales, pero han abierto una oficina contra la okupación que recibe seis llamadas diarias y el 20% son de otras comunidades autónomas. Pero sobre todo, no puede ser que cada cinco años suba un 30% el alquiler.
El otro día Sumar puso pie en pared para aprobar el decreto de la prórroga de los alquileres, pero todo apunta a que caerá en el Congreso por Junts, ¿a qué se puede aferrar un joven ante esta situación?
A ese joven hay que decirle varias cosas. La primera es que esta medida que ha puesto el Gobierno es fundamental para ayudar a millones de personas en España a las que les vencen los contratos de alquiler. Y si no hacemos nada se van a encontrar con que su alquiler va a subir 300 o 400 € de golpe.
Lo que está proponiendo el Partido Popular y Vox es que la gente se busque la vida y van a ir al Congreso a decirles que les da igual lo que les pase. Por ello necesitamos es renovar un gobierno progresista y ampliarlo para no depender de los votos de Junts.
Una de las luchas que mantiene es intentar interpelar a esos jóvenes que se están acercando a posiciones de extrema derecha, ¿cómo se les puede convencer dada esta situación con la vivienda?
Creo que hay varios ejes en los que establecer un vínculo con con esta población. Uno tiene que ver con el feminismo. La derecha trata de convencer a sus jóvenes de que los avances en derechos de las mujeres son en detrimento de los propios. No es así, hay que hablar con estos jóvenes y decirles que el feminismo es algo que nos mejora a todos y que no va contra nadie, sino que favorece una sociedad más justa y democrática. Y el segundo es el de clase. Estos jóvenes, muchos, no han conocido un gobierno de derechas. Nosotros, sí. Yo he vivido en España cuando se ejecutaban 400.000 desahucios al año por parte del Partido Popular.
Es verdad que el Gobierno de coalición ahora mismo no ha conseguido darle a las iniciativas progresistas que ha puesto en marcha el impulso que necesitamos, pero la dirección a la correcta. La derecha está planteando ir en la dirección contraria. Necesitamos renovar y ampliar un gobierno progresista que apueste por el derecho a la vivienda. Dicho esto, creo que el Partido Socialista ha sido enormemente timorato en materias como la vivienda porque había cosas que podía hacer. La Ley de Arrendamientos Urbanos está en su mano; podría haber hecho el intento de establecer el contrato de alquiler indefinido y tampoco lo ha hecho.
El PSOE se queda corto. No podemos permitirnos el lujo de tener una ministra de Vivienda que salga a decirnos que "hay que apelar a la buena voluntad de los caseros". A los ministros no les ponen para que apelen a la buena voluntad de nadie, les ponen para que legislen.
Que la única respuesta del Gobierno —particularmente del PSOE— sea que las competencias de vivienda están en manos de las comunidades autónomas, gobernadas por el PP, y que "no hay nada que hacer", ¿puede desincentivar el voto progresista?
Es cierto que el 90 % de las competencias están en manos de las comunidades autónomas y, por tanto, el Partido Popular tendrá que dar explicaciones. Comunidades como la de Madrid, que llevan 27 años gestionando las competencias en materia de vivienda, han apostado por un modelo en el que "el mercado resolvería el problema". Sin embargo, lo que está haciendo es convertir el derecho de la vivienda en una fuente inagotable de preocupaciones y en un sumidero por el que se va el salario y los esfuerzos de la gente.
Ahora bien, también es cierto que desde el Gobierno central se puede hacer algo más, y el Partido Socialista tendrá que explicar por qué no actúa con mayor contundencia.
Un juez amplió hace unos días la investigación a un exalto cargo del Gobierno de Ayuso por prevaricación en los protocolos de las residencias durante la pandemia. Las familias, mientras, siguen pidiendo justicia. ¿Confía usted en que esto abra una vía para llegar a otros altos cargos y dirigentes del gobierno de entonces?
Los protocolos de la vergüenza son uno de los episodios más lamentables y más duros en la historia política madrileña. Primero porque fueron 7.291 personas las que fallecieron en condiciones miserables sin siquiera paliativos para poder asistirles, ni sus seres queridos para acompañarles, y segundo porque se sabía. Hubo miembros del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso que advirtieron de que estos protocolos eran inmorales y muy posiblemente ilegales.
Había altos cargos avisando de que estos protocolos tenían muchos problemas y se les ninguneó. Cuando lo pusimos encima de la mesa se nos llamó alarmistas y catastrofistas. Vox y el Partido Popular cerraron una comisión de investigación con conciencia de lo que estaban cerrando. Por eso, como digo, es uno de los episodios más duros. Yo confío en que los familiares van a seguir empujando la vía judicial y que al final se obtendrá algún resultado, como ha pasado con otras tragedias como la del metro de Valencia.
Parece que en Madrid y particularmente a Ayuso no le afecta nada electoralmente, ¿cómo es posible?
Madrid está viviendo una anomalía democrática: en solo mes y medio el Constitucional ha tumbado tres decisiones del Gobierno regional, y aun así no hay consecuencias políticas. Se recuerda que aquí se aplicaron protocolos que dejaron sin atención sanitaria a miles de personas durante la pandemia, que murieron más de 7.000 y no pasó nada. Y, además, que los familiares directos de la presidenta se enriquecieron con comisiones millonarias ligadas a contratistas de la Comunidad, algo que en cualquier otra región habría generado un terremoto político. Incluso cuando desde dentro del PP se denunció lo ocurrido —como hizo Casado— quienes acabaron fuera fueron los que señalaron el problema.
Todo esto sólo empieza a tener coste político desde la llegada de Más Madrid, porque durante décadas la izquierda no se tomó en serio la Comunidad. Creo que el trabajo está dando frutos y que ese desgaste empieza a afectar a Ayuso. Y, por eso mismo, veo posible que Más Madrid dé el salto de primera fuerza de la oposición a fuerza de gobierno más pronto que tarde.
Más Madrid ha acusado a Ayuso de montar un "esquema clientelar" con los espectáculos taurinos y ha llevado al Tribunal de Cuentas los contratos de la Comunidad de Madrid con la Fundación Toro de Lidia entre los años 2021 y 2025. ¿Qué esperan sacar de ahí?
Intentamos que se sepa la verdad. La Fundación Toro de Lidia lleva varios años sin presentar sus cuentas pese a estar obligada por recibir fondos públicos, y aun así continúa obteniendo financiación millonaria de la Comunidad de Madrid. Además de ese dinero público, la fundación obtiene ingresos relevantes por entradas, barras y venta de carne, sin estar sometida a la Ley de Contratos del Sector Público, lo que permite adjudicaciones directas. A ello súmale que concentra la mayoría de capeas y corridas en manos de una decena de empresarios que se repiten en municipios gobernados por el PP, por ello queremos saber si hay prácticas poco transparentes o éticamente cuestionables. Visto los precedentes no es descartable.
¿Te sorprendió que el juicio de González Amador se retrasara a 2027? Casualmente, después de las elecciones.
Estamos en esa anomalía democrática que te comentaba. Siempre pasan cosas curiosas. Los audios de Cospedal llevan esperando que alguien les haga caso en la Audiencia Nacional como tres años [según la Cadena Ser, esta semana han sido excluidos del juicio a la 'operación Kitchen'], el informe que el juez le pide a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil sobre el novio de Ayuso lleva nueve meses elaborándose, cuando hay otros informes que han tardado 48 horas en ponerse sobre la mesa.
En este caso, si el argumento es lo hacemos para no interferir en las elecciones, mal vamos, porque creo que es una forma muy evidente de interferir en las elecciones.
¿Cómo se puede articular la izquierda para ganar Madrid?
Estoy convencido de que a Ayuso se le puede ganar, pero no va de juntar a mil partidos, sino de que Más Madrid siga creciendo como lo ha hecho cada vez que se han abierto las urnas. Madrid es circunscripción única, aquí la proporcionalidad es directa y los votos no se pierden salvo que no llegues al 5%. Si alguien sabe que no va a llegar, quizá debería pensárselo, pero la realidad es que Más Madrid no ha dejado de aumentar apoyo. No es ninguna utopía recuperar la Comunidad y hay muchísima gente harta del abandono y el maltrato que el PP está imponiendo a la mayoría para beneficiar a turistas y a los más ricos.
Además, Madrid tiene unas condiciones privilegiadas para avanzar: gran parte de la administración del Estado está aquí, una red de transporte enorme, instituciones clave y un entorno que atrae empresas. Y aun así, en vez de aprovechar todo eso para que vivamos mejor, la comunidad arrastra un 20% de riesgo de exclusión, es la que menos invierte en educación, la que menos gasta por alumno universitario y la que tiene peores servicios sociales. Con estas oportunidades desaprovechadas y con tanta gente expulsada de su propia ciudad, sí, hay base y condiciones para una alternativa progresista ambiciosa.