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El Olympiacos gana su cuarta Euroliga ante un Real Madrid con menos "armas" pero al que plantó cara hasta el final

El Olympiacos gana su cuarta Euroliga ante un Real Madrid con menos "armas" pero al que plantó cara hasta el final

Los de Scariolo pierden su tercera final consecutiva, la segunda ante los griegos, que vencieron esta vez por 92-85.

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Tyson Ward del Olympiacos pugna por el bajón ante Chuma Okeke, del Real Madrid durante la final de la Euroliga disputada en Atenes, Grecia.EFE

El Olympiacos cumple su marchamo de favorito de la Final Four y gana su cuarta Euroliga al vencer al Real Madrid por 92-85 en un partido igualado y con emoción hasta el final, pero con decisiones arbitrales cuestionables. Un título que no lograba desde 2013, cuando también venció al equipo blanco. Llevaba cinco Final Four consecutivas, pero había armado un equipazo digno de NBA para volver a dominar Europa

El partido tuvo continuos giros en el marcador, aunque fue el Madrid quien estuvo más tiempo en ventaja. Tenía un plan ante la superioridad de cinco, de banquillo y bajo el aro, y vaya si lo cumplió, pero ni aun así Sergio Scariolo se queda sin su Euroliga, aunque el Madrid sigue reinando con 11 títulos entre Copa de Europa y Euroligas. 

Era el regreso de Scariolo tras 23 años fuera del Real Madrid. Solo le faltaba la Euroliga, en una carrera impresionante con dos ligas ACB, dos Copas, una Eurocup, un Mundial, cuatro Eurobaskets, una plata y un bronce olímpicos y un anillo de la NBA como ayudante en los Raptors.

Crónica de una muerte anunciada, pero que pudo acabar en "milagro"

Los de Sergio Scariolo cayeron con honor en un partido gigantesco, condicionado además por la ausencia de pívots para frenar el enorme poder físico griego. Aun así, el Madrid respondió con carácter, resistencia y un orgullo competitivo que le permitió pelear cara a cara contra el gran favorito hasta los segundos finales.

El gran protagonista madridista fue Lyles. El escolta firmó una actuación monumental con 24 puntos y mantuvo vivo al equipo blanco durante prácticamente toda la final. Su inicio fue sencillamente espectacular: diez puntos en los primeros minutos para silenciar parcialmente un OAKA convertido en una auténtica caldera.

El Madrid arrancó el partido con personalidad, agresividad defensiva y enorme acierto ofensivo. Cerrando bien la pintura y atacando rápido, los blancos llegaron a colocarse 3-15 ante un Olympiacos completamente superado en el arranque.

Olympiacos reaccionó con Fournier y el OAKA se convirtió en una olla a presión

Pero sobrevivir cuarenta minutos en Grecia era otra historia. Poco a poco apareció el músculo físico del Olympiacos. La segunda unidad elevó la intensidad, el partido empezó a endurecerse y el pabellón entró definitivamente en combustión.

Ahí emergió la figura de Evan Fournier. El francés lideró la remontada rojiblanca y terminó el encuentro con 20 puntos. Junto a Peters y Vezenkov, consiguió darle la vuelta al marcador antes del descanso mientras el ambiente empujaba cada posesión como si fuera una final de fútbol.

El tercer cuarto fue una guerra de nervios, faltas y tensión

Cada posesión parecía pesar toneladas. El ritmo bajó, aparecieron las faltas, las protestas y las revisiones arbitrales constantes. El partido dejó de jugarse solo con baloncesto y empezó también a jugarse con nervios. Olympiacos parecía tomar el control. Pero entonces volvió a aparecer el carácter del Madrid.

Facundo Campazzo y Andrés Feliz dieron aire al equipo cuando peor estaba. Hezonja respondió en momentos clave y el conjunto blanco consiguió cerrar el tercer cuarto por delante (61-65), alimentando la sensación de que la sorpresa seguía siendo posible.

El último cuarto fue puro drama. Cada ataque terminaba convertido en una prueba de supervivencia. Olympiacos golpeaba y el Madrid respondía inmediatamente. Hezonja sostuvo al equipo en los momentos más calientes y los blancos siguieron agarrados al partido incluso cuando el pabellón rugía como pocas veces se recuerda en una Final Four.

Los griegos aprovecharon mejor las faltas y los tiros libres en el desenlace. Entre revisiones, contactos dudosos y máxima tensión, Olympiacos logró abrir una pequeña ventaja decisiva: 84-80 a falta de un minuto.

La victoria del conjunto griego también tiene enorme peso histórico. Por primera vez desde la creación del actual formato de la competición, el equipo que terminó primero la fase regular logra conquistar finalmente el título.

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