BLOGS
30/12/2014 07:13 CET | Actualizado 28/02/2015 11:12 CET

El año en que reeditamos el 'No pasarán'

manifestacionLa lucha contra la ley fue la muestra de nuestro hartazgo frente a la política de recortes a la que nos ha condenado el PP desde que llegó al poder, pero también fue una batalla frente a un Gobierno que actuaba en representación de la alianza de la jerarquía eclesiástica y la derecha política contra la libertad de las mujeres.

El año 2014 podría pasar a la historia de nuestro país por muchos sucesos, desde la abdicación del rey Juan Carlos I y el inicio del reinado de Felipe VI a diferentes acontecimientos judiciales que han invadido nuestro día a día. Sin embargo, entre todos ellos, a mí me gustaría celebrar que en este año las mujeres reeditamos el "No Pasarán", y al hacerlo, conseguimos parar la mal llamada Ley de protección de los derechos del concebido y de la mujer embarazada. Nuestra lucha provocó la primera crisis de un Gobierno que había llegado al poder pocos años antes con mayoría absoluta y que, sin embargo, fue consciente de que su agresión a la libertad de las mujeres podría tener un coste elevadísimo para sus ambiciones electorales.

Hace aproximadamente un año, Gallardón decidió aguarnos la Navidad presentando la regulación sobre derechos sexuales y reproductivos más restrictiva que había tenido España en sus años de democracia, una muestra del gran recorte de derechos y libertades que estamos viviendo las españolas desde que el Gobierno del PP, utilizando la crisis como coartada, decidiera hacer un ajuste de cuentas con nosotras para, con ello, detener nuestro camino emancipatorio.

Pero tras el anuncio de la Ley, las mujeres nos pusimos en marcha. Si el Gobierno esperaba que las pasadas fiestas navideñas apagaran nuestras reivindicaciones, no lo consiguió, porque el debate sobre el aborto y la libertad ocupó páginas en medios de comunicación y redes sociales, espacios radiofónicos y televisivos, además de tertulias espontáneas en miles de encuentros familiares.

Durante esos días, las reuniones entre mujeres feministas, responsables políticos/as, líderes sociales y profesionales de diferentes ámbitos, se fueron sucediendo, mientras promovíamos protestas y reivindicaciones. Quiero recordar que unos meses antes habíamos descubierto a FEMEN, nos habíamos organizado en Plataformas como Decidir nos hace Libres, y habíamos comprobado con respeto y admiración que en este país hay muchos y muchas profesionales dispuestos y dispuestas a arriesgar su estatus con valentía si se trata de defender la libertad.

Además, habíamos emprendido el debate y la denuncia de la Ley en los Parlamentos Europeo y Nacional, en Parlamentos autonómicos y en Plenos municipales.

El momento cumbre, ese que mostró el reconocimiento de toda la sociedad hacia la lucha de las mujeres, fue el Tren de la Libertad, una iniciativa de las feministas asturianas (Tertulia Feminista Les Comadres y Mujeres por la Igualdad de Barredos). Durante ese 1 de febrero de 2014, decenas de miles de ciudadanas y ciudadanos se manifestaron en cientos de ciudades de todo el mundo. Y una vez más, Madrid se convirtió en el centro de la defensa de la libertad, puesto que fueron sus habitantes, junto a miles de personas procedentes de toda la geografía española, quienes, como hicieran otros y otras en diferentes momentos de nuestra historia, mostraron una vez más determinación y compromiso con las libertades frente a la reacción conservadora.

Fuimos muchas las mujeres que ese día nos encontramos en Madrid. Algunas, mientras gritaban "No pasarán", "Sí se puede", o acusaban a la Conferencia Episcopal de "machista y patriarcal", recordaban sus tiempos de pelea para decidir sobre su cuerpo y lamentaban tener que volver a la calle para defender lo mismo para sus nietas. Otras, las nietas, acudían por primera vez a una mani feminista en defensa de aquello que creían definitivamente conquistado. Las de mi generación caminábamos por el Paseo del Prado lamentando que estuviera sucediendo aquel ataque brutal a nuestra dignidad, pero no podíamos dejar de sentirnos emocionadas al ver a tanta gente caminando a nuestro lado. Todas sabíamos que estábamos viviendo un momento histórico.

Hacía años que las españolas veníamos luchando contra viento y marea por tener un lugar en la educación, la universidad, el empleo, la política, la empresa, la tecnología, la cultura y la sociedad, y en estas luchas habíamos conseguido grandes avances y las mejores leyes por la igualdad. Ante la ley Gallardón entendimos que no podíamos permitir que la derecha mostrara su rostro más reaccionario a costa de nuestros derechos, conquistados durante tantos años.

La lucha contra la ley fue la muestra de nuestro hartazgo frente a la política de recortes a la que nos ha condenado el PP desde que llegó al poder, pero también fue una batalla frente a un Gobierno que actuaba en representación de la alianza de la jerarquía eclesiástica y la derecha política contra la libertad de las mujeres.

Ganamos la batalla contra esta ley infame porque la sociedad española entendió la importancia de la libertad de las mujeres y compartió la conciencia laica que necesitamos para convivir en igualdad desde el reconocimiento de la diversidad de creencias, opiniones y valores. Sin esa complicidad, sin esa apuesta de los españoles y las españolas por los valores más profundos de la democracia, la victoria del feminismo no hubiera sido posible.

Hoy seguimos peleando por los derechos de las mujeres. A pesar de nuestra gran victoria, el 2014 ha sido un mal año para la igualdad, que se encuentra desparecida de entre las prioridades de la política.

Pero ante el inicio del 2015, y puesto que tengo la oportunidad de expresar un deseo para el nuevo año, espero que las feministas recuperemos ese "No pasarán" como símbolo de reconquista de nuestro derechos para volver al camino de la libertad y la igualdad, esa senda que nunca, ningún gobierno, debió intentar que abandonásemos.