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27/12/2012 08:11 CET | Actualizado 11/10/2013 12:11 CEST

¿El currículum de todos?

El anuncio de Campofrío presenta la realidad y nos sugiere cómo deberíamos enfrentarnos a ella. Es verdad que hay problemas, que los jóvenes se van, que los pensionistas mantienen a sus hijos y nietos. Pero con una sonrisa todo se supera. Parece un anuncio pensado por publicistas del Partido Popular.

Campofrío siempre me ha parecido un nombre muy poco adecuado para una marca de embutidos, ya que siempre he asociado este nombre a los cementerios, campos sin vida ni calor, llenos de cuerpos fríos. Es enfermizo, te doy la razón. Pero comprende que soy un enamorado del terror como género artístico. Por eso, cuando vi por primera vez el anuncio Los mejores artistas de Campofrío, en el que un grupo de cómicos come fiambres en un cementerio, hasta el final no supe si estaba viendo un remake de Holocausto caníbal o de La noche de los muertos vivientes o un anuncio de lágrima fácil en el que lo de menos es lo que se anuncia.

Campofrío ha conseguido lo que muchos anunciantes buscan: que se hable de uno más allá de los productos que ofrecen. Sus anuncios provocan discusiones sobre si son acertados o no, si nos sentimos identificados con ellos o no, en definitiva, son ejemplos de cómo conseguir estar en boca de muchos sin tener que recurrir a tópicos sobre la calidad del producto. Y siguiendo en esa línea este año ha presentado un nuevo anuncio titulado El currículum de todos en el que se pretende dar una imagen optimista de una realidad que no invitaría en principio a serlo mucho. Porque, por mucho que se quiera, exportar jóvenes preparados y tener infraestructuras deficitarias o sin utilizar, no es nada de lo que alegrarse.

Los anuncios sirven para vender y no necesariamente para educar. A veces se hace reflejando la realidad. Por eso, si se anuncia un detergente, generalmente aparece una mujer con el envase en la mano porque son las amas de casa las que se encargan de comprar los detergentes. Por mucho que consideremos necesario que los hombres compartan las tareas domésticas, la empresa lo que quiere es vender y no modificar hábitos sociales. Otras veces la realidad se presenta según a muchos les gustaría que fuera, como en esos anuncios en los que un hombre utiliza un desodorante y a las mujeres se les despierta la líbido.

El anuncio de Campofrío es mucho más sutil ya que presenta la realidad y nos sugiere cómo deberíamos enfrentarnos a ella. Es verdad que hay problemas, que los jóvenes se van, que los pensionistas mantienen a sus hijos y nietos. Pero con una sonrisa todo se supera. Parece un anuncio pensado por publicistas del Partido Popular en el que se nos sugiera que con buena cara y rememorando los buenos tiempos, todo se puede tragar. Además queda bien claro que nosotros (la clase media baja española) somos los buenos y los otros (los bancos, las agencias de calificación y Merkel) son los malos. Y los buenos, pobres víctimas, consumen productos Campofrío. Evidentemente, no se hace ninguna referencia explícita al partido gobernante porque eso eliminaría a sus votantes como posibles compradores, y lo que se pretende es vender.

Si Campofrío no tuviera miedo de esto último y quisiera reflejar la realidad mediante el humor y los payasos de la tele, sin por ello pretender que sonriamos mientras nos recortan derechos, podría utilizar el siguiente texto, una de esas perlas que uno encuentra por la red, perteneciente a Alberto Flecha:

Una de circo

- ¡Hola, Don Pepito!

- ¡Hola, Don José!

- ¿Vio al Madrid esta noche?

- Que soy del Barça, sepa usted.

- ¿Lo escuchó usted por la COPE?

- Es que yo escucho la SER

- Entonces usted lee El País...

- ¡Toma! ¡Y usted La Razón o el ABC!

- ¿No votará usted al PSOE...?

- ¡Ni muerto votaría al PP!

- ¡Al cuerno, Don Pepito!

- ¡Al carajo, Don José!

Si tienes cierta edad, habrás leído el texto con la entonación adecuada, con la cual te familiarizarías de niño. Teniendo en cuenta que este año ha fallecido Miliki, este sería un admirable homenaje a su persona y una forma estupenda de reírnos de nosotros mismos, sin buscar culpables en Alemania ni pretender que nos alegremos de tener aeropuertos vacíos.