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19/11/2018 07:17 CET | Actualizado 19/11/2018 07:18 CET

Cuando el patriarcado pase de moda, ¿quién visitará tu museo?

Yahoo Noticias
Museo Reina Sofía.

A principios de este mes de noviembre la artista Michelle Hartney llevaba a cabo una acción de guerrilla en el Metropolitan Museum of Art situando unas cartelas alternativas a las dispuestas por el museo, donde incluía mensajes feministas referidos a artistas como Pablo Picasso y Paul Gauguin. Hartney ponía sobre la mesa (más bien sobre la pared) que mientras se sigue insistiendo en la glorificación de algunos artistas y la idea de genio, no se señala tan explícitamente los comportamientos machistas de muchos de estos. "Ha sido el movimiento #MeToo el que me ha impulsado para incorporar un poco de justicia para las mujeres en el mundo del arte. Busco contextualizar estas obras para que quienes vienen al museo puedan aprender sobre estos artistas por primera vez". Hartney señala que su intención última no es descolgar las obras sino darles un sentido amplio al contexto en que estas se realizan, de manera que, por un lado, echemos abajo de una vez esa idealización del artista genio y, por otro, apreciemos las obras y a sus creadores bajo un prisma más amplio y realista.

Hace unas semanas, en la misma línea de Harnety, eran las veteranas Guerrilla Girls las que publicaban una nueva acción Tres maneras de escribir una cartela en un museo cuando el artista es un agresor sexual, señalando las denuncias por abusos que muchos artistas habían recibido y que seguían siendo casi un tabú.

Unos meses antes saltaba la noticia de que el Baltimore Museum of Art estaba vendiendo parte de las obras de su colección, en concreto obras de Andy Warhol, Franz Kline, Kenneth Noland, Jules Olitski o Robert Rauschenberg, y destinando esos ingreso a la compra de obras de mujeres artistas y artistas afroamericanos. Christopher Bedford, director del museo, declaraba que "no es razonable ni apropiado que un museo como este quiera hablar a una ciudad que es 64% negra a menos que reflejemos esta realidad de nuestros visitantes". Con las ventas de estos artistas el museo alcanzó más de 7,5 millones de dólares que ha destinado a la compra de artistas como Amy Sherald, Jack Whitten, Isaac Julien, Wangechi Mutu, Lynette Yiadom Boakye o Mary Reid Kelley, entre otras.

Es importante la iniciativa de la artista Ira Lombardía, que pidió que el museo cambiase la referencia de las cartelas y la web a las obras de Robert Capa

Hubo polémica sobre esta decisión, por supuesto, pero Bedford lo tenía claro: "Si hubiéramos vendido una pintura de Franz Kline para comprar una mejor, no hubiera habido ninguna polémica. Pero si vendes una pintura de Franz Kline y dices abiertamente que hay lagunas en tu colección, creadas por prejuicios conscientes o inconscientes, generas un terremoto en la cultura mainstream".

En casi todos los casos (y en muchos más que podrían citarse) ha sido el impulso del feminismo el que ha provocado estos cambios en las colecciones, en los museos. Las adolescentes y jóvenes, que salen a la calle por miles, gritan que #NoEsNo y ante la justicia patriarcal alzan la voz para recordar que cinco hombres penetrando repetidas veces a una chica en un portal #NoEsAbusoEsViolacion. Como feminista y comisaria de arte me pregunto dónde quedan los museos, las galerías, las colecciones, las exposiciones, los proyectos artísticos... ante esta oleada de indignación feminista. Como hemos visto, cada vez más, los museos se ven en la necesidad de transformar un discurso patriarcal y sesgado por uno inclusivo, crítico y que realmente muestre la diversidad de las creadoras y creadores o que señale los comportamientos abusivos de los "genios" que estos mismos museos han encumbrado.

En el caso español, sin embargo, los avances son lentos, lentísimos, por no decir que casi inapreciables. El Museo Reina Sofía, que cuenta con el itinerario Feminismo, una mirada feminista sobre las vanguardias, ideado por las profesoras Marián López Fernández Cao, Antonia Fernández Valencia y Asunción Bernárdez Rodal, no aplica más allá de este purple washing (ese lavado de cara de las instituciones incluyendo mínimas actividades vinculadas al feminismo para dar la sensación de que sí tienen un compromiso real con la igualdad de género cuando realmente no es así) la perspectiva feminista ni a sus adquisiciones, ni a sus exposiciones ni a sus cartelas. Es importante señalar la iniciativa de la artista Ira Lombardía, que a través de Change.org pidió que el museo cambiase la referencia de las cartelas y la web a las obras de Robert Capa: "Numerosos estudios e historiadores han confirmado que Robert Capa fue un pseudónimo utilizado por Gerda Taro y Endre Ernö Friedmann, hasta el fallecimiento de ella en 1937, momento a partir del cual fue utilizado en exclusiva por Friedmann. Por tanto, las imágenes sobre la Guerra Civil española que posee el Museo Reina Sofía son obra de ambos fotógrafos", señala Lombardía, que ha conseguido más de 70.000 firmas en su petición. Sin embargo, tanto en la página web como en las cartelas del museo, junto a las fotografías de Robert Capa figura exclusivamente el nombre del fotógrafo Endre Ernö Friedmann, nunca el de la fotógrafa Gerda Taro.

¿Qué esperan los museos españoles para dar el paso y ser más democráticos? Porque equilibrar la balanza de la desigualdad de género es un derecho humano básico

El caso del Museo Reina Sofía es solo un ejemplo de muchos... El Museo del Prado celebra la segunda exposición de mujeres artistas en 200 años (la primera fue Clara Peeters en 2016 en una minúscula sala que había que buscar con ganas, y ahora le suceden, juntas, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana) y de un total de 1.160 pinturas expuestas solamente seis son de mujeres.

Los números, si queremos, salen... y sino que le pregunten a la también artista Diana Larrea que con su proyecto Tal día como hoylleva más de 200 biografías de artistas mujeres publicadas en su Facebook, a diario, durante más de un año, poniendo en evidencia la cantidad y calidad de mujeres que han trabajado desde la escultura a la fotografía y en movimientos, épocas y estilos totalmente diferentes.

Me pregunto, como comisaria de arte pero también como quien visita museos, como ciudadana demócrata y, por tanto, feminista, ¿qué esperan los museos españoles para dar el paso y ser más democráticos? Porque equilibrar la balanza de la desigualdad de género es un derecho humano básico; es, de hecho, el quinto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que promueve la ONU, que define la igualdad de género como "no solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible". ¿Cómo puede la cultura seguir ajena a la necesidad de cambiar la perspectiva sesgada que ha reproducido durante siglos? ¿Qué responsabilidad social tienen los museos que siguen negando los nombres de las artistas en sus cartelas pero mantienen las de sus compañeros masculinos? ¿Cómo puede un museo ser "una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo" (ICOM) si más del 50% de esa sociedad no está representada? ¿Qué conserva, investiga, comunica y expone un museo cuyas colecciones, exposiciones y líneas de investigación están claramente sesgadas en pos de una mirada patriarcal y no igualitaria? Cuando el patriarcado pase de moda, ¿quién visitará tu museo?

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