Alquila su casa y sus inquilinos elevan la factura de la luz a más de 1.500 euros en tan solo tres semanas: “Es la regla más extraña de Airbnb que he tenido que implementar”
"No tuve ningún problema, excepto cuando llegó la factura de la luz".
Airbnb es una solución práctica para los viajeros y una fuente de ingresos para los propietarios. Sin embargo, el modelo de negocio puede tener varios riesgos como alojamientos que no coinciden con las fotos, inmobiliario roto y desgastado o cancelaciones de último minuto.
También puede verse envuelta en polémicas legales. La última se ha conocido este mismo lunes, cuando el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha denegado las medidas cautelares solicitadas por Airbnb para paralizar la sanción de 64 millones que el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 le impuso en diciembre de 2025 por infracciones en anuncios de alojamientos turísticos.
Pero no sólo existe polémicas con la justicia o decepciones de los huéspedes, también pasa con los propietarios. A veces, se pueden encontrar con situaciones que les obligan a implementar nuevas normas, como es el caso de Ashley Class quien alquila su casa mediante esta app.
Un alquiler para hacer negocios
Ashley Class ha compartido en su cuenta de TikTok @hostessashley la razón por la que tuvo que implementar la regla más rara en su casa de alquiler vacacional. "Me gusta pensar que la mayoría del tiempo soy razonable", justifica haciendo ver que no le quedaba otra alternativa para evitar que le volviera a pasar.
"Tuve un huésped que hizo el check‑in; venían por tres semanas, algo importante. Dejaron la casa en un estado increíble, cinco estrellas, ningún problema, excepto cuando llegó la factura de la luz", recuerda.
Según cuenta, el huésped no solo montó una estación de carga para vehículos eléctricos —que generalmente ya es cara—, sino que este hombre también pasó una semana empleando mi casa para la criptominería". Es decir, durante el alquiler utilizó varios equipos informáticos para la creación de nuevas criptomoneda.
Gracias a las cámaras de seguridad que tiene en la fachada de la casa pudo comprobar que en total, el hombre utilizó diez ordenadores diferentes, lo que elevó el consumo de electricidad a niveles por encima de lo normal.
Un negocio redondo para el inquilino
Con este método, el inquilino consiguió que les saliera más barato alquilar una vivienda y usar esa electricidad que hacerlo desde su propia casa. Ashley, por su parte, no salió tan bien parada: "Mi factura terminó siendo de 1.500 dólares por esas tres semanas". Sin embargo, la propietaria no lo dudó y reclamó a Airbnb que se hiciera cargo su inquilino de dicha factura.
Desde entonces su normal es clara: no se puede minar criptomonedas ni instalar una estación de carga para vehículos eléctricos. Además, ha especificado que si un cliente que alquila una de sus casas supera los 380 euros de factura eléctrica, tienen que pagar extra.