Ana y Erika, 40 años, tras dejarlo todo por una cuadra de vacas en Cantabria: "Nos apuntamos al gimnasio solo para ducharnos con agua caliente"
La pareja abandonó su vida anterior para rehabilitar con sus propias manos una antigua cabaña en plena montaña. Durante los primeros años llegaron a vivir sin agua caliente y durmieron más de un año en una tienda de campaña.

Lo que para muchos sería una pesadilla, para Ana y Erika era el precio que estaban dispuestas a pagar por cumplir su sueño.
Ambas, de 40 años, decidieron hace cuatro años dar un giro radical a sus vidas, dejar atrás la comodidad de la ciudad y trasladarse a una antigua cuadra de vacas en una zona montañosa de Cantabria para convertirla, poco a poco y con sus propias manos, en su hogar.
El camino, sin embargo, no ha sido sencillo.
Durante una entrevista en el canal de YouTube Monchileros, las dos mujeres reconocen que los primeros años estuvieron marcados por las dificultades económicas y la falta de comodidades básicas.
"Lo más difícil para mí ha sido la falta de comodidad. Al principio estuvimos en una situación muy precaria", explica Erika.
La cabaña estaba llena de estiércol cuando llegaron y tuvieron que ir mejorándola poco a poco. Cada avance, por pequeño que fuera, se convertía en una victoria. "De repente tienes un suelo, de repente tienes un baño seco... y cada paso es un logro", recuerda.
Más de un año durmiendo en una tienda de campaña
Las condiciones fueron especialmente duras durante los primeros tiempos de la rehabilitación.
Al enseñar el interior de la vivienda, explican que durante aproximadamente año y medio durmieron en una tienda de campaña instalada dentro de la propia construcción. "Fue horroroso", admiten entre risas al recordar aquella etapa.
La falta de aislamiento, el frío y la humedad eran constantes. De hecho, una de las primeras inversiones que realizaron fue instalar una estufa para poder soportar los inviernos cántabros.
"La humedad se te mete en el cuerpo", resume Ana.
El gimnasio como solución para ducharse
Pero probablemente la anécdota que mejor refleja las dificultades de aquellos años llegó cuando hablaron de algo tan cotidiano como una ducha caliente.
Preguntadas por sus objetivos más inmediatos, ambas coinciden en que una de sus prioridades sigue siendo mejorar la comodidad de la vivienda. "Mi plan de futuro máximo ahora mismo es terminar la casa, hacer el tejado y tener una ducha con agua caliente", señala una de ellas.
Entonces llega la confesión que ha llamado la atención de miles de espectadores. "Nos apuntamos al gimnasio para ducharnos calentitas en invierno y llegamos a ir alguna vez solo para ducharnos", revelan.
La escena era tan surrealista como sincera. "Entrábamos cantando: 'Hemos venido a ducharnos'. El gimnasio nos daba igual. Nos duchábamos y nos íbamos corriendo", recuerdan entre carcajadas.
Pese a todas las dificultades, ninguna se arrepiente del cambio de vida. Ambas aseguran que hoy se levantan cada mañana donde realmente quieren estar y consideran que el sacrificio ha merecido la pena.
"Estoy tan a gusto, tan feliz aquí", resume Erika, rodeada de montañas, huerta, gallinas y una casa que siguen construyendo piedra a piedra.
