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Europa sufre interferencias en la señal GPS desde 2019, y una empresa española sabe por qué: "Es un servicio crítico, como la luz o el agua"

Europa sufre interferencias en la señal GPS desde 2019, y una empresa española sabe por qué: "Es un servicio crítico, como la luz o el agua"

Un estudio de la Universidad de Texas (EEUU) sitúa a un satélite ruso como responsable de las anomalías, pero el trabajo se basa en investigaciones previas de Richard Bowden para la empresa española GMV.

Mapa que registra barcos, aeronaves y satélites y detecta posibles disrupciones en un nuevo centro de innovación y seguridad en Berlín, Alemania
Mapa que registra barcos, aeronaves y satélites y detecta posibles disrupciones en un nuevo centro de innovación y seguridad en Berlín, AlemaniaSean Gallup/Getty Images

Todavía cuesta imaginar las consecuencias de una guerra electrónica total, pero algunas noticias sirven de aviso. Desde 2016, ciberataques han dejado sin luz temporalmente zonas de Ucrania. El año pasado, el avión en el que viajaba la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia con cartas de navegación impresas: vieron interferencias en la señal GPS. No hubo heridos.

Entre 2019 y 2026, la Unión Europea sufrió hasta 75 "ráfagas de señales de radio de alta potencia", cada una de ellas de unos diez segundos de duración y todas en la frecuencia de 1558,5 MHz: la misma que usan los satélites de navegación (GNSS) en Europa y concretamente los satélites GPS. Esas ráfagas generaron interferencias en antenas de Rumanía a Groenlandia, según un reciente estudio de la Universidad de Texas (EEUU).

Además, esas ráfagas no afectaban únicamente al GPS, un invento estadounidense: también a los sistemas Galileo (iniciativa europea) o BeiDou (China).

Uno de los investigadores de ese estudio, Todd Humphreys, compartió en LinkedIn el origen de sus hallazgos: "A partir de una pista que nos llegó en noviembre de 2024 mi estudiante Zach Clements y yo hemos estado buscando las fuentes de las intensas ráfagas de interferencia GPS que han alcanzado a Europa durante los últimos seis años y medio". "Finalmente resolvimos el enigma".

El secreto estaba arriba. Había que mirar al espacio. Gracias a una fórmula matemática, cuadraron el origen de los pulsos: todo apuntaba a un satélite ruso, el Cosmos 2546 que entró en órbita hace ya seis años y que forma parte del Sistema Cósmico Edinaya, la red satelital de alerta temprana que la Federación Rusa emplea para detectar lanzamientos de misiles en todo el planeta.

Tras el descubrimiento, The New York Times logró una segunda confirmación por parte de la Fuerza Aérea estadounidense, también señalando al satélite ruso. Humphreys quiso recordar en sus agradecimientos el trabajo de Richard Bowden, responsable del departamento de Resiliencia y Seguridad en Tecnologías de Navegación de GMV: la multinacional española también estaba estudiando el misterio de las interferencias.

"Me alegra mucho que GMV haya aportado una confirmación independiente", ratificaba Humphreys. GMV es una multinacional española fundada a mediados de los 80 especializada en sistemas críticos para el espacio, la defensa, la ciberseguridad y el transporte: participa en el diseño y en el control de la infraestructura terrestre de Galileo, la alternativa europea precisamente al GPS, desarrollado en EEUU.

"Sabemos que no es un accidente, pero no sabemos si es malicioso"

Si alguien tenía algo que decir sobre la posibilidad de que haya ya una silenciosa guerra electrónica era GMV: la empresa española es líder en el control de satélites comerciales, opera en doce países y vende sus servicios en más de 80. El HuffPost ha entrevistado a Richard Bowden para analizar qué implica el hallazgo de este satélite ruso detrás de las interferencias en el GPS que también se emplea en el Viejo Continente.

"Llevábamos analizando estas interferencias desde 2019, teníamos unidades de detección de interferencias instaladas por toda Europa que nos envían alertas y análisis de cada anomalía que capturan", señala Bowden a El HuffPost. "Nos empezamos a dar cuenta de que en un pequeño número de ocasiones recibíamos alertas al mismo tiempo de varias unidades instaladas en localizaciones lejanas a más de 1.000 kilómetros".

Una de las oficinas desde las que GMV gestiona el control terrestre del sistema Galileo
  Una de las oficinas desde las que GMV gestiona el control terrestre del sistema GalileoGMV

Eso les hizo sospechar. Era posible que casualmente cerca de cada dispositivo hubiera algo interfiriendo al mismo tiempo. Pero "la explicación más probable era que algo estaba llegando del espacio". En cualquier caso, Richard Bowden matiza que prefiere no usar la palabra "disrupción". "Podemos decir con certeza que todas las interferencias eran intencionales y en el mismo espectro que los sistemas GNSS". "Pero no hay pruebas de que esas interferencias pudiesen provocar disrupción en los receptores".

"Tampoco entendemos por qué los satélites rusos del Sistema Cósmico Edinaya están transmitiendo esas señales, así que es peligroso alcanzar conclusiones", incide. "Podemos decir que no es un accidente, pero no que haya una intención maliciosa". Bowden abunda en que "es evidente que tanto las interferencias de radio y la guerra electrónica es algo ahora normal y esperado en todo el mundo". 

Pero lo "crítico" en este asunto es que unas interferencias de esta naturaleza "tienen el potencial de impactar a usuarios en toda Europa". "Si se hace con mala intención, existe la posibilidad incluso de suplantar o bloquear las señales satelitales de navegación", y esto es "particularmente preocupante porque no tenemos ni idea de qué impacto podría tener". "Vivimos en un mundo muy conectado y nos cuesta comprender hasta qué punto dependemos de una infraestructura como esta, tan crítica como la luz, el agua...".

La guerra electrónica que viene: "Debemos adoptar un nuevo enfoque para gestionar riesgos"

Al final, el especialista de GMV remarca en dos ideas: las interferencias del satélite ruso sobre el GPS europeo no es un accidente, aunque no hay pruebas de que sea un ataque premeditado. Por el otro lado, este incidente refleja lo críticas que son las comunicaciones y las tecnologías de navegación y posicionamiento espaciotemporal. Muy críticas, pese a que no se les preste la atención necesaria.

La idea de que desde un móvil a un avión tengan un GPS incorporado se da por hecha, por consabida. Pero las consecuencias devastadoras que podría tener un ataque que vaya más allá de una interferencia fuerte de 10 segundos todavía representan una incógnita. Es difícil comprender hasta qué punto muchas industrias confían su operativa en algo que se da por hecho, la geolocalización.

"No sabemos cómo responderían los complejísimos sistemas interconectados que operan en Europa (y más allá) ante una interferencia de gran alcance o en el peor de los casos en un ataque de spoofing (suplantación). Como consecuencia, resulta muy difícil formular recomendaciones o establecer requisitos y estándares para los sectores más críticos", advierte este especialista de GMV.

Que el GPS falle en un avión, por ejemplo, puede desembocar en que algunos sistemas se comporten de manera impredecible: desde los sistemas de aproximación a tierra hasta los pestillos de las puertas del baño de la aeronave. Si un ataque llega lo suficiente lejos no solo se verá algo así en un avión. "Por eso debemos adoptar como sociedad un enfoque nuevo para gestionar estos riesgos relacionados".

"Debemos reconocer que el posicionamiento y la sincronización temporal constituyen en esencia un servicio básico como la luz, el agua o las telecomunicaciones, y que de él dependen en mayor o menor medida casi todos los aspectos de la vida cotidiana y de la actividad económica. Debemos prepararnos para distintos tipos de amenazas, porque sabemos con certeza que terminarán materializándose", recuerda.

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Redactor SEO editorial en El HuffPost. Periodista curtido en redacciones de Málaga, Ceuta y Madrid. Graduado en Periodismo en la UMA, con máster en la Complutense de Madrid. Aprendí de economía en Bolsamanía, fui jefe de Política en Business Insider y coordinador de Actualidad en Difoosion y La Razón. Gané un premio por escribir sobre ciberseguridad. También he colaborado con Artículo14, Público, El Confidencial, El Español, o elDiario.es, entre otros.

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