Andrea Garza, ganadera de 23 años e ingeniera agrícola, cuida 1.400 ovejas en Garrapinillos: "Quiero quedarme en el campo, si me dejan"
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Andrea Garza, ganadera de 23 años e ingeniera agrícola, cuida 1.400 ovejas en Garrapinillos: "Quiero quedarme en el campo, si me dejan"

A sus 23 años, Andrea es ganadera de cuarta generación, cursa un máster en Ingeniería AgrÍCOLA y trabaja en ASAJA. 

Una joven mujer trabaja en el campo con su tabletGetty Images

El campo busca 'savia nueva' para dar relevo a las generaciones que ya se jubilan tras toda una vida dedicada a la ganadería, a la agricultura y al resto de mundos dentros del infinito y crucial sector primario. En esa nueva generación se inserta Andrea Garza, una joven de 23 años, que además de ser ganadera de cuarta generación es ingeniera agrícola.

A Andrea 'lo rural' nunca le fue ajeno. Tanto es así que esta mujer originaria de Garrapinillos (Zaragoza) creció rodeada de animales de labor y de extensiones ganaderas, algo difícil de encontrar en chavalas de su edad. Tanto es así, que ella misma admite que cuando contaba sus orígenes a sus amigas "llamaba la atención". Aún más, cuando explicaba que ella era la primera que quería ser parte de ese entorno. 

'Dos universidades' en una

Como detalla El Diario, lo que hoy continúa Andrea Garza es un negocio ganadero iniciado hace muchas décadas por sus bisabuelos. Y aunque luego pasaría por una universidad formal, no ha dejado de formarse en esa otra 'universidad', la del campo día tras día. 

Pero la propia Andrea matiza que "soy muy consciente de la situación", y por ello creía necesaria una formación académica para ampliar sus conocimientos y su visión. Así, se adentró en el grado de Ingeniería Agrícola en Huesca, donde terminó por confirmar su pasión por el campo... aunque a su madre "le costase" de inicio. 

Superado con éxito el rado, ahora cursa un máster en el mismo tema y compagina sus estudios con un trabajo en ASAJA Huesca... además de gestionar su propia explotación agropecuaria de unas 1.400 ovejas.

De todo ello —la experiencia familiar, sus primeros pasos como ganadera, su formación académica y su experiencia dentro de ASAJA— se ha ido empapando hasta tener clara la que llama su “misión", que no es sino ayudar a familias como la suya, de trabajadores del campo en explotaciones familiares de reducido tamaño. 

Son, como la suya, esas mismas explotaciones que sufren los embates de la burocracia y de las normativas que tan en pie de guerra tienen al sector primario. Y por supuesto de un mercado cada vez menos provechoso ante la subida de costes y la cuasi congelación de los precios de venta.

Conoce los problemas, pero también sabe disfrutar los muchos momentos felices, admite. "Disfrutar del amanecer y de los atardeceres que regala el campo, escuchar el agua corrrer, oír a mis animales 'hablar' entre ellos...". Estos son los placeres que Andrea no duda en enumerar cuando le preguntan por qué está tan metida en el mundo natural. Y si le preguntan por el futuro, aún más convencida señala que "quiero quedarme en el campo... si me dejan".

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