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Anna, enfermera, paga 415 euros al mes por vivir en una casa flotante desde hace 9 años: "Necesitaba más cielo, menos calendario y más estrellas"

Anna, enfermera, paga 415 euros al mes por vivir en una casa flotante desde hace 9 años: "Necesitaba más cielo, menos calendario y más estrellas"

La sanitaria cambió un apartamento convencional por una pequeña embarcación amarrada en un canal de Dinamarca.

Los gastos básicos de Anna rondan las 3.100 coronas danesas mensuales, aunque el mantenimiento y las reparaciones pueden elevar la factura.
Los gastos básicos de Anna rondan las 3.100 coronas danesas mensuales, aunque el mantenimiento y las reparaciones pueden elevar la factura.Getty

Anna trabaja como enfermera y suele regresar a casa después de largas guardias nocturnas. Pero su hogar no está en un bloque de pisos ni detrás de una puerta convencional. Desde hace nueve años vive en una pequeña casa flotante, amarrada en un canal tranquilo, donde el sonido del agua contra el casco sustituye al tráfico y al ruido de la ciudad.

Mantener ese modo de vida le cuesta alrededor de 3.100 coronas danesas al mes, unos 415 euros al cambio actual. Esa cantidad cubre el amarre, la electricidad, el agua y el seguro, aunque no incluye todos los gastos variables. El combustible, el gas y las reparaciones dependen de las necesidades de cada mes.

"Cuando llego a casa después del trabajo, aterrizo en otro mundo", explica en un testimonio recogido por el medio danés Montbutikken. La elección no respondió únicamente al ahorro. Anna buscaba una forma de vivir más sencilla, con menos obligaciones materiales y una relación más directa con la naturaleza.

Cambió el apartamento por una vida sobre el agua

La enfermera decidió instalarse en la embarcación porque sentía que su antigua rutina necesitaba más espacio, aunque no necesariamente más metros cuadrados. "Necesitaba más cielo, menos calendario y más estrellas", resume.

Encontró un barco resistente, equipado con una cocina pequeña y paneles solares en el techo. El interior tenía poco espacio para muebles y pertenencias, pero esa limitación no fue un problema. "Pensé que aquí mi corazón podría latir a su propio ritmo", recuerda.

Su vivienda obliga a aprovechar cada rincón. Nada puede ocupar espacio sin una utilidad concreta. Esa forma de organizarse ha reducido sus pertenencias y también ha cambiado su relación con el consumo. "En pocos metros cuadrados tengo menos cosas, pero más hábitos que tienen sentido", sostiene.

Qué incluyen los 415 euros mensuales

Los aproximadamente 415 euros que paga cada mes no equivalen a un alquiler tradicional. La cifra incluye el lugar donde permanece amarrada la embarcación, el suministro de agua, la electricidad y el seguro.

A esa cantidad debe sumar el gas, el combustible y los trabajos de conservación. Una avería en una bomba, una filtración o cualquier problema del casco puede disparar los gastos puntualmente. "Vivir sobre el agua no es gratis, pero es transparente. Algunos meses se destina más dinero al mantenimiento", reconoce Anna.

Ese coste reducido exige, además, cierta autonomía. La enfermera ha tenido que aprender a resolver pequeñas incidencias, revisar las instalaciones y comprobar regularmente el estado de los amarres.

Por eso aconseja a quien esté pensando en seguir un camino parecido que prepare un presupuesto realista, aprenda nociones básicas de reparación y pruebe primero durante una temporada. La vida flotante, advierte, también debe resultar soportable "cuando llueve, hiela o el viento destroza los planes".

La cara menos idílica de una casa flotante

Las imágenes de amaneceres sobre el agua pueden resultar atractivas, pero vivir en una embarcación también tiene inconvenientes. El frío, la humedad y las tormentas forman parte de la rutina. Cuando empeora el tiempo, Anna debe comprobar los cabos y asegurarse de que todo permanece sujeto. 

Tampoco puede ignorar una avería durante demasiado tiempo, porque un pequeño problema puede acabar afectando a toda la vivienda. "El tiempo es implacable. Pero, a cambio, la alegría de un día completamente tranquilo es mayor", afirma.

La comunidad creada entre quienes viven en el canal ayuda a sobrellevar esas dificultades. Los residentes comparten herramientas, bombas de achique y conocimientos para solucionar averías. "Nos ayudamos mutuamente, y no solo prestándonos azúcar", bromea.

El lugar donde descansa después de cada guardia

Para Anna, una de las mayores ventajas aparece después de las noches más duras en el hospital. Al regresar, prepara café en una pequeña cocina de gas y descansa escuchando la lluvia sobre el techo. "Cuando he tenido un turno muy difícil, me duermo con el sonido de la lluvia", cuenta.

Los paneles solares alimentan las luces y algunos electrodomésticos pequeños. El espacio y los recursos limitados también la han obligado a vigilar el consumo de electricidad y agua.

Tras nueve años en la embarcación, Anna no se plantea volver a un piso tradicional. Su casa requiere trabajo y no está libre de gastos, pero le ofrece algo que considera más valioso que los metros cuadrados: silencio, tiempo y una vida cotidiana ajustada a su propio ritmo.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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