Anne Augerau, arqueóloga francesa: "El hecho de que la inclinación al patriarcado de la especie humana parezca ancestral no significa que sea imposible de superar"
La experta asegura que la dominación masculina tiene raíces muy antiguas.
Durante siglos, el patriarcado se ha explicado como una consecuencia inevitable de la historia humana, casi como una herencia inscrita en nuestra propia evolución. Pero en los últimos años, arqueólogos, antropólogos y movimientos feministas han reabierto una pregunta incómoda: ¿la dominación masculina estuvo realmente presente desde los orígenes de la humanidad o es una construcción social que apareció mucho después?
En medio de ese debate, la arqueóloga francesa Anne Augereau, especialista del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap) y centrada en el Neolítico, ha publicado ‘Une préhistoire des femmes’. Un libro donde recorre del Paleolítico medio al Neolítico en Europa y el Próximo Oriente para estudiar cómo vivían mujeres y hombres en ámbitos como el matrimonio, la maternidad, la alimentación, el trabajo o la violencia.
Los avances en arqueología y antropología están obligando a replantear muchas ideas sobre el papel de ambos géneros en la prehistoria. “El hecho de que la inclinación al patriarcado de la especie humana parezca ancestral no significa que sea imposible de superar”, asegura Anne en una entrevista con Le Monde, una reflexión con la que intenta alejarse tanto de las lecturas fatalistas como de las versiones idealizadas del pasado.
No hay que idealizar el pasado
Según la arqueóloga francesa, los indicios disponibles apuntan a que la dominación masculina tiene raíces muy antiguas, anteriores incluso al Neolítico, pero eso no autoriza a convertir esa historia en destino. Además, Anne rechaza dos ideas muy difundidas en los últimos años: la de una prehistoria sin desigualdades de género y la de un matriarcado primitivo. Para la investigadora, comprender el origen de estas dinámicas es también una forma de cuestionarlas en el presente.
A su juicio, la evidencia material sugiere una división sexual del trabajo en la que los hombres habrían monopolizado el uso de armas letales y ocupado posiciones de poder, mientras las mujeres aparecían con frecuencia ligadas a la movilidad y al intercambio entre grupos. Una lectura que no busca cerrar el debate, sino poner orden en un terreno donde durante décadas han pesado más los mitos, como el de la mujer cazadora, que las pruebas.
De esta forma, la especialista francesa Anne Augereau insiste en que no hay que idealizar un pasado igualitario ni asumir que la subordinación femenina es una ley natural. Para ella, entender cómo se construyeron estas relaciones de poder a lo largo de la historia es también una manera de demostrar que pueden cambiar porque, aunque el patriarcado parezca tan antiguo como la propia humanidad, eso no significa que sea eterno.