Anne-Mie y Marc, abuelos, cuidan a sus nietos todos los martes: "Nunca estamos de brazos cruzados"
"Lo importante es la diversión”.
En Sint-Pauwels, un pequeño pueblo cercano en la Provincia de Flandes Oriental (Bélgica), los martes no son un día cualquiera. Para Anne-Mie Noens y Marc Heyndrickx, ambos de 62 años, esa día de la semana está marcada en rojo desde hace casi una década ya que es el día en que cuidan cinco de sus seis nietos.
“Nunca estamos de brazos cruzados”, dicen entre risas, al medio belga HLN, conscientes de que su rutina dista mucho de la imagen tranquila e independiente que se suele asociar a la etapa de la jubilación.
Ambos siguen al frente de sus negocios —ella dirige un estudio de arquitectura y él una empresa de ropa de seguridad—, pero han organizado su agenda como autónomos para reservar ese día a la familia. Max (9), Jerom (7), Arlette (7), André (5), Oscar (1) y la pequeña Mia (3 meses) son el centro de su semana.
Una logística perfecta
La dinámica comienza temprano. Oscar llega entre las ocho y las nueve de la mañana y, a media tarde, Anne-Mie conduce hasta el colegio para recoger a los mayores. La pequeña Mia aún no se suma a la jornada, pero pronto lo hará. Todo funciona como un engranaje bien coordinado, posible gracias a la flexibilidad laboral de la pareja.
Lejos de convertirse en un “nido vacío”, su casa está llena de actividad: partidos de fútbol en el jardín con la nueva portería, tardes de manualidades, videojuegos, juegos de mesa y galletas recién horneadas. Marc, que se autodefine como el “chef de guardia”, no duda en preparar una gran cazuela de pasta para once personas. “Cocines para dos o para once, lo importante es la diversión”, afirma.
Amor incondicional y desgaste físico
Sin embargo, no todo es idílico. El cuidado continuado también deja huella. “Si tienes que salir por la noche cuando uno está enfermo, te das cuenta de que te estás haciendo mayor”, admite Anne-Mie. Recientemente cuidaron durante diez días al pequeño Oscar, que estaba muy enfermo. “Fue una dura batalla”, reconocen.
Aun así, el agradecimiento de sus cuatro hijos y nueras compensa el esfuerzo. “Sin nosotros, no podrían combinar trabajo y familia como lo hacen ahora”, aseguran. Para ellos, el apoyo no es una obligación, sino una elección consciente.
Un fenómeno que sostiene a las familias modernas
La experiencia de Anne-Mie y Marc encaja con un estudio realizado por MyFamily, entidad reconocida por el gobierno flamenco, entre 600 mayores de 60 años. La investigación revela que los abuelos flamencos dedican una media de diez días al año por nieto durante las vacaciones escolares. En familias numerosas, la cifra puede alcanzar los cuarenta días anuales.
El 60% de las personas de 60 años ofrece cuidado durante periodos festivos, frente al 35% de los mayores de 70 años. Además, el 65% afirma asumir este rol de forma voluntaria y consciente. Por otro lado, las actividades más comunes están orientadas a la conexión: comer juntos (73%), jugar (52%) y recoger a los niños en la escuela (47%).
Un hogar que nunca se vacía
Para Anne-Mie, hay también un componente emocional. Cuando nació su primer nieto, su hijo menor aún vivía en casa. “Es maravilloso que nuestra casa nunca haya sido un nido vacío y que no lo vaya a ser en los próximos años”, afirma. Le gusta el bullicio, la convivencia, la sensación de continuidad.
Aunque reconocen que las expectativas hacia los abuelos pueden ser altas —un 12% de los encuestados así lo percibe—, solo un 6% siente que el cuidado les resta demasiado tiempo personal. De hecho, un tercio preferiría pasar aún más tiempo con sus nietos. Para Anne-Mie y Marc, cada martes es más que una ayuda práctica, es una inversión en vínculos “indestructibles”.