Antonio García Villarán, pintor: "La enseñanza del arte en España es malísima; en Rusia meten caballos dentro del aula para pintarlos del natural y aquí eso no existe"
"Me di cuenta de que eso no tiene sentido".

Hoy en día el arte es cada vez más accesible, una ventaja tanto para el público como para los propios artistas, quienes pueden darse a conocer de manera mucho más fácil.
Aún así, el conocimiento y la técnica siguen siendo características indispensables, por lo que la enseñanza no deja de tener un papel crucial para la mayoría de los artistas.
¿Y tenemos en España una buena educación artística? Esta es una pregunta que el pintor Antonio García Villarán ha contestado de manera muy directa durante una entrevista en el podcast Tengo un Plan, dirigido por Juan Domínguez y Sergio Beguería.
"La enseñanza del arte en España es malísima", ha afirmado el artista, quien ha comparado la educación española con la rusa. "Es que ves la Academia de Rusia y son con modelo natural vivo, meten hasta los caballos dentro para pintar caballos al natural, con ropajes, con no sé qué…", ha explicado el experto.
Y esta crítica a la educación española no es una provocación gratuita. Es una tesis que, según ha comentado, lleva años defendiendo: "Mi tesis iba sobre la enseñanza del arte". Y su argumento principal parte de algo muy concreto: la falta de formación técnica frente a otros países.
Rusia como espejo incómodo
Uno de los mayores contrastes que García Villarán encuentra es el modelo educativo ruso, el cual califica como un prototipo ideal para la enseñanza artística. "Yo me meto en perfiles de pintores y pintoras jóvenes rusos que digo: ¡Madre mía, cómo pinta esta gente! ¿Cómo es posible que hagan esto?", ha exclamado, sorprendido.
"A nivel técnico, a nivel de composición… los rusos son brutales. Y es porque tienen un tipo de enseñanza que aquí no la hay", ha asegurado el artista.
Además, García también ha señalado otro foco del problema: una mentalidad que, según él, condiciona a los artistas desde su formación. "Cuando salí de la Facultad de Bellas Artes tenía mucho prejuicio", ha reconocido.
"Me decían que había que hacer algo nuevo, que tenía que pintar algo que no hubiese pintado nadie", ha explicado, criticando la presión académica constante y asfixiante por perseguir la innovación y la originalidad.
Y según ha reconocido el pintor, ese enfoque, lejos de ayudarle, terminó bloqueándole. Hasta que cambió de perspectiva. "Me di cuenta de que eso no tiene sentido. O sea, cada artista tiene una personalidad", ha apuntado.
"Yo no pintaba el óleo porque me decían que el óleo ya había pasado. Pero a mí me encanta el óleo. ¡Es que me encanta! Desde pequeño me ha gustado el óleo. ¿Por qué no voy a pintarlo? Al revés, tendré que ser el mejor pintando el óleo", ha reivindicado el artista.
La reivindicación de pararse a mirar
Esa relación profunda con el arte se refleja también en su forma de visitar museos y apreciar las obras. Frente al cada vez más frecuente consumo rápido del arte, Villarán propone lo contrario.
"Yo voy al Prado y digo: hoy voy a ver tres cuadros", ha explicado. "O incluso uno. Me puedo pasar mirando un cuadro dos o tres horas", ha confesado el artista, reivindicando el volver a mirar con calma.
Algo que asegura que también le ayuda a integrar las obras, a profundizar con ellas. En concreto, el artista ha recordado un momento frente a El nacimiento de Venus, en Florencia: "Caí de rodillas en el suelo".
Una reacción que ni él mismo termina de explicarse: "Yo creo que hay algo que no es científico. Me he preguntado muchas veces qué tienen los cuadros que hacen que no solo a mí, sino que a mucha gente nos transmitan cosas, nos digan cosas, nos pongan los pelos de punta o incluso nos hagan llorar".
"El artista al pintar algo tiene que dejar algún tipo de energía o la energía se tiene que transformar de alguna manera que se transmita al receptor, porque mucha gente capta esa magia, si lo quieres llamar así, eso es lo que tiene el arte", ha concluido.
Toda una vida en un trazo
Además, una de las frases más reveladoras de la conversación tiene también que ver con el tiempo.
Así, entre risas el artista ha contado durante el podcast que cuando alguien se sorprende por la rapidez con la que puede hacer un dibujo, él lo corrige: "No, no he tardado siete días en hacerlo. He tardado 49 años y seis días".
Una forma de explicar que la técnica no se improvisa o cae del cielo, sino que también se aprende, se practica y se construye con esfuerzo y dedicación. "Yo he tardado 49 años de mi vida en llegar a esto, y aún así sigo aprendiendo", ha insistido.
Entre Picasso y Magritte
Cuando se le pregunta por referentes, su respuesta oscila entre lo evidente y lo inesperado. Por un lado, reconoce la importancia de Pablo Picasso: "Sin Picasso no se explica la historia del arte".
Pero también pone en valor a figuras como René Magritte, a quien describe desde una perspectiva más íntima. "Tenía una vida normal. Vivía con su mujer, pintaba en el salón… una vida súper sencilla. Y, sin duda, sus pinturas me parecen más interesantes que cualquiera", ha concluido.
