Candela Antón, antropóloga, sobre el blanco de los ojos humanos: "Es una apuesta evolutiva por la cooperación sobre el engaño"
La investigadora española reflexiona sobre la importancia social de la mirada y explica cómo un pequeño rasgo físico exclusivo del ser humano sentó las bases de nuestra civilización

Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero para la ciencia evolutiva son muchísimo más que eso: son el gran motor de nuestra civilización. Aunque solemos dar por sentada nuestra visión y la forma en la que miramos a los demás, hay un detalle anatómico concreto que cambió para siempre el rumbo de nuestra especie.
Candela Antón, antropóloga y divulgadora española, ha querido profundizar sobre este fascinante tema a través de su cuenta de TikTok. En uno de sus últimos vídeos, la científica pone el foco de análisis en lo que llamamos coloquialmente "el blanco de los ojos", cuyo nombre técnico es la esclerótica.
Antón explica por qué esta zona es de un blanco inmaculado en los seres humanos, mientras que en el resto de los primates presenta tonos muy oscuros o totalmente pigmentados.
“La esclerótica es blanca en los humanos y oscura o pigmentada en prácticamente todos los demás primates. Esto no es un detallito menor, es una señal evolutiva con consecuencias profundas”, declara.
La hipótesis del 'ojo cooperativo': evolucionar para entendernos
Para entender este fenómeno, la experta recurre a la famosa "hipótesis del ojo cooperativo". Esta teoría plantea que la esclerótica humana evolucionó y se volvió blanca, precisamente, para facilitarnos la comunicación social. Al tener un fondo claro alrededor del iris, resulta facilísimo saber hacia dónde está mirando exactamente la persona que tenemos enfrente sin necesidad de que hable.
“Seguir la mirada del otro es la base de la atención conjunta y la atención conjunta es la base del aprendizaje cultural, de la enseñanza y de la colaboración”, señala. En este orden de ideas, Antón sugiere que “de una manera muy rocambolesca” la mirada es el fundamento de la civilización. “Es que la esclerótica es una apuesta evolutiva por la cooperación sobre el engaño”, puntualiza.
No obstante, mostrar nuestras intenciones con la mirada tiene un coste a nivel biológico. Carecer de un "ojo oscuro" para camuflar hacia dónde miramos tiene sus contrapartidas. “Te hace más legible, más predecible y más vulnerable”, sostiene.
Para rematar su exposición, la investigadora lanza una reflexión final y muy necesaria sobre la progresiva deshumanización que estamos sufriendo como consecuencia de nuestro aislamiento digital.
“En un mundo donde cada vez nos relacionamos más a través de las pantallas, sin ver realmente ese blanco de los ojos de los demás, ¿crees que podríamos decir que estamos perdiendo algo que forma parte de nuestra humanidad más profunda?”, concluye.
