Carmen, de Casa Rua, el bar que lleva desde 1940 haciendo bocadillos de calamares en la Plaza Mayor: "En un día fuerte de Navidad llegamos a vender 8.000"
La tradición gastronómica más castiza sigue reinando en el corazón de la capital madrileña.
Cuando los turistas piensan en Madrid, inmediatamente se les vienen a la cabeza lugares icónicos como el Santiago Bernabéu, la Puerta de Alcalá, el parque de El Retiro, la Puerta del Sol y, cómo no, la Plaza Mayor.
Pero más allá de los monumentos, la gastronomía es uno de los pilares fundamentales que definen la cultura y el alma de una ciudad.
A escasos metros de la Plaza Mayor, justo en el corazón del Madrid de los Austrias, se encuentra Casa Rúa, un mítico bar con más de 80 años de historia. Fundado en 1940, a día de hoy sigue siendo un local que se abarrota a diario, atrayendo tanto a visitantes extranjeros como a madrileños de pura cepa. El creador de contenido gastronómico Rufo ha visitado este emblemático establecimiento para charlar con Carmen, quien actualmente regenta el negocio.
Una tradición familiar con mucha solera
Carmen explica que Casa Rúa es pura herencia familiar y que su objetivo innegociable es continuar con este legado durante muchísimos años más para seguir defendiendo la cocina popular. "Estamos aquí intentando mantener la tradición como algo familiar, algo también muy cultural, muy español. De verdad, los bocadillos de calamares no queremos que se pierdan", comenta con orgullo.
La fórmula del éxito no tiene demasiado misterio, pero exige dedicación. "La clave es mantener el legado, mantener la solera, mantener el producto, mantener la calidad", agrega otro miembro de la familia.
"Creo que somos de los más antiguos de España en bocadillos de calamares; por lo menos en Madrid no creo que haya muchos bares que lleven más de 80 años, y que pensamos seguir otros 80 por lo menos, todo lo que se pueda", complementa.
Colas kilométricas y 8.000 bocadillos en un solo día
Carmen detalla que el bar ha mantenido su afluencia de clientela con el paso de los años. "Se forman unas colas tremendas que no podemos evitar porque no damos abasto. En un día fuerte de Navidad llegamos a vender 8.000 bocadillos de calamares", confiesa, dejando clara la magnitud del volumen de trabajo que manejan en esas fechas.
Aunque el turismo es un motor económico fundamental para el centro de la ciudad, en Casa Rúa guardan un cariño especial a su clientela de toda la vida. "Estamos encantados de que vengan turistas, pero también nos encanta que los locales vengan con sus hijos, nietos, de toda la vida; es algo romántico", concluye.