Claudia, 68 años, cierra su hostal en Tabernas tras 25 años: "España está siendo sacrificada como 'batería de Europa' en lugar de preguntarse si queremos seguir viviendo a este ritmo"
El precio inevitable de la transición energética en pequeños municipios.

El paisaje rural del sureste español está cambiando a una velocidad que muchos vecinos apenas logran asimilar. Donde antes dominaban el silencio, los cultivos y los cielos abiertos, hoy se observan hileras de paneles solares, torres eléctricas y caminos de obra. Para algunos, es el precio inevitable de la transición energética; para otros supone la pérdida de un modo de vida que creían haber encontrado lejos del ruido y la prisa.
Es el caso de Claudia Scholler, una alemana de 68 años que ha decidido cerrar el pequeño hostal que regentó durante 25 años en Tabernas (Almería). Llegó desde Hamburgo atraída precisamente por ese paisaje sereno y casi intacto que ahora siente que se desvanece. Su despedida no es solo la de un negocio, sino la de una forma de entender la vida en un entorno que, según lamenta, se está transformando demasiado rápido y sin contar con quienes lo habitan.
“Cuando vi esta zona por primera vez, me impresionó el silencio, el cielo estrellado, el aire puro”, asegura Claudia en declaraciones recogidas por der Freitag. Habla sobre una comarca tranquila donde el turismo sostenible y el cine siempre habían sido un activo local. Sin embargo, la expansión de megaproyectos fotovoltaicos y líneas de alta tensión ha cambiado la fisionomía del territorio y la vida cotidiana de vecinos y hosteleros.
“Renovables sí, pero no así”
España ha registrado en los últimos años una intensa expansión de las energías renovables, con un crecimiento sostenido de grandes plantas solares y eólicas, especialmente en regiones como Andalucía, convertidas en epicentro de esta transformación. “España está siendo sacrificada como ‘batería de Europa’ en lugar de preguntarse si queremos seguir viviendo a este ritmo”, lamenta Claudia, reflejando un malestar cada vez más extendido entre parte de la población local.
Este impulso, favorecido por políticas europeas y la urgencia climática, continúa redibujando el territorio a gran velocidad y abriendo un debate sobre sus efectos reales en el medio rural. El descontento se ha traducido en protestas y plataformas ciudadanas bajo el lema “Renovables sí, pero no así”, que reúnen a agricultores, ecologistas y vecinos preocupados por el impacto paisajístico, la pérdida de tierras agrícolas y el uso del agua en zonas semiáridas.
Para Claudia, que en 25 años vio cambiar la clientela, la economía local y el propio paisaje, el cierre del hostal es tanto una decisión personal como un símbolo de reivindicación. La llegada de los grandes parques solares no solo transformó el entorno visual, sino que también convirtió el silencio en un zumbido mecánico constante. Como otros vecinos de Tabernas, siente que su proyecto quedó atrapado en un modelo de desarrollo que avanza más rápido que la capacidad del territorio para asumirlo.
