Davi, brasileño: "Ir a una favela a hacer turismo es apoyar un sistema de crimen y drogas"
"La gente paga por ver una realidad de la que nosotros intentamos alejarnos"
Las favelas de Río de Janeiro se han convertido desde hace años en una parada para muchos viajeros que van de vacaciones a Brasil. Los recorridos guiados y, especialmente, las visitas nocturnas a los populares “bailes funk” aparecen cada vez con más frecuencia en plataformas turísticas y redes sociales, donde se presentan como una experiencia auténtica y diferente.
Una situación que escandaliza a los locales, quienes denuncian el fomento de este tipo de turismo y aseguran que, lejos de ayudar a las comunidades, contribuye a normalizar un entorno liderado por el crimen organizado.
Así lo explica Davi, un joven de São Paulo que no duda en cuestionar una práctica que cada vez atrae a más extranjeros que van a visitar el país pero que "no ayuda para nada a los residentes".
"No es turismo cultural, es turismo de morbo"
"Ir a una favela a hacer turismo es apoyar un sistema de crimen y drogas", afirma con contundencia Davi. "Muchos turistas acuden a esas fiestas convencidos de que están viviendo una experiencia cultural", expone el brasileño, explicando que, en realidad, están entrando en espacios donde existen problemas muy graves.
"No entiendo cómo se ha convertido en una atracción turística algo así", censura, y añade que, a su juicio, se está vendiendo "una realidad muy dura" como si fuera una aventura para visitantes: "No es turismo cultural; es turismo de morbo", resume.
"La gente paga por ver una realidad de la que nosotros intentamos alejarnos", expone el brasileño. Aunque reconoce que el baile funk forma parte de la cultura de muchas comunidades, considera que eso no puede ocultar el contexto de delincuencia en el que se desarrollan estas fiestas.
Una cuestión de ética y un ocio peligroso
Davi insiste en que existe una enorme diferencia entre la percepción que tienen muchos turistas y la de quienes conocen el país desde dentro. "Los brasileños no vamos a esos bailes; van los turistas", afirma.
"Si sabes cómo funciona realmente una favela, te lo piensas dos veces antes de ir", sostiene. En su opinión, muchas personas desconocen que la mayoría de estas favelas están controladas por organizaciones criminales y bandas de narcotraficantes.
De hecho, incluso las propias empresas que organizan las visitas recomiendan acceder únicamente con guías especializados, respetando normas muy estrictas para proteger su propia integridad y teniendo en cuenta que su incumplimiento puede acarrear consecuencias graves.
Por ejemplo, está terminantemente prohibido fotografiar determinados puntos de la favela o a ciertos individuos. Además, es común ver a gente armada y a narcotraficantes y es completamente habitual ver mesas con drogas y armas expuestas en las zonas donde se concentra la fiesta.
"No es un parque temático; allí vive gente de verdad"
Para Davi, el debate no debería centrarse únicamente en la seguridad, sino también en el dilema ético de convertir este tipo de escenarios en un producto turístico. "Hay personas que están haciendo negocio con una realidad muy dura", lamenta.
"No deberíamos convertir el sufrimiento de un barrio en una atracción turística", continúa. A su juicio, muchas veces se olvida que detrás de esas imágenes virales viven miles de personas que afrontan problemas cotidianos muy alejados del ocio con el que se promocionan estos lugares.
"No es un parque temático; allí vive gente de verdad", recuerda. "Hay una diferencia entre conocer una realidad de un país y consumirla como entretenimiento”, expone, y acaba dejando claro que una favela “no es una experiencia que represente a Brasil, representa un problema".