Despide a una carnicera por llevar un segundo negocio tras el mostrador: "muslos de pollo" era la palabra clave para los clientes
La Justicia cita al supuesto comprador tras las dudas sobre las pruebas aportadas por la empresa.
Lo que comenzó como un despido disciplinario por una presunta venta de cocaína durante la jornada laboral ha terminado en un procedimiento judicial que todavía no está cerrado. Una carnicera de la ciudad neerlandesa de Leeuwarden fue despedida de forma inmediata después de que sus empleadores aseguraran haber descubierto que utilizaba la trastienda del establecimiento para vender droga a algunos clientes.
Sin embargo, aunque la trabajadora ha reconocido que vendió cocaína en alguna ocasión, niega haberlo hecho dentro de la carnicería, una diferencia que ahora resulta clave para el proceso judicial.
El tribunal considera que, por el momento, no existen pruebas suficientes para dar por acreditado que el tráfico de drogas se produjera en el lugar de trabajo. Por ello, ha ordenado continuar con la instrucción del caso y ha citado a declarar al supuesto comprador de la cocaína antes de adoptar una decisión definitiva sobre las reclamaciones económicas planteadas por la exempleada.
El mensaje que desencadenó toda la investigación
Según recoge la resolución judicial, los hechos se remontan al 19 de diciembre del año pasado. Ese día, la trabajadora recibió un mensaje de texto de un cliente. Tras ese contacto, acudió a su puesto de trabajo llevando dos gramos de cocaína en el bolso.
Poco después, el comprador entró en la carnicería y se dirigió directamente a la trastienda del establecimiento.
Los propietarios revisaron posteriormente las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad y sostienen que en ellas puede apreciarse cómo el hombre extrae la droga del bolso de la empleada y le entrega el dinero correspondiente.
Durante la investigación también declararon tanto el supuesto comprador como otro compañero de trabajo de la mujer. Ambos aseguraron que aquella no habría sido una operación aislada.
Según el cliente, había adquirido cocaína a la trabajadora en varias ocasiones y, con frecuencia, ambos se citaban en un supermercado Jumbo de Leeuwarden para realizar las entregas.
Por su parte, un compañero explicó a los dueños del negocio que la propia empleada le había confesado que vendía droga con cierta regularidad, incluso durante su jornada laboral.
La empresa acumuló más reproches contra la trabajadora
Pocos días después de los hechos, la carnicería decidió despedirla de manera inmediata. La presunta venta de drogas no fue el único motivo incluido por la empresa en la carta de despido.
Los propietarios también reprocharon a la empleada diversos comportamientos que, a su juicio, perjudicaban el funcionamiento del negocio.
Entre ellos figuraba el uso excesivo del teléfono móvil durante el trabajo, salir a fumar con la ropa de trabajo puesta y cometer errores frecuentes al preparar los pedidos de los clientes.
En la comunicación escrita, los responsables del establecimiento incluso aseguraban haber percibido un cambio en su comportamiento. "Estás mucho menos lúcida que antes", señalaron en el diario neerlandés AD.
Además, los empresarios sostienen que, cuando comunicaron el despido, la mujer reaccionó con una frase que interpretaron como una confesión. Según su versión, respondió: "¡Qué tonta, qué tonta! Jamás debí haber hecho eso aquí".
Para la empresa, esas palabras confirmaban que las operaciones de venta de cocaína se habían producido dentro del establecimiento.
La trabajadora admite haber vendido droga, pero niega que fuera en la carnicería
La exempleada recurrió el despido ante los tribunales. Solicitó una indemnización y la compensación económica correspondiente por la extinción de su contrato. Durante el procedimiento reconoció haber vendido cocaína.
No obstante, insistió en que esas operaciones nunca tuvieron lugar en la carnicería. Según declaró, las ventas se realizaron en el supermercado Jumbo y no durante su jornada laboral en el establecimiento cárnico.
También explicó que había eliminado los mensajes de texto intercambiados con el comprador porque sentía vergüenza por lo ocurrido. Esa eliminación de las conversaciones impide ahora reconstruir con precisión el contenido de las comunicaciones previas a la supuesta transacción.
El tribunal considera que todavía faltan pruebas
A pesar de las imágenes de las cámaras de seguridad y de los testimonios aportados por la empresa, el juez considera que, por ahora, no puede darse por demostrado que el tráfico de drogas se produjera en la carnicería.
Por ese motivo, el procedimiento continúa abierto. El tribunal ha acordado citar al supuesto comprador de la cocaína para que declare personalmente y ha requerido a ambas partes que aporten nuevas pruebas que permitan aclarar exactamente dónde y cómo se produjo la venta.
Lo que sí parece descartado es un posible regreso de la trabajadora a su antiguo puesto. La resolución deja claro que, independientemente del desenlace del litigio laboral y de las posibles indemnizaciones que puedan corresponderle, la relación de confianza entre la empresa y la empleada ha quedado completamente rota.
El caso, por tanto, sigue pendiente de una resolución definitiva, que dependerá de las nuevas pruebas y de la valoración que el tribunal haga de los testimonios incorporados al procedimiento.