El director general que colgó la corbata para cuidar a su hija dependiente y que su mujer volviese a trabajar
La historia de Israel Coronado se hizo viral tras dejar su puesto de directivo para estar a tiempo completo con su hija con discapacidad y que su esposa pudiera volver a ejercer de profesora. En otras palabras: sí, claro que hay esperanza en la lucha feminista.
Su nombre es Israel Coronado. Hasta el pasado mes de febrero era el director general de The Hive, un grupo especializado en producción audiovisual, marketing y redes sociales tanto en España como en Portugal. Ocupó ese puesto de alta responsabilidad durante los últimos seis años, tras haber dirigido, los cuatro años anteriores, la sección audiovisual de la compañía, The Hive Way. Una de esas biografías que retratan una trayectoria profesional de ascenso y de éxitos. Pero esa no es la historia que explica por qué Israel es un ejemplo en nuestra sociedad.
En los últimos compases de enero, Coronado se hizo viral en una red social en la que la viralidad acostumbra a tener otros componentes muy diferentes a los que puede tener en X, Instagram o TikTok. Lo hizo en un entorno digital donde se comparten historias más relacionadas con las antes mencionadas biografías de éxito empresarial. Su post en Linked-In acumuló cerca de 7.000 'me gusta', con más de medio millar de comentarios y siendo compartido un centenar de veces.
En ese dicha publicación en su muro de la red profesional por excelencia, Coronado no hablaba de ninguna estrategia novedosa que pueden aplicar las firmas o de alguna implementación tecnológica revulsiva. No, simplemente hacía un anuncio personal. El de que dejaba a un lado su carrera profesional y su puesto como director general. Tampoco era otra de esas publicaciones sobre la 'gran renuncia' o el burnout, que tanto arrasan en esta red. Todo respondía al motivo de esa decisión. ¿Cuál? La de un directivo que colgó la corbata, no solo para cuidar a Loreto, su hija con discapacidad, sino para que fuese su esposa la que pudiese volver a incorporarse a su puesto de trabajo.
"Nosotros rezábamos para que no fuera algo cerebral"
La historia de Israel Coronado cayó en manos de El HuffPost durante una salida a la calle, precisamente, en busca de ejemplos de hombres en la lucha por la igualdad y el feminismo. Cuando le preguntamos por esos pequeños gestos que había ido incorporando a su vida y su día a día o por esos momentos clave en los que se había concienciado sobre la necesidad de un mundo más igualitarios entre ambos sexos, lo que comenzó a relatar no iba de recoger platos o de ayudar en las tareas domésticas. Era otro nivel.
"Mi hija tiene una discapacidad intelectual muy muy grave y durante los primeros tres años y medio de vida la ha estado cuidando mi mujer", explicaba en ese momento, señalando que ello conllevaba una reducción completa de la jornada de su puesto como director general y se había acogido a la prestación CUME (Cuidado de Menores afectados por cáncer u otra enfermedad grave). Pero aquello solo era la superficie de una historia más grande.
Israel y María, su esposa, tienen ahora cinco hijos. El segundo de ellos, el pequeño Israel, tiene ahora 14 años, pero también tuvo que aprender a convivir con una discapacidad visual. Nació con aniridia, "una enfermedad rara en la que no tienes iris y esto implica que tienes que llevar siempre gafas en exterior y tienes baja visión", relata su padre. Es usuario de la ONCE y, de hecho, su progenitor se emociona al otro lado de la línea indicando que en esos momentos, estaba camino de Sevilla para jugar un partido de fútbol sala.
Coronado explica que es una enfermedad genética, pero ninguno de ellos tenía ese gen, lo que se denomina de novo y para ellos "fue un diagnóstico demoledor". A los dos meses de nacer, lo llevaron al neurólogo y este les explicó que podría tener una lesión cerebral grave. "Nosotros rezábamos para que no fuera algo cerebral", rememora el padre, apuntando que "a mí me ayudó muchísimo en ese momento que mi padre había trabajado con la ONCE y me puse en contacto con el profesor que había trabajado, Juan Luis, quien me dijo algo muy importante: 'Tú ayer tenías un hijo con el que estabas feliz, pues hoy tienes el mismo hijo pero con un diagnóstico diferente. Pero ese diagnóstico no es una losa sino la primera piedra sobre la que construir su desarrollo'".
Aquel profesor les trasladó que había casos de aniridia en los que acaban practicando deporte, incluso pudiendo jugar a la vídeo consola. Fue un rayo de esperanza que acabó materializándose con el tiempo. Pero no fue fácil, de hecho, por aquel entonces ni existía la CUME, por lo que tras hablarlo largo y tendido decidieron que ella cogería una excedencia de su trabajo como intérprete de signos. Ella contaba con capacidades pedagógicas y de atención mayores a las de él, pero le acabó costando el trabajo al regresar de ese tiempo de cuidado. Pero lo que vendría años después fue totalmente distinto.
"Fíjate lo que nos tenía preparado el destino"
"Fíjate lo que nos tenía preparado el destino", reflexiona Israel Coronado, indicando que "yo siempre digo que la discapacidad de Israel [hijo] nos estaba preparando de alguna manera para Loreto, todo en mi vida ha dirigido un poco hacia esto". El de su hija fue "un diagnóstico completamente diferente" y de hecho, no fue tras nacer, fue prenatal. La pandemia del coronavirus ya había irrumpido, concretamente en plena segunda ola en España, María tuvo que acudir sola a la ecografía. Llegaba allí con la esperanza de que les diesen la buena noticia que esperaban, que después de cuatro chicos, tendrían una niña. Pero a veces, las buenas noticias, llegan acompañadas de una mala.
"Lo que le dijeron a María es 'mira, viene con una malformación cerebral grave, incompatible con la vida'", explica Israel, señalando que cuando les dijeron que tenía una enfermedad rara de baja prevalencia les pusieron la opción de abortar encima de la mesa. Loreto tiene holoprosencefalia, lo que supone que "su cerebro no se va a desarrollar, no se va a dividir". A lo que "ella insistió y dijo: 'Oye, ¿qué es, pero qué es?' y los médicos le dijeron 'pero si no importa'". Ahí se dijeron: "Pues vamos a tener una hija que se va a morir".
Coronado explica que le pusieron el nombre de Loreto porque habían estado en el santuario en honor a dicha virgen en Italia. Allí fue donde le habían pedido tener una niña. "En este caso fue esperar sin esperanza", recuerda de los meses de un embarazo muy complicado para la madre, en los que tuvo que estar postrada, a sabiendas de que era muy difícil de que esa pequeña no falleciese después de ser concebida. Incluso antes.
Tanto Israel como María son creyentes y provida, pero deja muy claro que pueden "llegar a entender también a las personas que, con un diagnóstico de estas características, toman una decisión diferente a la nuestra". Es decir, su decisión es la de ellos, pero no creen que tengan que imponerse a nadie. Tuvieron choques iniciales, ante los comentarios de profesionales que les recordaban que el aborto seguía siendo una opción. "'Sabéis que podéis abortar' o 'sabéis que debéis abortar'", repasa Coronado, que declinó la oferta cordialmente pidiéndole que no insistiesen pues habían decidido.
Hubo cambio de profesional, pero Coronado recuerda que tampoco le dio falsas esperanzas y le recomendó que no comprasen ropa ni cuna, porque el golpe emocional podría ser aún mayor. Pero aún hubo más. Cuando estaban preparando una salida de vacaciones, María rompió aguas. Pero le faltaban cuatro meses para salir de cuentas. Con todo en contra, por encima iba a ser bebé prematuro, que además de la holoprosencefalia venía con otra dolencia extraña conocida como la duplicación de elección del cromosoma 8P. Entraba en riesgo la vida de la madre por lo que se acordó la cesárea.
"Si es un milagro para nosotros que somos católicos, en términos médicos es algo completamente incomprensible", valora Coronado de unos momentos que fueron muy duros, a pesar del inesperado desenlace. "Yo lo único que pedí, en mi caso, fue que no se ensañaran con la niña, o sea, que no la mantuviesen con vida artificialmente y que me la dieran inmediatamente para poder bautizarla", detalla del conocido como bautismo de urgencia.
"Iba preparado, con la virgen y con el agua de Fátima en el bolsillo como quien lleva una pistola", comenta con una mezcla de ironía de quien ya sabe que la historia sale bien. Pasaron de estar preparados para despedirse de su pequeña en cuestión de minutos a que los profesionales sanitarios irrumpieran preguntando por qué no estaba la niña en la incubadora. Luego llegaron las pruebas en cuidados pediátricos de la Fundación Jiménez Díaz y la niña que no iba a poder respirar, respiraba, la que no iba a ver y escuchar, veía y reía. A los dos meses, ya estaban en casa.
Obviamente, no han sido unos años fáciles. Hubo varios operaciones e intervenciones, como una válvula para la hidrocefalia o la reconstrucción craneal -en realidad dos, porque hubo que repetir la primera-. Siempre operaciones a vida y muerte con el temor de que no llegase a cumplir su primer año. Hasta que un día, su padre le preguntó al neurólogo por cómo veía la situación. La respuesta fue: "'Oye, Israel, yo no veo ningún motivo por el que esta niña no vaya a vivir más que tú'". Conociendo todos estos datos, es más sencillo comprender por qué Coronado tomó la decisión de colgar la corbata y ponerse él al frente de los cuidados de Loreto.
La decisión que tomó por ellas
"En esas operaciones, mi mujer ya tenía la CUME y, en su colegio de Parla, la solicitó porque quería estar con ella y no sabía cuando se iba a morir", señala Israel Coronado, quien confirma las lógicas dificultades para llegar a fin de mes con cinco hijos. Era inviable para la economía familiar que dos no trabajasen. Pero hubo algo que le hizo clic en la cabeza. "Cuando estaba en esa operación, yo seguía muy enganchado al trabajo e incluso en momentos que tenía libres contestaba llamadas, escribía correos... como director general de la empresa había cosas que tenían que salir", apunta.
"Y me di cuenta de que eso no podía seguir así. Lo más importante en este momento era mi familia y tenía que dar un cambio", desarrolla, indicando que fue esencial la información para poder dar el paso e intercambiar los roles con su esposa. Coronado cree que es clave para que muchos otros hombres y mujeres hagan uso de esta prestación el saber cómo funciona. Por ejemplo, con 50 años, quería saber si afectaría a su jubilación o a la cotización -no lo hace-. Ahí les ayudaron desde la asociación Asfacume.
"Una persona que lleva tres años y medio cuidando al 100% a una niña con esta discapacidad, pues al final pierdes un poco la relación la realidad, hemos seguido teniendo relaciones sociales pero vives para la niña", explica de lo que le llevó a proponerle el cambio a su mujer. "Me di cuenta de que ella había tirado del carro tres años y medio y que era el momento en el que yo debía ocuparme de mi familia y ella lo vio fenomenal porque es que le encanta su trabajo, siempre quiso volver a trabajar", subraya Coronado.
Y ahí llegaron otros bellos momentos. "Tiene diez niños de un año en su clase y es feliz, cada día me viene contando lo que han hecho", resume contento de las jornadas de María, indicando que lógicamente ha sido dura la adaptación de no pasar tanto tiempo con Loreto, pero que era necesario para ella "recuperar su vocación". Y él, ¿a qué renunció? Coronado "acababa de estrenar un documental, Mujeres de tierra y cielo, con la asociación de mujeres rurales Fademur, acababa de presentar una campaña en Canal Sur súper chula y en un momento ilusionante en el que parece que la empresa también se va a dirigir a contenidos en televisión".
No obstante, a renglón seguido, Israel anota que "lo que de verdad me hace ilusión ahora es estar en casa con mi hija y cuidar a mi familia". También explica que la respuesta en la empresa cuando dio la noticia fue muy buena, donde cree que fue clave el haberlo hablado con antelación: "Lo que hice fue decirlo con muchísimo tiempo, solo hay que decirlo con quince días, pero yo lo dije con tres o cuatro meses". También respiró tranquilo cuando conoció a su sustituto, "que yo digo que es mejor que yo", y vio que el equipo quedaba en buenas manos.
Su día a día pasa ahora por acompañar a Loreto al colegio o a las terapias a las que acude en centros especializados. Prepara "meriendas especiales" para la familia y reconoce que "he puesto más lavadoras y secadoras que en toda mi vida", pero también rasca algo de tiempo para divulgar este tipo de historias y casos, por ejemplo, la labor de colectivos y asociaciones u organismo como la Fundación Porqueviven, para poner en valor los cuidados paliativos pediátricos.
Cuando se le pregunta si alguna vez se había definido como feminista, Israel Coronado piensa un rato y señala que no. De hecho cree que su historia "no es algo que aplaudir porque deberíamos ser siempre así". Cree que en su caso influyó "el hecho de haber trabajado con una organización feminista y llevar 25 años contando historias de mujeres maravillosas, empoderadas, fuertes... pues también ha tocado mi corazón". También corrobora que otros hombres le han escrito para comentarle su "valentía" o para decirle que habían perdido su matrimonio por no tomar esa opción, por "tener el trabajo como lo primero siempre". Además, deja un recado y recuerda que hay madres con la CUME a las que nadie aplaudió por hacer lo mismo que destaca con él por ser un hombre.
Coronado también desvela que no solo fue viral el post de Linked-In, ha recibido miles de comentarios en Instagram, además de un gran apoyo en los momentos más difíciles, cuando no sabían qué ocurriría al nacer Loreto. Pero, antes de despedirse, regala una valiosa lección, quizás la mayor de todas: "Yo no veo esta historia como una renuncia, de yo ya no soy el director general. Yo lo veo como, ahora soy el papá de mis hijos a tiempo completo. Es un proyecto nuevo, una aventura nueva y no implica una renuncia. Implica una opción de vida".