El bellísimo monumento que han puesto de pago obtiene 200.000 euros por la venta de entradas en dos semanas
“La visita es más segura y memorable”, asegura el concejal de Turismo.

El auge del turismo masivo en las grandes ciudades europeas está obligando a replantear la forma en que se visitan algunos de sus lugares más emblemáticos. Para evitar aglomeraciones, proteger el patrimonio y mejorar la experiencia de quienes los recorren, cada vez son más los destinos que aplican medidas para regular el acceso, desde límites de aforo hasta pequeñas tarifas simbólicas.
La última iniciativa llega desde Roma, donde el acceso a la icónica Fontana di Trevi ha comenzado a cobrarse en determinadas zonas, una decisión que en apenas dos semanas ya ha generado cerca de 200.000 euros en ingresos. Esta medida, además de recaudar fondos para la conservación del patrimonio, busca ordenar las visitas y aliviar la presión constante que sufre uno de los monumentos más fotografiados del mundo.
Entre el 2 y el 15 de febrero, las primeras semanas de funcionamiento del nuevo sistema de acceso regulado, se contabilizaron 105.536 visitantes en la zona controlada de la fuente, de los cuales 99.763 adquirieron entrada, mientras que 5.773 accedieron de forma gratuita, principalmente residentes. Acercarse a la balaustrada y lanzar la tradicional moneda cuesta actualmente dos euros por persona, una tarifa simbólica que contribuye a ordenar el flujo de visitantes y mejorar la experiencia, tal y como recoge La Repubblica.
Una experiencia más agradable
El Ayuntamiento estima que el nuevo sistema podría reportar varios millones de euros al año, más concretamente, las primeras estimaciones oficiales sitúan la cifra en torno a 6,5 millones anuales. Estos fondos se destinarían principalmente al mantenimiento y conservación del patrimonio histórico de la ciudad, así como a la mejora y cuidado de monumentos y plazas públicas, incluida la propia Fontana di Trevi.
En la otra cara de la moneda, desde el extranjero varios editoriales han advertido del riesgo de convertir en atracción de pago un elemento del disfrute público. Concretamente, un artículo en el Financial Times puso en duda que cobrar para ver de cerca la Fuente no altere la relación simbólica de la ciudad con ese espacio. Según estas críticas, medidas de este tipo podrían transformar gradualmente uno de los rincones más emblemáticos de Roma en una experiencia turística cada vez más regulada y comercializada.
No obstante, para el concejal de Turismo, Alessandro Onorato, esta iniciativa mejora la calidad de la visita: “Los flujos son más ordenados, el tiempo que se pasa allí es más relajado, la visita es más segura y memorable”, ha señalado, y subraya la reducción de empujones y de palos de selfie que antes asomaban sobre las cabezas de la gente. En paralelo, el responsable de Cultura del Ayuntamiento, Massimiliano Smeriglio, defiende el enfoque como una política que entiende la cultura “como un derecho de ciudadanía” y no sólo como una fuente de ingresos.
En este contexto, algunas fuentes municipales señalan que muchos vecinos que antes evitaban pasar por la plaza debido a las aglomeraciones ahora vuelven a acercarse para contemplar el monumento con más calma. Con menos empujones y un flujo de visitantes más ordenado, la experiencia en torno a la Fontana di Trevi se ha vuelto, según defienden, más tranquila y agradable tanto para turistas como para los propios romanos.
