El fotógrafo español que lleva 10 años retratando gasolineras: "Una gasolinera no es bella, pero la fotografía la ordena y nuestro cerebro la sitúa en un espacio cómodo y bello"
Txema Salvans ha recorrido miles de kilómetros por España documentando unos lugares que, según defiende, explican mejor que muchos otros cómo vivimos, consumimos y esperamos.
Durante una década, el fotógrafo catalán Txema Salvans ha hecho algo que pocos considerarían un proyecto artístico: recorrer España deteniéndose en gasolineras para fotografiar todo lo que sucede en ellas. Lo que comenzó como una observación de estos espacios de paso se ha convertido en una radiografía de la sociedad contemporánea.
Para Salvans, las estaciones de servicio son mucho más que lugares donde repostar combustible. Son puntos donde se cruzan camioneros, viajeros, peregrinos, turistas en autocaravana, trabajadores, familias y vecinos de pequeños municipios. Espacios aparentemente anodinos que, vistos con atención, revelan cómo vivimos.
El fotógrafo reconoce que no siente una fascinación estética especial por ellas. De hecho, admite que las gasolineras le producen cierto desánimo. Sin embargo, ahí es donde entra la fotografía.
"Una gasolinera no es bella, pero en cambio en la fotografía sí que hay una belleza, porque lo que hace la fotografía es ordenarla y nuestro cerebro, al ver esa imagen ordenada, la sitúa en un espacio bello y cómodo porque la puede entender", explica.
Mucho más que un lugar para echar gasolina
Lejos de la idea de los llamados "no lugares", esos espacios de tránsito sin identidad propia, Salvans sostiene que las gasolineras cuentan historias y reflejan el territorio en el que se encuentran. Especialmente las más pequeñas y alejadas de las grandes autopistas.
En ellas ha fotografiado desde peregrinos caminando junto a una mula hasta vendedores ambulantes de naranjas, parques infantiles, lavanderías, áreas para perros o largas filas de camiones.
"Son lugares donde tomar el pulso al mundo en el que vivimos", resume.
Un espejo de los cambios del mundo
Su trabajo también refleja cómo estos espacios se han transformado. La clásica parada para repostar se ha convertido en algo mucho más complejo. Hoy muchas estaciones incorporan cafeterías, tiendas, servicios logísticos, puntos de recogida de paquetes e incluso zonas destinadas a la recarga de vehículos eléctricos.
Según explica Salvans, las gasolineras han evolucionado para cubrir nuevas necesidades y se están adaptando a una sociedad cada vez más móvil y conectada.
Pero también son un recordatorio de cómo cuestiones globales aparentemente lejanas terminan afectando a la vida cotidiana. El precio que aparece en los paneles de una estación de servicio depende muchas veces de conflictos geopolíticos que ocurren a miles de kilómetros de distancia.
Por eso, después de diez años observándolas, Salvans está convencido de que estos espacios explican mucho más de lo que parece. Lo que para la mayoría es una simple parada en el camino, para él es un escenario donde se concentran algunas de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: la movilidad, el consumo, la espera y la dependencia energética.