El mar les come un metro de costa al año: 88 propietarios de un pueblo turístico danés quieren frenarlo con haces de sauce por unos 120.000 euros
“Lo primordial es proteger las propiedades y su valor”, asegura un vecino.

Cada año, el mar gana terreno donde antes había playa. Lo hace lentamente, casi sin que se note de un verano al siguiente, pero sus efectos son evidentes: acantilados que retroceden, parcelas cada vez más cerca del borde y viviendas que viven bajo la amenaza constante de la erosión. Un fenómeno que afecta a numerosas zonas costeras del mundo y que obliga a vecinos y administraciones a buscar soluciones para frenar un avance silencioso.
Esta preocupación se ha hecho especialmente visible en el pueblo turístico danés de Nr. Lyngby, donde el avance del mar lleva años modificando el paisaje. En esta localidad de la costa norte de Dinamarca, el litoral retrocede una media de un metro al año debido a la erosión provocada por las olas, el viento y las tormentas. Para intentar frenar
Con ese objetivo, 88 propietarios de terrenos y viviendas de la zona se han unido en una nueva asociación para impulsar un proyecto de protección costera valorado en cerca de 120.000 euros. Según recoge el medio danés DR, su propuesta pasa por extender a lo largo del acantilado una barrera natural formada por haces de ramas de sauce enterrados en la arena, una técnica que ya ha sido probada en otros tramos de la costa.
Una amenaza imparable
La respuesta de los vecinos apuesta por una solución de bajo impacto, capaz de retener sedimentos de arena, amortiguar el impacto de las olas y favorecer que vuelva la vegetación. Este proyecto fue aprobado en 2018 como el primer gran ensayo de protección biológica costera del país, con un tramo inicial de 130 metros impulsado por ocho propietarios. Desde entonces, el caso se ha convertido en escaparate de una alternativa más barata y climática que los diques tradicionales.
“Lo primordial es proteger las propiedades y su valor”, asegura Bent Jørgensen, un vecino afectado y presidente de la nueva asociación creada para impulsar la iniciativa. La erosión costera ha obligado en los últimos años a retirar varias casas de vacaciones situadas demasiado cerca del borde del acantilado, mientras que otras parcelas continúan bajo amenaza. Para los residentes, actuar ahora no solo supone intentar preservar sus viviendas, sino también garantizar el futuro de una localidad cuya economía depende en gran medida del turismo.
Aun así, los expertos recuerdan que este tipo de medidas no son una solución definitiva y que deberán complementarse con otras actuaciones, como la aportación periódica de arena a las playas. Sin embargo, para los habitantes de Nr. Lyngby, cada metro de costa que logren conservar supone ganar tiempo frente a un fenómeno que no deja de avanzar y que amenaza con redefinir su litoral.
