Entre bogies, marcas en las vías y llamadas de alerta: las incógnitas del accidente de tren en Adamuz
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Entre bogies, marcas en las vías y llamadas de alerta: las incógnitas del accidente de tren en Adamuz

La investigación sigue sin determinar la causa del siniestro, mientras los peritos analizan piezas clave, las marcas detectadas en la vía y el contexto previo a la colisión, en el que han muerto 43 personas.

La pieza de uno de los trenes siniestrados en Adamuz que ha aparecido en las proximidades del accidente en el que han perdido la vida 43 personas.EPA

Cuatro días después del accidente de tren en Adamuz (Córdoba), la investigación que se va prolongará durante meses, continúa sin encontrar una explicación concluyente que les ayude a comprender qué falló en los instantes previos a la colisión entre los dos trenes de alta velocidad, a su paso de esta localidad cordobesa. El trabajo técnico en el terreno, el análisis del material rodante y la revisión de la infraestructura del Iryo no han permitido aclarar si el origen del suceso estuvo en la vía, en el tren o en una combinación.

El punto de partida sigue siendo el descarrilamiento inicial del convoy operado por Iryo y la secuencia que desembocó, apenas nueve segundos después, en el choque con un tren de Renfe que circulaba en sentido contrario. Ese margen de tiempo, corregido a la baja por el Ministerio de Transportes, dejó sin capacidad de reacción a los sistemas de frenado. “El intervalo fue demasiado corto para que hubiera margen de maniobra”, ha reconocido el ministro Óscar Puente.

Una de las piezas clave bajo análisis es un gran componente metálico localizado a varios cientos de metros del lugar del accidente, parcialmente sumergido en un arroyo bajo un puente ferroviario. El presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), Iñaki Barrón, ha explicado que la investigación se centra en un elemento “especialmente relevante por ser el punto de contacto entre el tren y la vía”, en referencia a un posible bogie. Su localización puede ayudar a reconstruir la dinámica del siniestro, aunque por ahora no se ha confirmado oficialmente a qué tren pertenece ni si su desprendimiento fue causa o consecuencia del impacto.

A esta incógnita se suman las marcas detectadas en las ruedas de varios vagones del tren de Iryo y en otros convoyes que circularon por el mismo tramo después del accidente. Puente ha reconocido que esas señales existen, pero ha pedido prudencia: “Sería prematuro vincular directamente esas marcas con un defecto de la infraestructura”, ha señalado. Los investigadores tratan de determinar si se produjeron antes del descarrilamiento o durante el propio accidente.

La revisión del estado de la vía añade otra capa de incertidumbre. El tramo había sido inspeccionado en varias ocasiones antes del siniestro sin que se detectaran anomalías significativas. “No hay indicios de error humano”, ha insistido el ministro, que ha subrayado que la causa técnica “no está todavía determinada y es muy compleja”.

Las víctimas, los funerales y los desaparecidos 

Cae la noche en el centro cívico Poniente Sur de Córdoba, convertido desde el lunes en refugio improvisado para las familias que buscaban noticias de sus seres queridos desaparecidos en el accidente ferroviario de Adamuz. Tras tres jornadas de espera, la angustia empieza a disiparse, aunque lo hace a costa de confirmaciones que nadie quería recibir.

Ya son pocas las familias que permanecen en este centro situado frente a la plaza de toros de la ciudad. A lo largo del miércoles, marcado por la lluvia persistente y el frío, un goteo constante de allegados ha ido abandonando el edificio. Muchos lo hacían en silencio, con la cabeza baja, evitando las preguntas. “No era el momento”, admitía uno de los presentes.

Otros sí han querido poner palabras al golpe. Como la familia de Mario, uno de los opositores que ese mismo domingo se había examinado en Madrid para ingresar como funcionario de prisiones. Viajaba hacia Huelva en el tren Alvia cuando se produjo el descarrilamiento tras el impacto con el convoy de alta velocidad operado por Iryo. Aquel día cumplía 42 años. Este miércoles, sus familiares recibieron la confirmación de que se encontraba entre los fallecidos.

También el nombre de Agustín se sumó a la lista de víctimas mortales. Tripulante de cafetería del tren Alvia, había sobrevivido hace 13 años al descarrilamiento de Angrois, en Santiago de Compostela, en 2013. Esta vez no lo consiguió. Su familia fue informada poco antes de las cinco de la tarde.

A medida que se completaban las identificaciones, los familiares eran informados de los trámites posteriores. Las pertenencias de los fallecidos han sido trasladadas a Montoro, municipio cordobés donde el juzgado encargado de la investigación ha asumido las diligencias, según explicaron algunas familias a los medios presentes.

Para muchas de ellas, este miércoles ha supuesto el final de una espera “demasiado larga”, vivida casi siempre sin información directa, mientras el número de víctimas mortales iba aumentando a través de los comunicados oficiales. Un proceso acompañado por equipos de apoyo psicológico y sanitario que han trabajado durante días para amortiguar el impacto de cada noticia.

Más de 150 efectivos de Cruz Roja han participado en la atención a las familias. “El objetivo es que este proceso sea lo menos doloroso posible y que tengan herramientas para afrontarlo cuando regresen a casa”, explicaba María Eugenia Castro, psicóloga de la organización. “Tenemos que acompañarles, darles pautas y ayudarles a empezar a cerrar cicatrices que ahora están abiertas”, añadía.

Mientras los últimos familiares abandonan el centro cívico, la escena resume el impacto humano del accidente: la investigación sigue su curso, pero para decenas de familias la espera ha terminado del modo más difícil posible.

La trifulca política

El accidente también ha trasladado la tensión al plano político y sindical. El sindicato de maquinistas SEMAF ha convocado una huelga nacional de tres días, del 9 al 11 de febrero, tras los accidentes registrados en Adamuz y en Gelida (Barcelona), ambos con víctimas mortales, y un tercer descarrilamiento sin heridos en la red regional catalana ocurrido en el mismo intervalo de 48 horas.

En un comunicado, SEMAF ha calificado estos siniestros como “un punto de inflexión” y ha reclamado “todas las actuaciones necesarias para garantizar la seguridad de las operaciones ferroviarias”. El sindicato ha advertido además de que exigirá “responsabilidades penales a quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad de la infraestructura ferroviaria”, y sostiene que había trasladado con anterioridad a Adif alertas sobre el deterioro de determinados tramos de la red.

El Gobierno ha rechazado, por ahora, establecer una relación directa entre esas advertencias y el accidente de Adamuz. El ministro de Transportes ha reiterado que el factor humano queda descartado y ha insistido en que el origen técnico del siniestro “no está todavía determinado”. Sobre la huelga, Puente ha afirmado que “no compartimos que una convocatoria general sea la mejor respuesta en este momento”, aunque ha anunciado contactos con los sindicatos.

En paralelo, Adif ha impuesto nuevas limitaciones de velocidad en varios corredores ferroviarios y ha ordenado inspecciones adicionales tras los temporales de los últimos días. Medidas que el gestor de la infraestructura presenta como preventivas, mientras la investigación sigue abierta y sin conclusiones y el debate político y sindical se intensifica a la espera de que los informes técnicos aporten certezas donde, por ahora, predominan las dudas.

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