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Fernando Rivas, sacerdote y profesor de Historia Antigua: "En el siglo XVIII la Iglesia perdió a los intelectuales; en el XIX, a los obreros, y en el XXI se puede quedar sin mujeres"

Fernando Rivas, sacerdote y profesor de Historia Antigua: "En el siglo XVIII la Iglesia perdió a los intelectuales; en el XIX, a los obreros, y en el XXI se puede quedar sin mujeres"

Pese a ello, asegura que en la Iglesias, la realidad suele avanzar antes que las normas.

Un cura dando misa
Un cura dando misaGetty Images

En una entrevista publicada en El País por el periodista Jesús Garrido, el sacerdote e historiador Fernando Rivas lanza una advertencia que resume una crisis histórica dentro del catolicismo. Según explica, la Iglesia ha ido perdiendo distintos sectores sociales a lo largo de los siglos: primero a los intelectuales, luego a los obreros y ahora podría quedarse también sin mujeres.

Su diagnóstico no se refiere a una ruptura inmediata, sino a un proceso lento, resultado de tensiones internas entre tradición, poder y cambio social. El debate sobre el papel femenino en la Iglesia se ha convertido en uno de los principales campos de esa transformación.

Una Iglesia sostenida por mujeres

Uno de los datos más llamativos que aparecen en la entrevista es el peso real que tienen las mujeres dentro del funcionamiento cotidiano de la Iglesia. Aunque el gobierno eclesiástico sigue en manos masculinas, son ellas quienes sostienen buena parte de la vida religiosa.

Las cifras lo reflejan claramente:

  • Las mujeres representan más del 80% de la Iglesia activa
  • En España hay 24.000 religiosas frente a unos 7.500 religiosos varones
  • En organizaciones como Cáritas, dos de cada tres voluntarios son mujeres

Sin embargo, esa presencia mayoritaria no se traduce en poder institucional. Durante siglos, la teología, la liturgia y las estructuras de gobierno se han construido desde una perspectiva masculina, algo que hoy empieza a cuestionarse dentro de la propia Iglesia.

La teóloga Cristina Inogés, que participó con derecho a voto en un sínodo convocado por el papa Pope Francis, resume esa tensión con una idea clara: las mujeres no quieren simplemente "un papel" dentro de la Iglesia, sino un lugar en igualdad basado en el bautismo común de todos los fieles.

Cambios lentos y resistencias internas

Durante su pontificado, Francisco intentó introducir reformas para aumentar la participación femenina en el gobierno eclesial. Entre otras medidas, permitió que mujeres votaran en el sínodo y abrió la posibilidad de que laicos, también mujeres, dirigieran organismos del Vaticano.

Sin embargo, esas iniciativas chocaron con una fuerte oposición dentro de la jerarquía. Según distintos observadores citados en la entrevista, una parte significativa del colegio cardenalicio se mantiene contraria a ampliar el papel de las mujeres en la Iglesia.

El debate se vuelve especialmente tenso cuando aparece la cuestión del sacerdocio femenino. El derecho canónico actual establece claramente que solo los varones pueden ser ordenados sacerdotes, una norma reforzada durante el pontificado de Pope John Paul II.

Para muchos teólogos críticos, esa prohibición refleja más una tradición histórica que una doctrina inmutable. Para otros sectores, en cambio, forma parte del núcleo mismo de la fe católica.

Un conflicto entre realidad y estructura

Fernando Rivas describe la situación mediante una metáfora: dentro de la Iglesia, la realidad suele avanzar antes que las normas. Es decir, los cambios sociales se producen primero en la práctica y solo después se reflejan en las reglas institucionales.

En ese sentido, el papel de las mujeres ya está transformando el catolicismo desde abajo. Hoy ocupan puestos en universidades, organizaciones sociales, parroquias o incluso en algunos organismos del Vaticano. Pero esa evolución choca con una estructura de poder que sigue siendo mayoritariamente masculina.

El historiador lo resume en una frase contundente: "Las mujeres han estado presentes desde el nacimiento del cristianismo, pero rara vez se las ha escuchado".

Un riesgo para el futuro de la Iglesia

La advertencia de Rivas conecta con una lectura histórica más amplia. A lo largo de los últimos siglos, la Iglesia ha ido perdiendo diferentes grupos sociales:

  • En el siglo XVIII, se distanció de buena parte del mundo intelectual
  • En el siglo XIX, perdió gran parte del apoyo de la clase obrera
  • En el siglo XXI, podría perder también a muchas mujeres

Ese riesgo se agrava por otro fenómeno: la disminución del número de vocaciones religiosas. En España, por ejemplo, hoy hay muchos menos sacerdotes y religiosas que hace apenas medio siglo, y la edad media del clero sigue aumentando.

Si las nuevas generaciones de mujeres no encuentran espacios de participación real, advierten algunos expertos, la Iglesia podría ver debilitada una de sus principales bases sociales.

Una transformación que apenas empieza

A pesar de las tensiones, muchos actores dentro de la Iglesia creen que el cambio es inevitable. Las reformas iniciadas por Francisco —y que ahora deberá desarrollar el nuevo papa Pope Leo XIV— apuntan hacia un modelo más participativo.

El objetivo no sería convertir la Iglesia en una democracia, sino revisar una estructura histórica marcada por el clericalismo y el dominio masculino.

Como sugiere Rivas, la cuestión no es si habrá cambios, sino cuándo y hasta dónde llegarán. En una institución acostumbrada a pensar en siglos, la transformación puede ser lenta. Pero el debate sobre el papel de las mujeres ya se ha convertido en una de las grandes batallas del catolicismo contemporáneo.

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