Geli, 58 años, comparte piso desde hace 9 años: "Viví sola cuando los sueldos daban para un apartamento digno"
“Me da una libertad económica para hacer otras cosas que no podía hacer cuando vivía sola".

La complicada situación del acceso a la vivienda en España no solo afecta a jóvenes que no pueden independizarse, sino también a personas mayores que se enfrentan a dificultades económicas y riesgos de desahucio.
El pasado lunes 22 de diciembre, Sonsoles Ónega recibió en su programa Y ahora Sonsoles a Geli Fernández, una mujer de 58 años que desde hace 9 comparte piso como alternativa para afrontar el coste de la vivienda y mantener una vida independiente.
Actualmente vive con otra mujer de 35 años y paga 400 euros mensuales, mientras su compañera abona 350 euros. “Viví sola hace 9 años cuando los sueldos daban para un apartamento digno. Ahora no da el sueldo para vivir”, explicó.
Toda la vida compartiendo
Geli reflexionó sobre las distintas etapas de su vida y la necesidad de compartir vivienda: “Yo creo que llevamos toda la vida compartiendo. Empecé compartiendo con niñas en el internado, luego con mi exmarido, con mis hijos… Estamos toda la vida compartiendo, tampoco es tan raro. Nuestros hijos van desarrollando su propio carácter, y estás compartiendo casa con alguien que no tiene tu carácter”.
La mujer destacó que compartir piso también le ha dado libertad económica: “Me da una libertad económica para hacer otras cosas que no podía hacer cuando vivía sola. Es cuestión de afinidades. Yo no tengo ni el espíritu tan mayor de la edad que tengo, ni ella tan joven de la edad que tiene. Somos muy afines, aunque tenemos nuestras normas".
Un estilo de vida que le gusta
Además, tiene claro que han pasado "de ser compañeras a amigas y ahora familia. Es una maravilla. Creo que el problema no es que yo, con 58 años y siendo abuela, comparta, el problema está fuera, en la sociedad”.
Ante la extrañeza de algunos por su forma de vida, Geli recordó momentos de su pasado en los que su situación era incluso más “extraña” pero socialmente aceptada: “Yo me casé con 17 años y a nadie le pareció raro que me fuera a vivir con un desconocido, porque éramos dos niños que no nos conocíamos. Sin embargo, la sociedad aplaudió y obligó porque me vi obligada a casarme por estar embarazada”.
Geli Fernández destaca que compartir vivienda no es una opción solo de jóvenes, sino una estrategia de adaptación a la realidad económica y social de España, y una experiencia que puede convertirse en amistad y familia.
