Giulio recorrió el Himalaya, Madagascar y las fuentes del Ganges para acabar siendo el único habitante de una aldea perdida en los Alpes: "De profesión, soy peregrino"
Tras décadas viajando por África y Asia, Giulio Tollardo eligió establecerse en Bellotti, un pequeño núcleo al que solo se llega caminando.
Mientras muchas personas sueñan con dejarlo todo para recorrer el mundo, Giulio Tollardo hizo exactamente eso… para terminar regresando a un rincón olvidado de los Alpes italianos donde vive completamente solo.
Después de caminar por el Himalaya, visitar Madagascar, trabajar en Kenia o alcanzar las fuentes del río Ganges cerca de la frontera con el Tíbet, este italiano de 70 años encontró su hogar en Bellotti, una diminuta aldea de montaña a la que únicamente se puede acceder a pie.
"De profesión, soy peregrino", resume en el diario italinano Ildolomiti con sencillez quien se ha convertido en el único residente y cuidador de este enclave situado en el municipio de Lamon, en la provincia de Belluno.
Su historia le ha valido el reconocimiento del Club Alpino Italiano, que lo considera un ejemplo de resistencia frente al despoblamiento de las zonas rurales y de compromiso con la conservación del patrimonio natural y cultural.
Del laboratorio médico a recorrer medio mundo
Antes de instalarse definitivamente en Bellotti, Giulio llevó una vida marcada por los cambios constantes. Comenzó trabajando como técnico de laboratorio médico, pero pronto decidió buscar otros caminos.
Fue pastor en los Alpes suizos, trabajó en una granja ecológica en los Pirineos franceses, ejerció como cocinero durante catorce años en un refugio de montaña y también desarrolló labores de educador ambiental y conserje escolar. Todos esos empleos tenían algo en común: le permitían ahorrar para emprender nuevas aventuras.
Su afán por conocer otras culturas le llevó a recorrer África y Asia. En Madagascar colaboró formando guías de naturaleza; en Kenia participó en proyectos ligados a las misiones de la Consolata y regresó allí en varias ocasiones.
En la India alcanzó el nacimiento del Ganges y llegó hasta las proximidades de la frontera tibetana, donde asegura haber tenido uno de los encuentros más extraordinarios de su vida: el avistamiento de un esquivo leopardo de las nieves. También realizó tres expediciones al Himalaya, acumulando miles de kilómetros a pie.
El regreso a Bellotti, una aldea sin carreteras
Pese a su espíritu viajero, siempre terminaba regresando a Bellotti. En 1997 compró una vivienda en este pequeño caserío, convirtiéndose en su único habitante permanente tras décadas de abandono progresivo.
Llegar hasta allí no resulta sencillo. No existen carreteras de acceso y el trayecto debe completarse caminando durante unos cuarenta minutos por senderos de montaña. El aislamiento es especialmente duro durante el invierno.
Según explica Tollardo, las pocas horas de sol limitan incluso la producción de energía fotovoltaica de la que depende parte de su suministro eléctrico. Sin embargo, asegura que cuanto más tiempo pasa lejos del lugar, más fuerte siente la necesidad de volver.
El guardián de un paisaje que estuvo a punto de desaparecer
Además de vivir en Bellotti, Giulio dedica buena parte de su tiempo a mantener el entorno. Cuida aproximadamente tres hectáreas de prados cedidos por antiguos vecinos, despeja senderos, evita que la vegetación invada antiguos espacios agrícolas y trata de preservar la biodiversidad de una zona integrada en la Red Natura 2000 por su riqueza ambiental.
Su labor resultó especialmente importante tras el devastador paso de la tormenta Vaia, cuando numerosos caminos quedaron bloqueados por árboles caídos y desprendimientos. Junto a voluntarios y miembros del Club Alpino Italiano, participó en la reapertura manual de muchos de esos itinerarios.
Un pueblo que llegó a tener 200 habitantes
La historia de Bellotti refleja el fenómeno de despoblación que han sufrido numerosas zonas montañosas italianas.
En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la aldea llegó a reunir unas treinta familias y cerca de 200 habitantes dedicados a actividades como la ganadería, la explotación forestal, la producción de carbón vegetal o el transporte de mercancías.
Con el paso del tiempo, las oportunidades laborales desaparecieron y los vecinos emigraron. La última residente nacida en el pueblo falleció en 1992 y Bellotti quedó prácticamente vacío.
Hoy, Giulio Tollardo no solo mantiene vivos sus caminos y prados, sino también su memoria. Durante tres décadas ha ido recopilando en diarios personales las historias y testimonios de antiguos habitantes que regresan ocasionalmente para visitar las casas donde crecieron.
Ese compromiso con el territorio y con la identidad de una comunidad casi desaparecida ha llevado al Club Alpino Italiano a reconocer su labor como uno de los grandes "custodios de las tierras altas", una figura cada vez más excepcional en un momento en que muchas pequeñas aldeas de montaña siguen perdiendo población año tras año.