Helena, de graduarse en Trabajo Social a cultivar pimientos: "Decidí probar una temporada y me gustó, cambiaré de sector las veces que haga falta"
Encontró en la agricultura una salida para seguir viviendo en Andalucía.

Cada vez son más los jóvenes que, tras completar sus estudios, descubren que la vida profesional no siempre sigue el camino que imaginaron. Entre expectativas, oportunidades y circunstancias personales, muchos terminan dedicándose a algo completamente distinto de lo que estudiaron, encontrando en ese cambio nuevas motivaciones, aprendizajes y formas de construir un futuro distinto al que esperaban.
La historia de Helena Crespo es un ejemplo de ello, una joven que tenía un plan distinto para su vida, pero cuyo recorrido académico no le abrió las puertas que esperaba. Tras estudiar Trabajo Social y encadenar voluntariados y prácticas sin estabilidad, esta joven de 26 años encontró en la agricultura una salida para seguir viviendo en Andalucía y construir un proyecto propio en el campo.
Hoy cultiva pimientos y resume su decisión con una frase rotunda: “Decidí probar una temporada y me gustó; cambiaré de sector las veces que haga falta”, asegura ilusionada en declaraciones recogidas por La Opinión de Málaga. De esta forma, deja claro que para ella lo importante es mantenerse cerca de su tierra, aprender cada día del campo y construir su propio camino sin miedo a los cambios.

“De aquí no me mueve nadie”
Helena estudió Trabajo Social, pero pronto se encontró con un panorama laboral limitado y poco alentador. "Estaba bastante precarizado, hice varios voluntariados y prácticas, pero trabajaba gratis", recuerda. La situación se complicó aún más al ver cómo la mayoría de sus amigos y compañeros se veían obligados a buscar oportunidades fuera de Andalucía. Sin embargo, para Helena, marcharse nunca fue una opción.
“De aquí no me mueve nadie”, afirma con determinación, decidida a encontrar su lugar sin renunciar a su tierra. Y es que la relación de Helena con el campo viene de familia. Sus padres son agricultores y ella asegura que creció rodeada de tierra, invernaderos y productos de calidad. Esa herencia, unida al clima y al arraigo al territorio, acabó pesando más que la vocación inicial por lo social.
Hoy en día, la joven cultiva pimientos en dos fincas y enfrenta un desafío importante: las plagas han generado pérdidas superiores a los 50.000 euros. Según explica, más de la mitad de la producción provincial se ha visto afectada por el Trips parvispinus, un insecto que, aunque no compromete la calidad del fruto, lo daña estéticamente, provocando que muchos almacenes rechacen la mercancía y dificultando su comercialización.
Entre sus principales reclamaciones a los responsables públicos, Helena pide medidas que ofrezcan seguridad y continuidad a la producción, en lugar de ayudas económicas puntuales que ella considera meros “parches”. Para ella, es fundamental contar con garantías que permitan planificar a largo plazo, asegurar la rentabilidad de los cultivos y facilitar la contratación de personal, especialmente en un sector donde gran parte de la mano de obra es migrante y los trámites administrativos pueden retrasar meses el acceso al trabajo.
