José, profesor, abandona las ciudades para volver al pueblo de su infancia a enseñar guitarra: "Los chicos cantan coplas a las mujeres"
"En las ciudades están sobrados de gente", asegura. Él se mudó de Barcelona a un pueblo de la Alpujarra granadina.

Para muchos, las grandes ciudades son tan agobiantes que deciden poner rumbo a lugares más rurales y tranquilos. Es el caso de José Vilches, que hace una década tomó la decisión de dejar atrás su vida en Barcelona para instalarse en Cáñar, el pueblo de apenas 400 habitantes en la Alpujarra granadina, donde pasó su infancia. En una conversación con el diario Ideal, asegura que a día de hoy se siente "orgulloso" de su decisión.
"Queríamos disfrutar de un nivel de vida más económico y tranquilo", cuenta en sus declaraciones al medio de comunicación. A su aventura, lo acompañó su mujer, su madre y su padre, que entonces enfermó de Alzheimer. "Buscábamos que tuviese una mayor calidad en sus últimos años de vida", recuerda.
Él mismo cuenta que la diferencia entre Barcelona y Cáñar es que ahora puede disfrutar de su tiempo rodeado de naturaleza y la cercanía de sus vecinos, "alejado del frenesí que le atrapaba en la ciudad". En su pueblo, puede compaginar "su verdadera pasión" con su trabajo: los fines de semana se dedica a hacer tours turísticos en la zona, en los que cuenta su propia historia. "En las ciudades están sobrados de gente", opina.
El pueblo de los veranos de la infancia
La unión del protagonista con el pueblo granadino viene desde hace años. Se trata del pueblo en el que pasó las vacaciones de verano cuando aún era un niño. "Mi vida está unida a Cáñar, siempre me he sentido alpujarreño", asegura en conversación con el periódico. Diez años después de su llegada, ya no imagina su día a día alejado de la zona.
Entre semana, ofrece clases de guitarra en el centro cultural de El Cáñar. "Aprecio el contraste con niños de tres años que tienen su primer contacto con la música a personas mayores que aprenden con ilusión cómo tocar un instrumento que en su momento no tuvieron la oportunidad de estudiar", cuenta, claramente emocionado. En el pueblo, no hay nadie que no conozca su nombre.
Pese a vivir en un pueblo de pequeñas dimensiones, él asegura que "no tiene tiempo de aburrirse". Algunas de las actividades que comenta.
- Las fiestas y verbenas de verano, como las de Santa Ana. "Los chicos recorren las calles del pueblo para cantarle coplas a las mujeres...", detalla.
- Granada capital está a pocos kilómetros y se tarda poco en llegar.
- La playa, también.
- Admirar los bonitos paisajes. Durante la conversación, Vilches rememora cuando mira al horizonte y trata de observar las montañas del Rif, en África.
