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Kerstin, de las 'Abuelas contra la Derecha' alemanas: "Nos quedamos sin palabras y con rabia; nuestro trabajo sigue siendo necesario porque las cosas están empeorando"

Kerstin, de las 'Abuelas contra la Derecha' alemanas: "Nos quedamos sin palabras y con rabia; nuestro trabajo sigue siendo necesario porque las cosas están empeorando"

El argumento que subyace es que algunas ONG, especialmente las progresistas, tendrían una influencia desproporcionada gracias a su acceso a fondos públicos.

Cartel de campaña de AfD
Cartel de campaña de AfDGetty Images

"Nos quedamos sin palabras y con rabia". La frase de Kerstin Neurohr, integrante del colectivo alemán Abuelas contra la Derecha, resume el clima que atraviesa una parte de la sociedad civil europea: una mezcla de desconcierto, preocupación y sensación de retroceso democrático. A su juicio, lejos de mejorar, la situación sigue deteriorándose.

Su reacción llegó tras una ofensiva política creciente contra organizaciones sociales en Alemania, donde partidos de distinto signo han intensificado el escrutinio sobre ONG críticas con sus posiciones. El fenómeno no es aislado: forma parte de una tendencia más amplia en Europa, donde el espacio de actuación de la sociedad civil se está estrechando.

Alemania: presión política en aumento

En los últimos años, el número de iniciativas parlamentarias dirigidas contra organizaciones sociales ha aumentado de forma notable. Estas acciones, formalmente legales, son vistas por muchos activistas como una forma de desgaste: largas listas de preguntas, investigaciones sobre financiación y cuestionamientos sobre su papel político.

El argumento que subyace es que algunas ONG, especialmente las progresistas, tendrían una influencia desproporcionada gracias a su acceso a fondos públicos o beneficios fiscales. Para sus críticos, eso distorsionaría el debate democrático. Para las propias organizaciones, en cambio, se trata de una estrategia de intimidación.

El impacto no es solo simbólico. Varias entidades han advertido de un "efecto disuasorio": el temor a perder su estatus legal o su financiación puede llevarlas a moderar su actividad o evitar posicionamientos incómodos.

El papel clave de la sociedad civil

Más allá del caso alemán, el debate apunta a una cuestión de fondo: el papel de la sociedad civil en una democracia. Organizaciones independientes, acceso a la información y capacidad de movilización son elementos esenciales para el control del poder político.

Diversos informes europeos han advertido de que este equilibrio se está debilitando. La preocupación no se limita a países con antecedentes de tensiones institucionales, sino que alcanza también a democracias consolidadas.

Un patrón que se repite en Europa

El endurecimiento de las condiciones para ONG y movimientos sociales se observa en distintos puntos del continente. En algunos países, las organizaciones con financiación extranjera enfrentan restricciones o campañas de descrédito. En otros, se han aprobado leyes que limitan las protestas o amplían las competencias policiales.

Italia es uno de los ejemplos recientes. Bajo el argumento de reforzar el orden público, el Gobierno ha impulsado nuevas normas que amplían los delitos vinculados a la protesta y permiten medidas preventivas más severas. Activistas y oposición denuncian que estas políticas criminalizan formas de movilización pacífica.

En Francia, varias organizaciones han alertado de un aumento de la presión institucional: desde la retirada de subvenciones hasta la vigilancia o la amenaza de disolución administrativa de colectivos. Todo ello, unido a restricciones en manifestaciones, configura —según sus críticos— un entorno cada vez más hostil.

Libertad de protesta en cuestión

El derecho a manifestarse se ha convertido en otro foco de tensión. En varios países, protestas climáticas, sociales o vinculadas a conflictos internacionales han terminado en enfrentamientos con la policía o en prohibiciones parciales.

Las autoridades suelen justificar estas medidas por razones de seguridad o mantenimiento del orden. Sin embargo, los participantes denuncian un uso excesivo de la fuerza y una interpretación restrictiva del derecho a la protesta.

El riesgo de una deriva iliberal

Para algunos analistas y políticos, estas dinámicas apuntan hacia una tendencia preocupante: una progresiva normalización de medidas que limitan derechos fundamentales. La crítica no es tanto la existencia de controles, sino su uso sistemático contra determinados actores.

El concepto de "iliberalismo" aparece cada vez con más frecuencia en este contexto, para describir sistemas donde se mantienen las formas democráticas, pero se reducen los espacios de disidencia.

Un contrapeso en peligro

Aun así, no todo el panorama es homogéneo. En países como Polonia, tras años de tensiones institucionales, la sociedad civil ha demostrado su capacidad para influir y actuar como contrapeso. Su papel sigue siendo clave para mantener estándares democráticos y alertar sobre posibles retrocesos.

Esa es, en el fondo, la advertencia que subyace en el testimonio de Kerstin Neurohr: cuando las organizaciones que canalizan la participación ciudadana se debilitan, el equilibrio democrático también lo hace. Y por eso, insiste, su trabajo no solo sigue siendo necesario, sino que lo es más que nunca.

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