La madre de un mozo de almacén muerto a los 27 años: "Espero que no nos convirtamos en una sociedad que cierra los ojos ante el sacrificio de otros a cambio de un poco de comodidad"
La muerte de Jang Deok-jun mientras trabajaba para el gigante del comercio electrónico Coupang reabrió el debate en Corea del Sur sobre el coste humano de las entregas ultrarrápidas y las largas jornadas nocturnas.
Cada vez que un consumidor recibe un paquete pocas horas después de pulsar el botón de compra, rara vez piensa en quién ha hecho posible esa entrega. Pero en Corea del Sur, donde el reparto nocturno se ha convertido en una seña de identidad del comercio electrónico, esa comodidad ha abierto un intenso debate sobre el coste humano que puede esconderse detrás de un servicio casi inmediato.
Una de las voces que más ha contribuido a ese debate es la de Park Mi-suk, madre de Jang Deok-jun, un mozo de almacén que falleció de un infarto en 2020 con tan solo 27 años después de más de un año trabajando en turnos de noche para Coupang, la mayor empresa de comercio electrónico del país.
Seis años después de aquella tragedia, Park continúa reclamando cambios para evitar que otras familias pasen por la misma situación. Y resume su mensaje con una reflexión que se ha convertido en símbolo de su lucha: "Espero que no nos convirtamos en una sociedad que cierra los ojos ante el sacrificio de otros a cambio de un poco de comodidad".
"Le pedí que dejara el trabajo"
La historia comenzó apenas una semana antes de la muerte de Jang.
Su madre le había pedido que abandonara su empleo porque veía cómo el trabajo estaba deteriorando rápidamente su salud. Durante algo más de un año realizando turnos nocturnos en un almacén de Coupang, el joven había perdido 15 kilos y se quejaba constantemente del cansancio acumulado.
Sin embargo, él se negó. Según contó su madre a la BBC, comparaba su trabajo con un balancín: si él dejaba de sujetar un lado, sus compañeros tendrían que soportar una carga todavía mayor.
Pocos días después, Park lo encontró inconsciente en el cuarto de baño de su casa. Los intentos por reanimarlo no dieron resultado y el hospital confirmó su fallecimiento. Posteriormente, la aseguradora pública surcoreana Comwel concluyó que la muerte estaba relacionada con el exceso de trabajo.
Un modelo de entregas bajo la lupa
La muerte de Jang coincidió con el auge del comercio electrónico durante la pandemia, cuando las entregas rápidas se dispararon en Corea del Sur.
En el país es habitual poder recibir antes de las siete de la mañana un pedido realizado justo antes de la medianoche, un sistema que depende de miles de trabajadores que desarrollan su actividad mientras el resto duerme.
Entre 2020 y mayo de 2026, Comwel reconoció 46 fallecimientos de trabajadores de almacenes y reparto por infartos o enfermedades cardiovasculares considerados accidentes laborales, aunque no todos estaban relacionados con turnos nocturnos.
Especialistas en medicina del trabajo advierten además de que existe una creciente evidencia científica que relaciona el trabajo nocturno con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos mentales e incluso determinados tipos de cáncer.
Una lucha contra una de las mayores empresas del país
Tras la muerte de su hijo, Park inició una larga batalla para conseguir documentación sobre sus jornadas laborales y demostrar que el exceso de trabajo había contribuido al desenlace.
Según explica, fue ella quien tuvo que insistir durante meses ante políticos y organismos públicos para acceder al registro horario y a las grabaciones de seguridad del almacén. Finalmente, esos documentos mostraban que, en los meses previos a su muerte, Jang superaba los umbrales que la legislación surcoreana considera compatibles con una muerte relacionada con el exceso de trabajo.
Su caso terminó convirtiéndose en uno de los más mediáticos del país y llegó incluso al Parlamento, donde el consejero delegado de Coupang expresó sus condolencias a las familias durante una comparecencia pública.
La compañía rechaza haber actuado de forma negligente. Asegura que limita la jornada de sus empleados directos, financia revisiones médicas y defiende contar con uno de los mejores registros de seguridad del sector logístico.
"No estoy preparada para despedirme"
La lucha de Park ha tenido también un enorme coste personal.
Explica que tuvo que cerrar su negocio de fabricación de muebles porque dedicó todo su tiempo a reclamar respuestas y compensaciones. También abandonó su vivienda y se trasladó a un apartamento de alquiler. Aún conserva todas las pertenencias de su hijo, incluida su colección de figuras de acción, porque, asegura, todavía no está preparada para decirle adiós.
Ahora interpreta de otra forma aquella metáfora del balancín que utilizaba Jang. En un lado, dice, están él y miles de trabajadores que hacen posible las entregas exprés. En el otro, los consumidores que disfrutan de esa comodidad.
Por eso insiste en lanzar el mismo mensaje una y otra vez: "Espero que no nos convirtamos en una sociedad que cierra los ojos ante el sacrificio de otros a cambio de un poco de comodidad".