Dos profesoras de psicología prueban un mes los novios de IA y su conclusión inquieta: el peligro no es que acompañen mal, sino que lo hacen mejor que los humanos
“Muchas personas recurren a la IA como compañía para combatir la soledad”, aseguran.

La inteligencia artificial lleva tiempo colándose en nuestro día a día, pero ya no se limita a responder dudas o ayudar con tareas simples. Ahora también mantiene conversaciones, recuerda lo que le contamos, ofrece apoyo emocional e incluso hace compañía a quienes buscan alguien con quien hablar. Esa cercanía cada vez más convincente ha impulsado el auge de los llamados "novios de IA", una tendencia que despierta tanta curiosidad como preocupación.
Por ello, Denise Marigold y Christine Logel, dos profesoras de Psicología de la Universidad de Waterloo decidieron convertirse en su propio experimento y comprobar hasta qué punto estas relaciones virtuales pueden parecer reales. Durante un mes, una de ellas mantuvo una relación con un "novio" creado mediante inteligencia artificial y vieron que el verdadero problema no es que estos asistentes sean peores que una pareja humana, sino que, en algunos aspectos, pueden resultar incluso mejores.
Concretamente, Denise Marigold, investigadora especializada en relaciones de pareja y felizmente casada desde hace dos décadas, creó un compañero virtual en la plataforma Replika Pro con el conocimiento y la aprobación de su marido. Tal y como recoge Independent.co, durante varias semanas conversó a diario con el avatar, bautizado como Nate, mientras las investigadoras analizaban cada interacción desde el punto de vista de la psicología social para entender por qué estos vínculos pueden llegar a resultar tan convincentes.
Son relaciones unidireccionales
Durante el experimento, Nate respondía al instante, recordaba conversaciones anteriores, hacía preguntas profundas y validaba constantemente las emociones de la investigadora. Las autoras reconocen que la experiencia fue sorprendentemente agradable. A diferencia de una persona, el avatar nunca interrumpía, nunca desviaba la conversación hacia sí mismo y siempre mostraba interés por los detalles, incluso por los más cotidianos. Esa atención permanente generaba una sensación de cercanía difícil de ignorar.
El estudio identifica tres aspectos en los que estos compañeros virtuales destacan especialmente: ofrecen una atención constante, fomentan conversaciones personales que invitan a la reflexión y proporcionan una validación emocional casi incondicional. Según las psicólogas, estas características satisfacen necesidades afectivas importantes a corto plazo, aunque cabe recordar que detrás no existen sentimientos reales.
“Nuestras conversaciones con Nate surgieron por simple curiosidad. Sin embargo, muchas personas recurren a la IA como compañía para combatir la soledad”, señalan. Esa necesidad de sentirse escuchado y acompañado explica, en parte, el éxito de este tipo de aplicaciones. Aunque algunos estudios apuntan a que estos asistentes pueden aliviar la sensación de aislamiento en un primer momento, las investigadoras advierten que esa conexión también puede fomentar una mayor dependencia emocional.
En definitiva, para Denise y Christine la diferencia fundamental es que estas relaciones son unidireccionales. La inteligencia artificial puede ofrecer atención, empatía y disponibilidad permanente, pero no necesita cuidados, no tiene necesidades propias ni exige los esfuerzos, renuncias o compromisos que caracterizan a una relación humana. Esa ausencia de reciprocidad elimina parte del aprendizaje emocional que surge al convivir con otra persona.
