Laura Martínez, ganadera de 33 años: "Si el Estado tuviera que limpiar el monte con máquinas lo que hacen mis cabras y ovejas, le costaría mucho más que los 5.000 euros que me pagan a mí"
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Laura Martínez, ganadera de 33 años: "Si el Estado tuviera que limpiar el monte con máquinas lo que hacen mis cabras y ovejas, le costaría mucho más que los 5.000 euros que me pagan a mí"

Con el pastoreo de estos animales es mucho más fácil conseguir zonas seguras y cortafuegos naturales.

Ganadera con sus ovejasHill Street Studios/Blend Images

En la lucha contra los incendios forestales hay aliados poco visibles, pero extraordinariamente eficaces: los rebaños. Cabras, ovejas y vacas recorren cada día montes y laderas, consumiendo la vegetación que, en los meses más secos, se convierte en combustible. Esta labor, que durante siglos formó parte de la vida rural, empieza ahora a recibir un reconocimiento económico por parte de las administraciones, aunque muchos ganaderos consideran que llega tarde y se queda corto.

En la Sierra Norte de Madrid, Laura Martínez guía a su ganado por zonas estratégicas próximas a Bustarviejo. Allí, sus animales pastan en áreas diseñadas como cortafuegos naturales, reduciendo la acumulación de matorral. Por este trabajo, recibe alrededor de 5.000 euros al año. No lo ve como una solución, sino como un pequeño apoyo. A su juicio, el ahorro que genera su actividad para las arcas públicas es muy superior a lo que percibe.

Una herramienta natural contra el fuego

El principio es sencillo: donde pasta el ganado, hay menos biomasa disponible para arder. Pero detrás de esa idea hay una gestión compleja. Martínez y su pareja dirigen una explotación que combina distintos tipos de animales —cabras, ovejas y vacuno— precisamente porque cada uno actúa sobre una capa distinta de la vegetación. Esa diversidad permite una limpieza más completa del monte.

Además, aplican rotaciones para evitar el sobrepastoreo y favorecer la regeneración del suelo. No se trata solo de prevenir incendios, sino de mantener ecosistemas funcionales. En total, manejan unas 350 hectáreas, de las cuales una parte está incluida en programas públicos de mantenimiento de cortafuegos.

Pagos que no siguen el ritmo

Este tipo de iniciativas no son nuevas. Andalucía fue pionera al poner en marcha en 2007 un sistema de compensación por el pastoreo en áreas cortafuegos. Desde entonces, el modelo se ha replicado en otras regiones, con pagos que suelen situarse entre los 40 y los 130 euros por hectárea, dependiendo de factores como la dificultad del terreno.

Sin embargo, las cuantías apenas han evolucionado con el tiempo. Para muchos profesionales, ese estancamiento resulta difícil de entender, sobre todo teniendo en cuenta que el coste de los trabajos forestales mecanizados ha aumentado. La ganadería extensiva, en comparación, sigue siendo una alternativa más barata y sostenible.

Un sector con margen de crecimiento

Hoy en día, solo unos pocos cientos de pastores participan en estos programas, pese a que el potencial es mucho mayor. Con más recursos, podrían incorporarse miles de explotaciones adicionales, ampliando significativamente la superficie gestionada de forma preventiva.

El problema no es únicamente presupuestario. También influyen las dificultades para acceder a pastos, la burocracia o la falta de relevo generacional. Aun así, quienes están en el terreno insisten en que estas ayudas pueden marcar la diferencia entre continuar o abandonar la actividad.

Más barato que apagar incendios

La comparación económica es contundente. Diversos expertos coinciden en que invertir en prevención mediante pastoreo puede resultar entre diez y quince veces más económico que afrontar la extinción de grandes incendios. Aun así, la mayor parte de los recursos sigue destinándose a actuar cuando el fuego ya está en marcha.

Para los ganaderos, este enfoque debería invertirse. Mantener el monte limpio de forma constante no solo reduce el riesgo, sino que limita la intensidad de los incendios cuando se producen, facilitando su control.

Más que prevención

El papel de estos rebaños va más allá de evitar fuegos. Su actividad contribuye a conservar paisajes tradicionales, favorece la biodiversidad y ayuda a sostener economías rurales en declive. En algunas comunidades, incluso se están desarrollando sellos para identificar productos procedentes de explotaciones que participan en la gestión del territorio.

A pesar de ello, el reconocimiento económico sigue siendo limitado. Muchos profesionales reclaman que se valore su trabajo no como una ayuda puntual, sino como un servicio ambiental esencial.

En el fondo, la cuestión es de prioridades. Apostar por la ganadería extensiva como herramienta de gestión del territorio implica asumir que el cuidado del monte no puede depender únicamente de intervenciones puntuales o de emergencias estivales. Requiere continuidad, inversión y una mirada a largo plazo. Y, sobre todo, reconocer que, en muchos casos, la solución más eficaz ya está sobre el terreno, caminando a cuatro patas.

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