Laure, arquitecta del Estado durante 30 años, lo dejó todo para vivir de la artesanía: "Llevo seis años viviendo mi mejor vida"
Cambió despachos y proyectos urbanísticos por ovillos de lana y talleres.

Hay quienes pasan toda una vida soñando con dedicarse a lo que realmente les hace felices, pero no todos se atreven a dar el paso. Cambiar de rumbo nunca es fácil, sobre todo cuando se deja atrás una carrera estable construida durante años. Sin embargo, a veces basta con escuchar esa inquietud que lleva tanto tiempo esperando para descubrir que empezar de nuevo puede ser la mejor decisión de todas.
Eso fue precisamente lo que hizo Laure Vie que, tras pasar 30 años como arquitecta del Estado en Francia, con una trayectoria ligada al urbanismo, la vivienda y la administración pública, decidió dejar atrás la seguridad de su profesión para dedicarse por completo a la artesanía, una pasión que la había acompañado desde niña. Cambió despachos, reuniones y proyectos urbanísticos por ovillos de lana, muebles antiguos y talleres de creación artesanal.
Desde su casa de Gardouch, en el sur de Francia, asegura que no cambiaría su decisión por nada "Llevo seis años viviendo mi mejor vida", asegura en declaraciones recogidas por Actu.fr. Entre piezas de ganchillo, marquetería de paja, restauración de muebles, acolchados, bordados y objetos decorativos hechos a mano, Laure ha transformado su hogar en un taller permanente desde el que también impulsa su propio negocio artesanal, abierto en 2021.
“No me arrepiento de nada”
La pasión por crear la acompaña desde la infancia. Siempre sintió una fuerte atracción por las disciplinas artísticas, desde la danza hasta la música, aunque las expectativas familiares la llevaron a escoger una profesión más estable. Tras graduarse en bachillerato, eligió arquitectura. "Fue un buen término medio entre las expectativas de mis padres y mi atracción por las artes", recuerda, mientras cuenta que fue entonces cuando inició una larga trayectoria en la administración pública francesa.
Durante esos 30 años ocupó diferentes responsabilidades en organismos públicos. Aunque disfrutaba de su profesión, nunca abandonó su faceta creativa. Con el paso del tiempo empezó a imaginar una segunda vida dedicada por completo a las artes manuales. En 2020, coincidiendo con la jubilación de su pareja, decidió abandonar la seguridad de la función pública para convertir su afición en su modo de vida.
Hoy dedica sus jornadas a diseñar y fabricar piezas únicas, muchas de ellas elaboradas con materiales recuperados a los que da una segunda oportunidad. “No me arrepiento de nada. Si hoy puedo vivir mi pasión, también es gracias a los treinta años que la precedieron”, concluye, orgullosa del camino recorrido y convencida de que nunca es tarde para empezar de nuevo cuando se trata de hacer aquello que realmente te hace feliz.
