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La rebelión interna que sacude a Palantir, la tecnológica favorita de Trump: "Mi cliente es un hospital infantil: ¿cómo voy a explicarles esto?"

La rebelión interna que sacude a Palantir, la tecnológica favorita de Trump: "Mi cliente es un hospital infantil: ¿cómo voy a explicarles esto?"

La compañía empieza a ver un éxodo de trabajadores: los discursos de su dirección y su afinidad con Trump hace que la plantilla tema ser estigmatizada.

Alex Karp, CEO de Palantir, en un plató de televisión y una imagen de una cámara de vigilancia de Palantir fabricada con cartones por un grupo de manifestantes
Alex Karp, CEO de Palantir, en un plató de televisión y una imagen de una cámara de vigilancia de Palantir fabricada con cartones por un grupo de manifestantesRoy Rochlin, Craig Stennett/Getty Images

En enero de este año un agente del ICE estadounidense disparó a bocajarro contra una mujer que estaba al volante de su coche, parada. El asesinato de Renée Good en Minneapolis causó conmoción en todo el país y en buena parte del planeta. Una semana después, uno de los responsables de la imagen pública de la empresa tecnológica Palantir publicó un inquietante vídeo en su perfil en X, la red antes conocida como Twitter.

Hoy ese mismo responsable está compartiendo también en su perfil los nuevos polos y chaquetas que la marca está lanzando con su logo. El contenido es ostensiblemente distinto a aquel vídeo (generado con inteligencia artificial) que subió apenas unos días después de la muerte de Good. El logo de Palantir con motivos sectarios, crucifijos ensangrentados, ojos vigilantes y todo en una atmosfera opresiva y amenazante.

¿Por qué este cambio de tono? Palantir se ha convertido en el enemigo público número uno del planeta. Un grupo de países europeos al que recientemente se ha sumado España ha anunciado vetos en sus licitaciones a esta compañía. Es, a fin de cuentas, la tecnológica favorita de Trump. Su tecnología asiste a las fuerzas represivas estadounidenses, en particular a las redadas antiinmigración del ICE.

Y estaban orgullosos de ello: Palantir publicó hace unos meses un inquietante manifiesto también a través de las redes que buena parte del planeta interpretó como un escrito abiertamente tecnofascista. Hace apenas unas semanas volvieron a la carga con un listado de principios sobre la importancia de la "soberanía en la inteligencia artificial". "La soberanía dicta el futuro de tu organización".

Pero ahora medios como el Financial Times explican lo que es un secreto a voces: la compañía que dirige Alex Karp como CEO se enfrenta a su crisis reputacional más grave de la historia. No solo están alejando clientes (sin ir más lejos, esos países europeos que no quieren hacer negocios con ellos): la cercanía de Karp, Palantir y Trump está incomodando incluso a algunos accionistas.

El fondo soberano noruego (uno de los más grandes del planeta) no ha reducido su participación en la tecnológica, pero sí ha elevado preguntas y exigido más transparencia para saber cuándo las soluciones que ofrece la compañía pudiesen estar coligiendo con derechos fundamentales (o humanos) en alguna jurisdicción. El fondo de pensiones de Países Bajos vendió en abril 825 millones en acciones de la firma.

Dentro dicen basta: "Trabajar en Palantir en 2026 ya es una declaración política"

  Cartel contra Palantir durante una protesta en 2025.Anadolu via Getty Images

Pero los problemas de Palantir no solo son externos. Toda empresa debe tener bien atendidos a sus stakeholders, a sus grupos de interés, y ahí no entran solo consumidores, socios estratégicos o inversores: también están los trabajadores. Cuando el jefe de Engagement de Palantir publicó aquel vídeo en redes días después del asesinato de Renée Good fue como si estallara una bomba anímica en el seno de la compañía.

"Fue todo un colapso interno", reconocía un extrabajador anónimo en un reciente reportaje del Financial Times. "Había compañeros que recordaban que su cliente era un hospital infantil, ¿qué les iba a decir?". La cabecera da cuenta del goteo de salidas de la compañía y de que la inestabilidad se apoderó de ella después de que Alex Karp empezara a entrometerse con cada vez más cuestiones políticas.

El CEO de Palantir es un exdemócrata que votó a Hillary Clinton. Pero también es un seguidor acérrimo y convencido del movimiento Make America Great Again. Donó un millón de dólares a la última campaña de Donald Trump, que le devolvió al Despacho Oval en 2024. Es, en definitiva, un tipo que ha convertido una compañía tecnológica estadounidense en un oasis republicano.

Y eso está provocando una auténtica rebelión interna. La tecnológica sigue siendo un imán capaz de retener talento, pero es relevante remarcar que más de medio centenar de ingenieros se han marchado a otras firmas como OpenAI. Es relevante no por el número, sino por la antigüedad de los empleados. Una de las características de Palantir es que despliega a ingenieros "sobre el terreno". No le importa manchar botas.

Precisamente uno de esos "ingenieros sobre el terreno" que trabaja para Palantir concede al periódico británico una observación: "El éxodo de personal con antigüedad es considerable". Otro, este extrabajador, corrobora: "Trabajar en Palantir es como morir lentamente". ¿Por qué? Porque los problemas también llegan de fuera: trabajar en Palantir ya no es una línea de la que enorgullecerse en el currículum. Empieza a dar vergüenza.

"Todo el mundo del sector te lo ponen complicado si tu trabajo está en la empresa tecnológica favorita de Trump cuando en LinkedIn tienes decenas de ofertas de competidores". Palantir asegura que estos problemas para retener el talento son infundados, pero otras voces hablan incluso de cómo algunos trabajadores de la firma tienen problemas para relacionarse con sus vecinos o para encontrar pareja". 

"En 2026, si decides trabajar en Palantir es porque estás manifestando abiertamente una postura política". "Es el sitio predilecto para trabajar si eres republicano y estás en el sector tecnológico", concluye.

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Redactor SEO editorial en El HuffPost. Periodista curtido en redacciones de Málaga, Ceuta y Madrid. Graduado en Periodismo en la UMA, con máster en la Complutense de Madrid. Aprendí de economía en Bolsamanía, fui jefe de Política en Business Insider y coordinador de Actualidad en Difoosion y La Razón. Gané un premio por escribir sobre ciberseguridad. También he colaborado con Artículo14, Público, El Confidencial, El Español, o elDiario.es, entre otros.

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